"Los números con toda contundencia muestran hoy que nuestra deuda en cesación de pagos ha quedado reestructurada como resultado del proceso de canje. Por sus particulares características en un proceso único y excepcional la reestructuración integral logró la máxima aceptación de los mercados y lo que es más importante se apoya en una racional sustentabilidad interna. Se trata de la remoción de uno de los más importantes obstáculos estructurales que enfrentaba nuestra recuperación". La frase fue dicha por el ex presidente Néstor Kirchner al anunciar los resultados de la reestructuración de deuda finalizada en 2005, ante gobernadores, empresarios y Ejecutivo entero.
Aquel "triunfo", luego de que el mismo Kirchner recordara a los que habían vaticinado el fracaso de la transacción, lejos iba a ser -como él pensaba- el fin de la deuda argentina. Lo que suponía el final de facto, ya que se había conseguido una aceptación del 76% de los acreedores en esa vez, no iba a suceder. Se habían renegociado pasivos por casi u$s82.000 millones. Al mando de la operación no estaba sólo el mismo ex presidente, sino que contaba con Roberto Lavagna y Guillermo Nielsen (ambos ahora en el massismo), quienes encaminaron las tratativas.
En el canje del 2005 se emitieron tres tipos de bonos, en dólares, pesos, euros y en yenes: eran los Discount, Par y Cuasipar (principalmente para compensar a las AFJPs). El 37% del monto de deuda emitido por el canje, fue en moneda local, con cláusula de indexación, a través del denominado Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER) que finalmente fue rescatado por el mismo Gobierno en años posteriores al manipular burdamente las estadísticas del Indec.
Los bonos Par y Discount tenían una quita nominal del 33% y 66% respectivamente. La idea del equipo económico de entonces era patear los pagos de la deuda, luego de canjear los bonos en default por estos nuevos, al 2033 y 2038.
Algo novedoso por ese entonces que introdujo ese equipo económico fueron los denominados cupones PBI. Representaban un compromiso de pago en función del crecimiento del Producto Bruto Interno del país. El pago se realizaba en la medida en que se superara una meta de crecimiento preestablecida (del orden del 3% anual).
La idea del tandem Lavagna-Nielsen era que ese instrumento se entregara de la mano al bono que se utilizaba para canjear la deuda en default. "El incomprendido", como lo bautizó un economista de Wall Street al cupón PBI, no sirvió como incentivo para que los inversores de ese canje eligieran aceptar la oferta argentina. De hecho, en sus esquemas de valuaciones de la oferta que ponía sobre la mesa el Gobierno, lo contabilizaban como "cero".
El plan era asociar el crecimiento argentino a los pagos de la deuda. El cupón rezaba el slogan de "si la economía crece, se comparte esa bonanza con los bonistas". Nadie creyó en realidad. Pero el cupón se transformó no sólo en el instrumento estrella de la city porteña, sino en una carga más que pesada para el Estado.
Desde el 2006 hasta el 2012, el cupón PBI insumió nada menos que u$s10.600 millones que debió pagar el país a los bonistas. En medio del debate sobre si las operaciones de canje fueron un real desendeudamiento del país, el cupón resultó un instrumento demasiado costoso.
El canje de 2005, producto del default de la deuda en 2001/2002, no quitó de la agenda pública el tema de la deuda. Tanto fue así que en 2010 el Gobierno (bajo el mando de Cristina Fernández de Kirchner) lanzó una reapertura (que había sido anunciada en 2008). Buscaban que ingresaran aquellos que no habían querido participar de la primera operación.
En medio de la crisis griega, el equipo económico en 2010 estaba comando por Amado Boudou y Hernán Lorenzino. Más allá de los tropiezos iniciales, lograron un nivel de aceptación del 66,7%. No se consiguió dinero fresco por la transacción, pero en las circunstancias que se dio el canje, el Gobierno evaluó como exitosa la operación en el sentido de "aislar" a los fondos buitres ya que se había logrado (entre el canje de 2005 y el de 2010) una aceptación del 92%.
"En términos conceptuales, a partir de esta operación que junto a la anterior superó 92,5% de los bonos elegibles, se puede cerrar en forma definitiva el tema de los holdouts. Estamos desarrollando estrategias legales para que Argentina quede liberada de esto. Para nosotros, haber demostrado que la gran mayoría aceptó significa que había problemas entre acreedores más agresivos y menos", dijo por ese entonces, un confiado Amado Boudou.
El por entonces ministro pensó que se "podía charlar" con el juez Thomas Griesa la forma de "encapsular" a los fondos buitre. El tiempo demostró que la estrategia, si es que la hubo, para contener a los fondos Elliott, Aurelius, BlueAngel, etc. fracasó.
Si bien con el canje del 2005 (76% de aceptación) y el 16% que le sumó la transacción del 2010, el país quedó en mucha mejor posición, la realidad es que hoy por hoy la Argentina tiene dificultades para conseguir financiamiento barato en un contexto de tasas bajísimas en el mundo.
La deuda pública total del Estado Nacional alcanzó al 42,8% del PBI al cierre del primer semestre del 2014, ubicándose en u$s198.863 millones, según datos oficiales de la secretaría de Finanzas.
El tan mentado "desendeudamiento", a diez años del canje que iba a solucionar todo, quedó en tan sólo un cambio de manos. Los mayores acreedores del Estado Nacional son los organismos públicos, que poseen el 57,8% del total de la Deuda Pública Nacional, destacándose el Banco Central (BCRA), el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES y el Banco de la Nación Argentina (BNA), entre otros.
La deuda con el sector privado se encuentra mayormente en manos de acreedores institucionales e individuales y en menor medida en bancos provinciales y otros organismos del sector público Provincial. Este conjunto asciende al 27,3% de la Deuda Pública Nacional.
En Economía destacan que la reestructuración permitió bajar los ratios deuda/PBI. Al cierre de 2013, alcanza al 187% para Japón, 164% para Grecia, 129% para Portugal, 126% para Italia, 96% para EEUU, 82% para España, 77% para Francia y 50% para Alemania. Por su parte, Brasil tiene un ratio Deuda/PIB del 50% mientras que Colombia (datos al primer semestre de 2013) alcanza valores en torno al 45%.
Lo cierto es que más allá de los números, países como los que nombra el Gobierno con mayor carga de la deuda obtienen financiamiento a menos de la mitad del 9% que pagó Axel Kicillof en la reciente colocación "fantasma" de Bonar 24 en el exterior. En las últimas transacciones salieron a probar suerte países como Colombia, Paraguay, Perú y Uruguay. Las tasas se ubicaron entre el 4,15 y el 5,01 por ciento, con plazos visiblemente más largos, de entre 30 y 35 años.
Eso demuestra que más allá de lo que imaginó el Gobierno, primero con el canje del 2005 y luego con la reapertura del 2010, los problemas de la deuda no terminaron para el país. El último capítulo aún no se ha escrito, y tiene como protagonistas a los fondos buitre y muy posiblemente, al próximo Gobierno que tendrá que cerrar ahí si decididamente ese capítulo de la historia económica.
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