El presidente Gustavo Petro cerrará su mandato el viernes 7 de agosto con una aprobación de 39,4% y una desaprobación que en julio llegó a 57,5%, una curva que, según el seguimiento mensual de CB Global Data, se mantuvo desfavorable durante todo su gobierno y terminó condicionando el panorama del oficialismo en la sucesión presidencial.
El dato final lo ubicó en el puesto 12 entre 18 mandatarios latinoamericanos medidos por la consultora. En ese mismo corte de julio de 2026, Javier Milei quedó en el lugar 14 con 36,8% de aprobación y 61,3% de desaprobación, mientras Nayib Bukele cerró con 67,4% de imagen positiva frente a 28,3% de negativa.
Cristian Buttié, director de CB Global Data, resumió así el comportamiento de la serie: “Nunca vimos a Petro con más del 50% de aprobación”, dijo a Semana. Esa dinámica, de acuerdo con el consultor, dejó al mandatario con un saldo adverso permanente entre quienes respaldaban y rechazaban su gestión.
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La medición mensual mostró que Petro pasó buena parte de su cuatrienio en posiciones intermedias y bajas del listado regional. Al comienzo aparecía a veces en el puesto siete y otras en el ocho, pero desde febrero de este año cayó a lugares como el 12 o el 14, en medio de un clima electoral que agravó su calificación.
Buttié explicó que Colombia no fue un caso aislado dentro de América Latina, aunque sí uno de los países con desaprobación más estable hacia su jefe de Estado.
En su lectura, otros gobernantes lograron recuperarse después de momentos de crisis, pero el mandatario colombiano no revirtió ese patrón y con frecuencia quedó en la mitad inferior de la tabla.
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El director de la consultora atribuyó parte de ese desgaste a las posiciones asumidas por Petro frente a ciertos dirigentes y gobiernos. Mencionó sus posturas críticas hacia figuras como Donald Trump y también su cercanía con administraciones como las de Venezuela, encabezada por Nicolás Maduro, o Cuba.
“Colombia no fue un caso aislado, pero sí uno de los más estables en su desaprobación”, dijo Buttié. Luego añadió que ese proceso fue generando “una necesidad de cambiar”.
La lectura política de la consultora es que la imagen del presidente se convirtió en un límite para la continuidad de su sector. Buttié sostuvo que el gobierno conservó una base de apoyo leal, pero no consiguió ampliarla hacia los votantes de centro.
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“Petro logró estar entre los seis peores presidentes y se va en este puesto doce, con más desaprobación que aprobación, pero nos daba el indicador de que iba a ser muy difícil para Iván Cepeda, quien terminó siendo el candidato del oficialismo, poder perforar en una masa de electores en Colombia que ya definían al petrismo y al oficialismo como su mal mayor”, afirmó el consultor.
En esa misma línea, señaló que cuando la consultora observaba un techo electoral consolidado, advertía la posibilidad de que otro dirigente capitalizara el desencanto y llegara con opciones concretas a una segunda vuelta. Ese desgaste, según el analista, influyó en el resultado electoral que antecede al relevo en la Casa de Nariño.
Después de Petro, el grupo de mandatarios con mayor desgaste político en la medición de julio quedó integrado por Yamandú Orsi, Javier Milei, José Raúl Mulino, Bernardo Arévalo, José María Balcázar y Delcy Rodríguez. Esta última cerró el listado con 22,7% de aprobación y 70,8% de imagen negativa.
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Abelardo de la Espriella comenzará con una aprobación superior al 50%
Buttié también anticipó que Abelardo de la Espriella, quien asumirá la Presidencia el 7 de agosto, iniciará su mandato con una base de confianza más alta que la que tuvo Petro. Según explicó, la consultora ya cuenta con una medición de imagen del dirigente surgida del proceso electoral.
“Va a arrancar mejor que Gustavo Petro. Nunca tuvimos a Gustavo Petro por encima del 50% de aprobación, como sí arranca Abelardo, y eso es un dato porque es una cuota de confianza que claramente le está depositando el colombiano”, sostuvo.
Para el consultor, ese punto de partida no elimina el principal desafío del nuevo gobierno: administrar un país profundamente polarizado. Su conclusión fue que De la Espriella deberá gobernar, perforar techos y acercar sectores, con el telón de fondo del desgaste acumulado por la administración saliente y del recuerdo todavía fresco del gobierno que termina.
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