Para descubrir qué piensan los demás es necesario alejarse de toda esa extensa información que uno posee sobre uno mismo (Getty Images)
Para descubrir qué piensan los demás es necesario alejarse de toda esa extensa información que uno posee sobre uno mismo (Getty Images)

Una de las cuestiones más apremiantes y misteriosas que insaciablemente busca responder el ser humano -como ser egocéntrico- es lo que otras personas piensan de él. Si una cita o compañero de trabajo lo encontró atractivo en la reunión semanal o si un cambio de look causó estragos son situaciones que lo preocupan y por ende gasta grandes cantidades de tiempo y energía mental para resolverlas.

En un estudio publicado por primera vez en marzo de 2010 y discutido nuevamente en Mastermind, un best seller de The New York Times, Nicholas Epley, un científico del comportamiento en la Universidad de Chicago, y Tal Eyal, un psicólogo de la Universidad Ben-Gurion de Israel, revelaron una técnica fascinante para ayudar a adentrarse en la mente de los demás.

El quid del método en cuestión reside en que lo que las personas piensan sobre sí mismas es muy diferente a como piensan sobre los demás. La mayoría tiende a examinarse con un nivel de detalle increíblemente alto, mucho más de cerca que cuando escudriñan las acciones o la apariencia de los demás.

Las personas pueden tener dificultades para intuir lo que otros piensan sobre ellas, al menos en parte, porque se evalúan a sí mismas con más detalles que los observadores. Este desajuste disminuye la precisión en el juicio social. Para una lectura más precisa se requiere de un pensamiento propio a un nivel más alto de interpretación que coincida con la del observador.

"La mirada del otro es fundamental para el sujeto humano. De ella depende para su supervivencia, y a partir de ella constituye su incipiente identidad", advirtió en diálogo con Infobae Diego Luparello, psicoanalista y expresidente del claustro de analistas en formación de la APA.

Una de las herramientas que se pueden utilizar para comparar cómo se evalúa uno mismo con la manera en que lo evalúa a un extraño puede incluir juicios sobre el nivel general del propio atractivo, el atuendo, los gestos, pero no mucho más (Getty Images)
Una de las herramientas que se pueden utilizar para comparar cómo se evalúa uno mismo con la manera en que lo evalúa a un extraño puede incluir juicios sobre el nivel general del propio atractivo, el atuendo, los gestos, pero no mucho más (Getty Images)

Según el doctor Harry Campos Cervera, médico especialista en psiquiatría de la Asociación Psicoanalítica Argentina y psicoanalista en función didáctica, el método plantea un antiguo concepto del psicoanálisis: el narcisismo, es decir el amor al "yo". "En el estadio del espejo, que plantean Lacan y Freud en sus capítulos sobre el narcisismo, esto se constituye en una identificación con el otro", especificó en diálogo con Infobae.

"Cuando el ser humano se enfrenta con una persona -agregó Campos Cervecera- busca defender su imagen, se identifica con esa persona e imagina qué defectos podría verle. Tratando de defender su propia imagen le arrebata la oportunidad al otro de expresar lo que piensa".

Una de las herramientas que se pueden utilizar para comparar cómo se evalúa uno mismo con la manera en que lo evalúa a un extraño puede incluir juicios sobre el nivel general del propio atractivo, el atuendo, los gestos, pero no mucho más.

En gran parte, esto se debe a que todo el mundo cuenta con una gran cantidad de información sobre uno mismo, mucha más que la que tiene sobre otras personas. Conoce cómo se veía su cabello ayer, hace un mes y hace cuatro años. Reconoce si ha subido de peso recientemente o si se ve cansado hoy.

“Somos expertos acerca de nosotros mismos, y los demás no lo son, y eso convierte difícil de entender cómo somos ante los ojos de los demás”, argumentó el científico en el estudio.

La licenciada Rosalía Álvarez, psicoanalista y directora del Departamento de Pareja y Familia de APA, por su parte, advierte que el narcisismo encierra al hombre en su mirada acerca de sí mismo, despreciando la mirada del prójimo. "En las épocas que vivimos pareciera que la comunicación y el interés pasaran por un 'me gusta', y el tiempo y el interés por prestar atención a esa mirada ajena se alejan aún más", enfatizó en diálogo con Infobae. 

Los autores de la investigación aseguran que muchos de los errores que cometen las personas al juzgar cómo las perciben los demás surgen de esta falta de coincidencia (Getty Images)
Los autores de la investigación aseguran que muchos de los errores que cometen las personas al juzgar cómo las perciben los demás surgen de esta falta de coincidencia (Getty Images)

Según los autores de la investigación, muchos de los errores que cometen las personas al juzgar cómo las perciben los demás surgen de esta falta de coincidencia entre el fino nivel de detalle en el que las personas se perciben a sí mismas y la forma más abstracta en que perciben a los demás.

"Como se ve él mismo y como supone que lo ven los demás, ambas cuestiones forman parte de un conflicto interno: cuanto más reniegue de su incompletitud más condicionado quedará a esa ilusoria imagen ideal", agregó Luparello. 

“Lo que la técnica plantea es tratar de liberarse de este prejuicio y dejar que sea el otro quien explique lo que piensa”, sostuvo Campos Cervecera.

Como resultado, según los expertos, la clave para descubrir qué piensan los demás acerca de uno es alejarse de toda esta extensa información que uno posee sobre uno mismo, en esencia, y verse a través de los ojos de un extraño.

Sin embargo, investigaciones anteriores encontraron que el paso del tiempo también contribuye a que las personas puedan analizar su propia apariencia o acciones de forma mucho más abstracta. Si uno observa una foto o un video suyo de ayer, lo juzgaría con dureza. Pero cuando se detiene a mirar una de meses o años atrás, lo evaluaría con una mirada más fresca, más cercana a como lo haría un extraño.

Según uno de los autores de la investigación uno no puede imaginar lo que otras personas piensan simplemente por tratar de hacerlo de la misma manera que una persona rica no puede imaginarse lo que es ser pobre con solo intentarlo (Getty Images)
Según uno de los autores de la investigación uno no puede imaginar lo que otras personas piensan simplemente por tratar de hacerlo de la misma manera que una persona rica no puede imaginarse lo que es ser pobre con solo intentarlo (Getty Images)

La principal conclusión, explican los autores de la investigación, es que los seres humanos no deberían estar tan ansiosos por las circunstancias sociales. "Las otras personas no nos juzgan con el mismo nivel de escrutinio con el que nos juzgamos a nosotros mismos. Al pensar en lo que otros piensan de ti, no te preocupes por las cosas pequeñas, porque otras personas no lo hacen", aseguró Epley.

"Uno es con el otro, y uno es a la vez uno mismo y diferente con cada otro, lo cual pone en relieve las distintas facetas de la identidad, que no es monolítica, sino plástica y variable", advirtió el doctor Juan Eduardo Tesone, psicoanalista y miembro titular de la misma asociación.

Si bien la mirada del otro suele ser un aporte indispensable para el conocimiento de uno mismo, no debería quedar supeditado a esa mirada externa, dado que una dependencia extrema de la mirada del otro lleva a la alienación de sí mismo.

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