Francia afronta una nueva señal de alarma en los mercados financieros que puede contagiar al resto de Europa. La rentabilidad de su bono soberano a diez años es del 5%, un nivel que no alcanzaba desde julio de 2002, mientras que la prima de riesgo frente a Alemania ha rebasado los 170 puntos básicos, hasta situarse en máximos desde noviembre de 2011. Este repunte refleja la creciente desconfianza de los inversores ante la situación fiscal y política del país, en un momento en que el Gobierno necesita avanzar en el ajuste de las cuentas públicas.
En concreto, el interés exigido a la deuda francesa en el mercado secundario ha llegado al 5,1415%, lo que ha elevado el diferencial frente al bono alemán equivalente hasta los 175 puntos básicos. Este movimiento encarece la financiación del Estado francés y amenaza con trasladar una mayor presión al conjunto de la economía, desde el presupuesto público hasta el crédito que reciben las empresas y los hogares.
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La escalada se produce en un contexto especialmente delicado. A la subida de los precios del petróleo y a las preocupaciones inflacionistas se suman los disturbios registrados durante el fin de semana, la incertidumbre sobre la capacidad del Gobierno para sacar adelante las medidas de consolidación fiscal y la expectativa de una decisión de Moody’s sobre la solvencia de la deuda francesa. Los inversores temen que la inestabilidad política dificulte la aprobación de los ajustes necesarios para contener el déficit.
Riesgo de contagio
La situación de Francia supone un riesgo para el resto de Europa, ya que las dudas sobre el país galo pueden llevar a los inversores a “exigir más rentabilidad a otros países endeudados”, advierte Manuel Pinto, analista de XTB. El experto también señala que “el contagio podría trasladarse también a bancos y empresas mediante mayores costes de financiación y pérdidas de valor en sus carteras de bonos”. Los analistas de Renta 4 Banco, por su parte, apuntan que este contagio ya se ha producido en los bonos de Italia y Bélgica.
No obstante, Pinto reconoce que volver a niveles de prima de riesgo como los registrados en 2011 no significa que Europa esté reproduciendo exactamente aquella crisis. “Ahora existen mecanismos de protección más sólidos y Francia no presenta las mismas tensiones bancarias que caracterizaron algunos de los episodios anteriores”, explica el analista.
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En la misma línea se ha pronunciado la consejera delegada de Bankinter, Gloria Ortiz, que ha descartado que la situación actual de la deuda pública francesa sea preocupante: “Estamos lejos de la situación de la crisis financiera de deuda. Francia es un país con una capacidad crediticia enorme; la situación se reconducirá cuando este periodo de transición política acabe. Estamos convencidos de que no habrá problemas en la deuda pública europea más allá de que estamos en un momento volátil”, ha precisado la directiva. Aun así, ha reconocido que la volatilidad actual puede provocar un aumento de las primas de riesgo de determinados países.
La prima española se contiene
El caso de España es distinto al de Francia. Nuestro país parte de una posición económica más favorable, pero, a juicio de Pinto, debería aprovecharla para reforzar sus cuentas públicas y mejorar su capacidad de respuesta ante un eventual deterioro de la actividad.
“Crecer facilita la recaudación y puede reducir la deuda en relación con el PIB; convertir esa mejora en nuevas obligaciones permanentes, sin asegurar su financiación futura, limitaría la capacidad de respuesta ante una desaceleración”, señala el analista de XTB.
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También Gloria Ortiz ha defendido que la deuda pública española mantiene una prima “muy contenida, por debajo de la francesa e italiana”. Al cierre de los mercados de este jueves, la rentabilidad del bono soberano español a diez años se situó en el 4,051%, por debajo del 4,081% registrado al cierre del miércoles. La prima de riesgo española quedó en 67,33 puntos básicos, muy por debajo de los aproximadamente 171 puntos de la francesa.
Sin alternativas para ‘comprar’ la paz social
Además del encarecimiento de la financiación, Francia afronta un problema presupuestario. El Gobierno de Emmanuel Macron dispone de poco margen para responder a las tensiones sociales mediante un aumento del gasto o una reducción de impuestos, mientras que la fragmentación política complica la aprobación de los ajustes necesarios. El país corre así el riesgo de quedar atrapado entre la necesidad de reducir el déficit y la presión para contener el malestar de los ciudadanos, sin suficiente margen fiscal para ‘comprar’ la paz social.
El aumento de la deuda puede alimentar esta dinámica. Charlotte de Montpellier, analista para Francia y Suiza de ING Research, considera que la subida de las rentabilidades refleja tanto las dudas sobre la capacidad de cualquier futuro Gobierno para aprobar reformas y medidas de ahorro como la creciente preocupación por las perspectivas económicas. “Esto crea un círculo vicioso”, sostiene la analista. Defiende que unas condiciones financieras más duras elevan el coste del crédito y debilitan unas previsiones de crecimiento que ya son reducidas.
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La evolución de la deuda francesa se convierte así en una prueba para la estabilidad económica y política del país. Si el encarecimiento de la financiación se prolonga, el Gobierno tendrá más dificultades para contener el déficit y sostener la actividad económica.
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