El prestigioso intelectual Moisés Naím, nacido en Venezuela y con una influencia tan extensa que hasta Marck Zuckerberg se confesó lector de su libro "El Fin del Poder", hizo hoy un esclarecedor análisis sobre el impacto en los países de la "necrofilia ideológica", un fenómeno político al que definió como "un amor ciego por ideas muertas". Uno de los ejemplos más acabados de esa tendencia mundial para Naím es el peronismo, partido y movimiento al que señala como uno de los responsables del subdesarrollo al que fue arrastrado el país.
"El peronismo es otro ejemplo de necrofilia ideológica. Argentina es el único país que, habiendo alcanzado niveles de vida equivalentes a los de países desarrollados, se las arregló para subdesarrollarse. En esa involución tuvo mucho que ver el prolongado entusiasmo nacional por el peronismo en sus diferentes corrientes y momentos. El presidente Juan Domingo Perón fue un virtuoso del populismo que tan común se ha hecho en América Latina y más allá. Prometer lo que de antemano se sabe que no se podrá cumplir o distribuir lo que no hay o despilfarrar ahora lo que se necesitará más adelante son algunas de las características del populismo. Hugo Chávez es el mejor ejemplo de esto en el siglo XXI", destaca Naím.
En su análisis, el intelectual se pregunta "¿Qué es la necrofilia?" y responde: "Las malas ideas persisten, a menudo por la necesidad que tiene una sociedad de creer en un líder de tiempos difíciles". "Todos conocemos a alguien así. Una amiga que, una y otra vez, se enamora de hombres que la maltratan. O el talentoso colega que salta de un empleo a otro porque no logra controlar su propensión a insultar al jefe", alerta el intelectual.
Naím evoca al ensayista H. L. Mencken: "El demagogo es quien predica doctrinas que sabe que son falsas a personas que sabe que son idiotas"
"Sigmund Freud llamó esto la compulsión a la repetición: volver a hacer lo que ya se hizo y que se sabe que da malos resultados. Pero esto no solo le pasa a los individuos. También le sucede a grupos políticos y hasta a naciones enteras, que se entusiasman con líderes cuyas propuestas ya han sido probadas y siempre han terminado mal. La sorpresa es que estas malas ideas, que deberían estar muertas y enterradas, suelen reaparecer periódicamente", indica el analista.
Moisés Naim recuerda que hace años definió al fenómeno político como "necrofilia ideológica", a la que define como "el amor ciego por ideas muertas" y resalta que "esta patología es más común en su vertiente política que en la sexual". El intelecutal desafía: "Encienda su televisión esta noche y le apuesto que verá a algún político apasionadamente enamorado de ideas que ya han sido probadas y han fracasado. O defendiendo creencias cuya falsedad ha quedado demostrada con evidencias incontrovertibles".
Junto al peronismo, Naím incluye también al maoísmo como un buen ejemplo de esto, una doctrinaque "le costó la vida a más de 55 millones de chinos. En 1981 el Partido Comunista Chino emitió su diagnóstico final sobre la gestión de Mao: Cometió errores de enorme magnitud y larga duración [...], y lejos de hacer un análisis acertado de muchos problemas, confundió lo correcto con lo incorrecto y al pueblo con el enemigo. En esto se centra su tragedia. Uno pensaría que esta conclusión debería ser suficiente para que las ideas de Mao se quedaran sin seguidores. Y estaría cometiendo un error: en un sorprendente número de países aún hay agrupaciones políticas que con gran entusiasmo se definen como maoístas".
"Todos los políticos, en todas partes, prometen lo que saben que la gente quiere oír. Es lo normal. Pero los populistas van mucho más allá", recuerda Naím, y luego menciona a Donald Trump, que dio una muestra de "populismo turbocargado", mientras que otro referente de la necrofilia ideológica es "Ted Cruz, el vencedor de las recientes elecciones primarias del Partido Republicano en Iowa".
"El punto es que la necrofilia ideológica aparece en todas las corrientes: en la derecha, la izquierda, los verdes, los secesionistas, los nacionalistas, los defensores del libre mercado, los promotores de más Estado, los partidarios de la austeridad económica y sus detractores", consignó.
"En un mundo tan conectado, informado y donde con solo teclear breves frases en un ordenador se puede llegar a saber todo sobre los efectos de una propuesta económica o política cuando ha sido puesta en práctica, sorprende que la necrofilia ideológica sea aún tan común. Las razones para la persistencia de las malas ideas son muchas, pero quizás la más importante es la necesidad que tiene una sociedad de creer en un líder cuando hay tantos cambios, ansiedad e incertidumbre. Y la disposición de los demagogos a prometer cualquier cosa con tal de obtener y retener el poder".
"En la terrible frase del ensayista H. L. Mencken: El demagogo es quien predica doctrinas que sabe que son falsas a personas que sabe que son idiotas", cierra, de manera categórica, la columna que publicó la versión internacional del diario español El País".
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