El freestyle llegó al Luna Park (Red Bull)
El freestyle llegó al Luna Park (Red Bull)

Uno de los muchos que llenan el salón le da un mordisco a un sanguchito y dice, más bien rapea: "Los sanguchitos están re piolas". Algunos definen por penales un partido del FIFA en la play y se levantan de los sillones ante cada tiro. Otros, la mayoría con remeras anchas y gorra, esperan. Intentan concentrarse. En poco menos de dos horas comenzará "La batalla de los gallos". El día en que el freestyle llegó al Luna Park.

Entre la muchedumbre que forman competidores, mozos, organizadores y periodistas, está Loki con la mirada perdida, de jeans y remera, como ajeno al fenómeno del rap. Loki se interesó por el freestyle después de enloquecer con un video del rapero Porta. Tenía 15 años y entonces no le dio tanta importancia. No fue hasta que se topó con la Red Bull de Oro que se hace en España que improvisó un par de rimas.

Los participantes se baten a duelo y buscan humillar al rival (Red Bull)
Los participantes se baten a duelo y buscan humillar al rival (Red Bull)

La práctica constante lo llevó a la competencia en su Salta natal. "Una base de fondo y rapear, rapear, rapear". No hay otra, dice. Se graba y repasa el video para reconocer si tiene que reforzar la voz, la actitud, el flow. "Trato de no ser simple. De ser un poco rebuscado, metafórico, de combinar distintos temas y no caer en los que se toca siempre en batalla", explica.

Llegó como un tapado desde la regional de Córdoba. Nunca compitió ante tanta gente, las 9 mil personas que coparán el Luna Park. Encima, en primera ronda le tocará ante el gran favorito: Papo, el campeón defensor. Un ida y vuelta bastaría para que el hasta entonces desconocido competidor se ganara el cariño del público. Tanto que después de que el jurado le diera por ganada la batalla a su rival, el chiflido sería unánime.

Entre los pasillos que dividen el escenario de los camarines, hay cuadros. Los diez campeones posan con caras de malo, sabiéndose victoriosos. Sony, entre ellos, quizás el freestyler más conocido por sus apariciones televisivas. Sentado en un sillón que hace las veces de trono cuenta que, cuando arrancó era malísimo. "No sabía rimar un carajo. Ni 'fideos' con 'videos'".

Se preparó para ser el mejor. Estudió técnicas de modulación, vio videos de raperos consagrados, mejoró su voz y el freestyle se transformó en su trabajo. No es de los que practica todo el día porque, para él, ya "es como andar en bicicleta". El fenómeno, antes anclado a las plazas, traspasó cualquier frontera sociocultural en tiempo récord, con sus pros y sus contras.

"Los pibes hoy vienen acompañados con sus padres. Ya se volvió algo familiar, pero el rap tiene su origen en la calle y no se se tiene que perder esa esencia. Se volvió muy 'family friendly' y se olvidaron los códigos del hip hop", opina Sony. El problema no es que los padres acompañen, sino que los raperos transmiten un mensaje vacío que puede transformar al freestyle en una moda pasajera, piensa. "Yo cuando subo al escenario los odio a todos", dice Sony que no tendría su noche y quedaría eliminado en cuartos de final.

El odio es solo cuestión de minutos en el escenario. Antes y después se ríen, comen canapés, toman bebida energizante. El único que prefiere el café es Dozer, que comenzó en el freestyle en 2003, "cuando ni siquiera existía Facebook". Por entonces, no había fechas de competencias, muchos menos eventos masivos. Agarraba videos y los anotaba. Armaba sus rimas como podía. "Ya pegarle a la base en ese momento era un milagro", dice. En la esquina de su casa, en el barrio Don Orione, donde un pibe vendía droga y los raperos no eran bien vistos, tuvo su primera batalla.

Antes nadie valoraba lo que hacía un rapero. "Ahora es como cuando llega la Selección Argentina en un micro. Están todos pendientes de lo que hacés", compara. "Me cuesta admitirlo, pero tengo mis fans, pibes que me siguen. Por un lado, me gusta mucho, pero no quiero perder la esencia amateur", insiste. Es que Youtube transformó al freestyle en un evento masivo y movilizó a esos chicos de las pantallas de sus computadoras a las plazas.

Más tarde, Dozer, uno de los sobrevivientes de la primera generación, perdería en semifinales, pero ahora un joven de 19 años se mentaliza para lo que pasará después. Wos, que empezó en el freestyle a los 14 junto a sus amigos del barrio, algunos de Chacarita, otros de Villa Crespo.

Wos en la final de la competencia (Red Bull)
Wos en la final de la competencia (Red Bull)

Al año siguiente, ya tiraba sus primeras rimas en competencias. Cuando le preguntaron por un nombre, se dio cuenta de que no le pedían el que aparecía en el DNI -Valentín Oliva-, sino un apodo. Entonces recordó sus comienzos como grafitero y no lo dudó: Wos. Tanto pegó el seudónimo que incluso sus amigos hoy lo llaman Wos.

"No me esperaba que creciese tanto la movida. Mucho menos que llegara al Luna Park y yo pudiera competir. La gente veía a la cultura como algo raro, relacionaba a los raperos con la droga o el vandalismo. En algunos eventos éramos 20 personas y en los más grandes, como mucho, 300″, se acuerda. Lo que no sabe, aunque quizás sí presiente, es que en unas horas se convertirá en el nuevo campeón. En el representante argentino en el mundial de México.

"Todos lo que no son gallos afuera", grita uno de los organizadores. En el salón se va a realizar el sorteo del cuadro y solo los competidores pueden estar. Los jóvenes, los más chicos con sus padres, los adolescentes entre amigos, ya vibran en el campo y las gradas del Luna Park. Se apaga la luz. Cuenta regresiva. 3, 2, 1. "Esto se va a re pudrir", se entusiasma uno.

LEA MÁS: