El Servicio Geológico Colombiano explicó que Colombia registra sismos en distintas regiones por la interacción permanente de las placas tectónicas de Nazca, Sudamericana y Caribe, una condición geológica que impide concentrar la actividad en un único punto del país.
Las placas tectónicas son grandes bloques de la superficie terrestre que se desplazan de forma continua. Aunque ese movimiento es lento, el contacto entre ellas puede acumular energía en el interior de la Tierra y liberarla luego en forma de temblores.
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La actividad reciente en Chaparral, Tolima, mostró esa dinámica: desde la madrugada del domingo 20 de septiembre comenzó una secuencia en la que la Red Sismológica Nacional registró más de 200 eventos. De ellos, 10 superaron la magnitud cuatro y el mayor alcanzó 4,2, según informó Mónica Arcila, directora de Geoamenazas del Servicio Geológico Colombiano, en La Luciérnaga de Caracol Radio.
Tres placas y una actividad distribuida en el territorio
La interacción entre las placas de Nazca, Sudamericana y Caribe genera movimientos en gran parte del territorio nacional, indicó el Servicio Geológico Colombiano. Por esa razón, los temblores pueden sentirse en diferentes departamentos y su magnitud depende de los procesos geológicos que ocurren bajo la superficie.
El organismo recordó que el país es sísmicamente activo: “Recuerden que Colombia es un país sísmicamente activo”. Los movimientos de las placas no siempre son percibidos por la población, pero continúan incluso cuando no se registran sismos sentidos.
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Los eventos de Chaparral fueron superficiales, con profundidades menores a 30 km, lo que explica que las comunidades cercanas a los epicentros los hayan sentido de manera amplia. La secuencia se produjo en una zona donde el subsuelo permanece sometido a tensiones y reacomodamientos.
Arcila planteó como una de las hipótesis que los sismos estén vinculados con el terremoto del 10 de agosto de 2026. “Después de un sismo grande hay una transferencia de esfuerzos; las rocas y las placas requieren reacomodarse”, señaló la directora de Geoamenazas.
La experta explicó que los sismos registrados en Chocó y Tolima se relacionan con procesos que ocurren en placas distintas, aunque dentro del mismo entorno tectónico: “El sismo del 10 de agosto se originó en una placa tectónica, un bloque de la corteza oceánica que se está metiendo debajo del occidente de Colombia, de Sudamérica. Y la sismicidad que hemos registrado tanto en el Chocó como ahora en el Tolima se está produciendo en la placa superior, o sea, en donde está Colombia, que está encima de la placa que rompió el 10 de agosto”.
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La posibilidad de que un movimiento influya sobre otra zona depende de la distancia entre las estructuras geológicas. “Si están lo suficientemente cerca, pues van a caer varias o pues, si ya está el espaciamiento entre ellas, pues es lo suficientemente amplio, pues no lo alcanzará a afectar”, agregó Arcila.
El Niño, las lluvias y el calor sin relación con los sismos
Las sequías, las lluvias consecutivas y el calor extremo asociados con el fenómeno de El Niño no provocan temblores ni permiten anticiparlos. La directora de Geoamenazas del SGC descartó esa creencia, extendida en algunas regiones del país: “Eso hace parte como de los mitos y en muchas de nuestras regiones se suele asociar que cuando hay calor extremo, pues es porque va a temblar”.
Los sismos responden a procesos internos del planeta, desde la corteza hacia el interior terrestre. El Niño, en cambio, pertenece a la dinámica de la atmósfera, situada sobre la superficie, por lo que no existe una correlación que permita vincular ambos fenómenos.
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“Entonces no hay ninguna correlación que nos permita hacer esa inferencia y se queda en eso, en historias y en creencias populares”, afirmó Arcila. Colombia se encuentra en la esquina noroccidental de Sudamérica, una ubicación donde confluyen varias placas y se producen movimientos sísmicos a diario.
Los temblores no pueden predecirse ni evitarse. El Servicio Geológico Colombiano mantiene el monitoreo de la actividad nacional para identificar nuevos eventos y comunicar los cambios relevantes a la población.
La preparación debe concentrarse en reducir vulnerabilidades dentro de viviendas y otros espacios habitados, sostuvo Arcila: “Los sismos, no hay forma después de contenerlos, de evitar que sucedan, lo que necesitamos es prepararnos muy bien y prepararnos desde ver cómo logramos reducir nuestras vulnerabilidades, cómo podemos hacer algunas mejoras en nuestras viviendas, en nuestros sitios para buscar que las cosas que puedan caer, que puedan fallar en caso de un movimiento fuerte, no nos lesionen o no pongan en riesgo la vida”.
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