Ni pulseras ni ultrasonidos: esto es lo que realmente funciona para evitar las picaduras de mosquito

Las investigaciones científicas afirman que las soluciones alternativas no son eficaces o resultan contraproducentes

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Imagen de un mosquito, viviendo felizmente su vida. (Junta de Andalucía)

Con el verano, llegan muchas cosas que aparentemente esperamos durante el resto del año: las olas de calor asfixiante, las calles rebosantes de turistas, las vacaciones de los niños y los restaurantes y hoteles con los precios disparados. Pero también llega algo menos agradable: los mosquitos.

Frente a una ‘amenaza’ creciente por el avance del cambio climático, que facilita su expansión y la de enfermedades tropicales hacia países cada vez más templados como España, las personas buscan métodos eficaces contra ellos, y muchas empresas se han aprovechado de esta tendencia. Por eso proliferan las soluciones ‘mágicas’ —como pulseras, ultrasonidos o velas de citronela— que han demostrado ser ineficaces en los estudios científicos y no deben considerarse soluciones reales para la protección personal.

Así, aceites como el de citronela, como destaca en un reportaje el medio científico SINC, pierden rápido su efecto, mientras que el PMD —derivado del eucalipto limón— ofrece una protección limitada. Además, las investigaciones sobre la eficacia de las pulseras arrojan resultados pobres: en el mejor de los casos, una pulsera impregnada con DEET (el repelente de mosquitos más popular) solo reduce las picaduras en el brazo donde se lleva puesta. Los brazaletes con extractos vegetales no tienen ningún beneficio.

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Respecto a los dispositivos electrónicos, un estudio de la Universidad Estatal de Nuevo México, en Estados Unidos, concluye que “no tienen ningún efecto en prevenir las picaduras”. Cualquier sistema que pretenda espantar mosquitos con sonido, según los investigadores, es “el equivalente moderno del aceite de serpiente”.

Los repelentes que sí son eficaces

Al final, el repelente más eficaz es el de toda la vida. El DEET, desarrollado tras la Segunda Guerra Mundial y autorizado para uso civil en 1957, sigue siendo la referencia mundial, “el más eficaz y el más barato”, resume Claudio Lazzari, biólogo de la Universidad de Tours y la Universidad de Buenos Aires en diálogo con SINC.

Las fórmulas con mayor concentración de DEET se recomiendan especialmente en regiones de alto riesgo de malaria. Sin embargo, su textura aceitosa y su capacidad para disolver plásticos representan una desventaja significativa para el uso cotidiano.

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En concentraciones muy elevadas, además, puede ser tóxico y causar reacciones alérgicas. La reticencia hacia el uso de un producto tan químico es justo lo que llevó a la búsqueda de soluciones alternativas. Pero el problema es que las alternativas no funcionan. Sin embargo, otra opción que sí es útil es la picaridina o icaridina, sintetizada en los años 80 por Bayer, el único competidor que iguala la protección del DEET sin dejar sensación grasa y sin dañar plásticos.

Más allá de los repelentes tópicos, las barreras físicas como mosquiteras o redes impregnadas de insecticidas son esenciales en zonas de riesgo sanitario. La Organización Mundial de la Salud también recomienda los “emanadores o repelentes espaciales”, que dispersan insecticidas en el aire.

En contextos donde la amenaza es solo la molestia, los insecticidas tradicionales y difusores eléctricos siguen siendo útiles. Sin embargo, productos como las lámparas ultravioletas resultan contraproducentes: apenas atraen a estos insectos, pero sí matan a otros beneficiosos como las polillas.