El libro surrealista en el MoMA: arte, erotismo, clandestinidad y resistencia al fascismo

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Sarah Yáñez-Richards

Nueva York, 30 sep (EFE).- Una exposición repleta de libros donde las páginas no son meros soportes de lectura, sino campos de pruebas para ideas transgresoras, laboratorios de experimentación plástica y la vía por la que los artistas surrealistas difundieron sus postulados revolucionarios por el mundo.

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El Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) presentó este miércoles a la prensa 'The Surrealist Book: Tomorrow Lives in Mirrors' (El libro surrealista: El mañana vive en los espejos), una muestra que reivindica el libro como una obra de arte inmersiva que, al abrirse, se transforma en un portal directo hacia lo maravilloso, lo irracional y lo inesperado.

Grandes figuras como Salvador Dalí, Max Ernst o Joan Miró compartieron la certeza de que el libro era un medio tan esencial e irrenunciable como la pintura, la escultura o la fotografía.

La colaboración interdisciplinar se encuentra en las salas del tercer piso del museo, cuyas paredes están intervenidas por versos y poemas que dialogan con las vitrinas repletas de libros.

Para Jodi Hauptman, una de las curadoras de la muestra, el espíritu de la exposición encarna la filosofía del "cadáver exquisito", el célebre juego en el que varios creadores dibujaban o escribían por turnos doblando el papel para dejar ver solo un fragmento a la siguiente persona hasta revelar una criatura insólita.

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"A los surrealistas les fascinaba colaborar porque cuando trabajas solo tienes un plan y lo ejecutas, pero cuando trabajas con otros surge algo enteramente nuevo", destaca a EFE la curadora y comisaria jefe de Dibujos y Grabados del MoMA.

Frente al mito tradicional del genio artístico heroico e individual, la exhibición resalta el libro como una plataforma comunitaria donde convergen codo a codo poetas, pintores, tipógrafos, impresores, distribuidores y maestros encuadernadores

A lo largo del recorrido destacan "los libros-objeto", aquellas obras que gracias a colaboraciones con encuadernadores se transformaron en esculturas que pueden exhibirse sobre pedestales.

"Algunos de los libros de la muestra son casi como una escultura. Hay un libro que tiene arena dentro y si le das la vuelta es como un reloj de arena", explica Hauptman, quien indica que otras portadas incluyen espejos, caballitos de mar o incluso fósiles.

En el caso del libro 'L'Air de l'eau' (El aire del augia), el encuadernador Georges Hugnet colocó mercurio líquido entre dos placas de vidrio que simulan el fondo del mar con peces .

"Cada vez que lo abres y lo lees, el mercurio se mueve, creando una portada nueva; el lector se vuelve partícipe de la creación. Hugnet leyó la poesía y buscó evocar la temática del agua, el aire y la transformación a través de esa mutación del mercurio", señala Hauptman.

La muestra hace un recorrido cronológico por el movimiento: de 1920 a 1930, con el surgimiento y apogeo del surrealismo; finales de los 30 y década de 1940, era en el que el fascismo en Europa se tradujo en la Segunda Guerra Mundial y los artistas usaron los libros para responder políticamente y difundir sus mensajes; y, por último, la posguerra (décadas de 1950 y 1960), cuando una nueva generación adopta estrategias surrealistas como el collage.

Uno de los ejes de la muestra es "la resistencia política frente al fascismo". Hauptman resalta un conjunto de libros de la artista checa Toyen (Marie Čermínová), quien trabajó en Praga "en condiciones muy difíciles bajo la ocupación nazi".

De uno de los volúmenes de Toyen apenas se conservan seis o siete copias en el mundo, cuatro de las cuales se exhiben en el MoMA, concebidas en la clandestinidad y con técnicas fotográficas caseras.

Según explicó Starr Figura, también curadora de la muestra, para estos artistas el surrealismo no era solo estética, sino un acto de auténtica resistencia política y una vía de escape mental frente a la represión autoritaria y la guerra.

La transgresión temática se manifiesta con igual contundencia en el plano del erotismo y la liberación sexual. Los surrealistas, según Hauptman, recurrieron con frecuencia al desnudo femenino mediante el recorte de material erótico o pornográfico "para romper con lo convencional y liberar el inconsciente y los deseos".

La exposición, complementada con proyecciones inmersivas y pantallas interactivas que permiten hojear digitalmente ejemplares de extrema fragilidad, abrirá formalmente sus puertas al público el 4 de octubre. EFE

(foto)(vídeo)