La llegada de un hijo (sea el primero o no) trae aparejado un cambio tan intenso a una familia (Shutterstock)
La llegada de un hijo (sea el primero o no) trae aparejado un cambio tan intenso a una familia (Shutterstock)

Por Paola Florio

"Cuando nació mi primer hijo estaba nervioso y sobre todo muy ansioso, quería estar todo el tiempo con él. Me involucré mucho desde el embarazo, fui a todas las consultas médicas, al curso de preparto, pero lo que más me preocupaba era pensar que a los dos días de su nacimiento tenía que volver a trabajar. No me dejaban tomarme las vacaciones, así que a mi angustia le sumé las pocas horas de sueño, el descubrimiento de este nuevo rol y contener a mi mujer. Exploté, me dolía el cuerpo, lloraba todo el día, comía sin parar, engordé varios kilos, nunca había estado tan sensible en mi vida", cuenta Christian Caccia, un papá primerizo que trabaja en un call center.

La llegada de un hijo (sea el primero o no) trae aparejado un cambio tan intenso a una familia, que impacta no sólo en el cuerpo y las emociones de la mujer, sino también en todas y cada una de las actividades de la vida diaria de ambos, madre y padre.

El huracán

El puerperio es el período que atraviesa la mujer luego del parto, durante el cual acontecen cambios físicos, emocionales, hormonales y metabólicos muy intensos. Por un lado, estos cambios son necesarios para regresar al estado previo al embarazo y crear un estado propicio para la lactancia. Comienza inmediatamente después del parto y se extiende los primeros 40-50 días después del mismo. También puede considerarse puerperio tardío todo el tiempo que dure la lactancia. Una de las características principales son los altibajos emocionales.

Pero, ¿qué pasa con los padres? Según la doctora Fernanda Lage, médica del servicio de Obstetricia del Hospital Italiano, algunos hombres pueden aumentar de peso y padecer trastornos del sueño, debido al estrés que conlleva este período: "Las emociones fluctúan produciendo incertidumbre y al no estar acostumbrados -en algunos casos- a manifestar abiertamente sus sentimientos, pueden padecer depresión postparto al igual que las mujeres. No debemos olvidarnos del rol social que se le asigna al hombre de proveedor material y, por lo tanto, la obligación que tiene de retornar al trabajo a las 48 horas de nacido su hijo. Este es otro factor que influye en el estrés que viven los hombres durante el postparto, sumado a la falta de sueño y a los cuidados del bebé y su mamá".

Es bastante común que entren en crisis con la llegada de un bebé a la familia. El abordaje en pareja es fundamental.
Es bastante común que entren en crisis con la llegada de un bebé a la familia. El abordaje en pareja es fundamental.

El rol del padre

"En el pasado, el hombre se encontraba en un rol pasivo durante todo el proceso del embarazo, parto y postparto; las costumbres y fuertes tradiciones socioculturales le adjudicaron un rol de 'proveedor-protector'. Pero en los últimos tiempos, esto está cambiando y hoy es habitual que concurra y participe activamente de las consultas prenatales y se involucre en los cuidados del recién nacido: desde cambiar un pañal hasta llevarlo al médico o salir a pasear solos con el bolso de maternidad colgando del brazo", explica la doctora.

Esto hace, entonces, que algunos procesos ya dejen de ser exclusivos de las mujeres y sean una etapa de cambios que afectan a la pareja. El puerperio es uno de ellos que, aunque en menor medida, también lo pueden padecer los hombres.

Existen diferentes factores que aumentan el riesgo de depresión masculina antes o después del parto como: tener un comportamiento depresivo previo, una relación problemática entre el padre y la madre, falta de apoyo social, escasa información sobre el embarazo, estrés de género, la sensación de ser controlado por la pareja en cada interacción con el bebé, y una caída en la sexualidad en términos de placer y regularidad -que muchas veces, se viene arrastrando desde el embarazo, por temor o inseguridad, y se extiende la abstinencia aún más en el postparto por la falta de sueño y los cuidados del bebé-.

"Los resultados de los estudios contemporáneos indican que la depresión paterna puede ser un problema importante. Según la evidencia reportada, oscila entre el 5 y el 25 por ciento. Y por lo general, existe una fuerte asociación entre la depresión de uno de los miembros de la pareja y el desarrollo de depresión en el otro", asegura Lage.

Un gran equipo

Lo mejor que le puede pasar a esa pareja es unirse y avanzar en dupla. Si bien hay determinados roles que no se pueden compartir -como el amamantamiento-, el padre puede tener una actividad que sea sólo suya, como por ejemplo el baño del bebé. O en el caso de que el recién nacido tome mamadera, encargarse de la esterilización o la preparación de la leche.

Otro punto fuerte es el diálogo, brindarse mutuamente espacios de escucha, confesar temores y dudas, y poder expresar el cansancio ya que, después de todo, ambos están transitando por lo mismo.

La charla fluida entre los dos permitirá aliviar tensiones y brindará contención mutua. Conversar acerca de lo que sienten, de las expectativas y de las necesidades de cada uno es la base esencial para poder negociar y entablar acuerdos en los que ambos se sientan tenidos en cuenta.

Y, sobre todo, desarrollar la paciencia. Es un proceso que lleva tiempo, los roles son una construcción y se irán definiendo: qué hace la mamá y qué hace el papá en torno a la crianza. Sí es fundamental que ambos tengan un rol protagónico, no es que 'nos ayuda' o 'nos da una mano'; es su responsabilidad. Hay que ir buscando y encontrando la propia manera de paternar a esa criatura. Formar un súper equipo de amor y contención, es la mejor salida familiar.