A lo largo de su trayectoria, Bomparola buscó la innovación, lo inédito
A lo largo de su trayectoria, Bomparola buscó la innovación, lo inédito

Por Maia Chacra

Su currículum vitae está signado por la diversidad. No tiene un patrón definido. En su carrera profesional, prácticamente no hay un suceso que conduzca hacia otro. Todo parece ser intuición, interés y, por sobre todo, una puja constante para que la creatividad y el placer se adueñen de cada uno de sus días. Estuvo cerca de integrar una mítica banda de rock de mujeres, mantuvo una relación de casi una década con uno de los empresarios más poderosos del país -40 años mayor- y es íntima amiga de Juliana Awada, la actual primera dama de la Argentina. Se trata de la diseñadora Evangelina Bomparola, quien vivió una suerte de montaña rusa y hoy, después de las eternas subidas y bajadas, se consolidó como una de las diseñadoras más prestigiosas del país.

 

Nacida en el seno de una familia de clase media de la Paternal, encaró varios rumbos en simultáneo y terminó por acomodarse en un ámbito en el que el lujo y el buen gusto mandan. "Yo le huyo al cliché", dice la mujer de 47 años que se regodea por haber buscado la innovación y lo inédito en cada faceta de su vida. Estudió comunicación e historia en la Universidad Católica y la UBA. Su madre le puso el freno al sueño de ser una integrante de la banda Viudas e Hijas de Roque Enroll. Con poco más de 20 años, se puso en pareja con el empresario Franco Macri y su mundo cambió por completo: se sumergió en el jet set internacional y logró relacionarse con presidentes, monarcas y magnates de todo el planeta.

Sin embargo, el crisol de actividades, profesiones, hobbies y partenaires la devolvió a su pasión de la infancia: el diseño de la indumentaria. Ese pasión gestada en la casa de sus abuelos, cuando ella escapaba de la relación tensa entre sus padres, y cuando conoció el tejido y el bordado, dos piezas fundacionales de su éxito.

"A mí me gusta la gente que, además de ser linda, pueda sostener esa belleza con algo. Sino se diluye, es un rato", las palabras resumen el espíritu de Evangelina Bomparola, alguien que, mientras le pasa la vida, nunca termina de conformarse.

 

– ¿Dónde nació tu vocación por el diseño?

Mis abuelos han sido en mi vida los que me permitieron tener una infancia muy feliz y una adolescencia muy placentera. Pasaba con ellos mucho tiempo y ellos eran personas con muy pocas palabras. Mi abuela siempre tenía algo en las manos. Siempre estaba cosiendo, bordando, cortando… Todo lo que ella usaba se lo producía y sabía un montón de ese tema. Entonces, en esos silencios, donde mi abuelo cocinaba riquísimo y siempre había olor a cosas ricas, había música… En esos silencios no te quedaba otra que entrar a participar en ese lenguaje que tenía que ver con hacer algo con las manos: mi abuelo cocinaba, mi abuela cosía y yo imitaba. Esa fue una manera de que me empezara a gustar algo que con el tiempo se transformó en un homenaje a ellos.

– Entonces, ¿la pasión apareció cuando eras bien pequeña?

Siempre, desde muy chica. Por ejemplo, antes los pisos se enceraban y se usaban unos patines de lana tejidos para moverse por la casa. Se tejían con pedacitos de lana que te iban quedando de sweaters que tejías. Entonces empecé a hacerlos al crochet. Te diría que a los 5 años, ya hacía las cadenitas para empezar el trabajo del crochet y después seguía mi abuela para continuar con el trabajo. Después, tenía una tía que estaba muy viejita, tan viejita que parecía un niño. Ella tenía una regresión importante y jugaba mucho conmigo. Ella fue la que me enseñó a dar las primeras puntadas de bordado. Entonces, a mí se me había ocurrido que a los patines se les podía hacer como montañitas de colores, que eran puntada sobre puntada de lana. Eso daba una especie de volumen y quedaban como unos patines al estilo punk, ¡Que estaba muy bueno!

– ¿Luego incursionaste en los medios?

Lo de la comunicación tiene que ver también con eso de que venía de una familia de pocas palabras y necesitaba un lenguaje, poder comunicarme. En realidad, el azar, la inquietud, la necesidad de saber fue lo que me llevó. Yo siempre tuve mucha curiosidad, no por el gossip sino por el saber…esas son las cosas que me quitan el sueño.

En 1998, Bomparola había decidido encaminar su vida de la mano de los medios y el periodismo. La bisagra en su tránsito como comunicadora fue la muerte del empresario Alfredo Yabrán, que la encontró como productora de uno de los noticieros del canal América. La diseñadora reconoció que en ese momento su máximo deseo era escaparse del canal, lo cual le dio la pauta de que los medios no eran lo suyo.

– ¿Te gusta y disfrutás de la lectura?

La literatura me encanta. Es un puntapié que te abre un montón de cosas. Es un canal. Hay escritores que mientras escriben te hacen sentir olores, te trasladan a lugares increíbles y la imaginación se ejercita un montón con eso. La lectura fue un lugar de refugio durante muchos años de mi vida. Ahora me lo desplazan mucho las series y esta necesidad del "brain wash", esto de dedicar 40 minutos e irse a dormir. Pero por ahí, si me entusiasma, el libro me puede llevar a que sean cinco horas despierta.

– Habitualmente citás a Borges, ¿Qué te emparenta con él?

Mi abuelo lo odiaba a Borges. Mi abuelo era peronista. Era un tipo que estaba en la primera hora junto a Perón. Entonces, claro, Borges era como el "gorila anti system", era como el punk. Entonces, en mi afán por seguirlo y respetarlo tanto a mi abuelo, que era muy sabio, a Borges lo descubrí de muy grande. En el colegio tuve un profesor de literatura que había sido alumno de Borges en la Universidad y él me lo hizo descubrir. Yo, al principio, era muy despectiva. En el ámbito que yo crecí, Borges representaba un poco todo ese otro lado muy 'paquete'. Lo descubrí hace poco y me enamore. Me enamoré porque me vuelve loca la erudición. Me parece increíble que un ser humano haya podido incorporar tanto conocimiento y pueda tener tanta memoria para citarlo.

Bomparola junto a su marido y padre de sus dos hijos, el empresario Juan Pons
Bomparola junto a su marido y padre de sus dos hijos, el empresario Juan Pons

Bomparola logró hacerse un lugar sólido entre las primeras marcas internacionales. De hecho, plantó su local en la Avenida Alvear, emblema de la moda porteña, y hasta compartió vereda con un local de la prestigiosa Hèrmes.
– ¿Qué buscan las mujeres en tu local?

Después de 14 años, las clientas ya saben que en mi local hay un estilo marcado. Saben que hay una calidad que nunca vamos a bajar. Lo que siempre digo es que la gente que viene acá, más que nada busca el consejo amigo, buscan el vestido que acompañe su personalidad, que es lo que siempre trato yo de profesar en esto.

– ¿Cómo manejas los momentos en que los clientes te demuestran su devoción?

La verdad, me da mucha vergüenza, tengo muchísimo pudor a eso. A mí me gusta más el detrás de escena. No manejo el rol de la diva, no me sale. Me gusta mas el laburo, ponerle la mano, ponerle el ojo y la cabeza más que poner el cuerpo.

– ¿Y te sentís consagrada por estar rodeada de las mejores marcas mundiales?

A mí me pasa que cuando tengo un logro ya estoy planificando el que sigue. Ya lo disfruté en su momento y ya está. Voy a ser muy sincera porque podría decir cualquier cuento. Tuvimos muchos años donde lo importante era sobrevivir más que crecer. Recién ahora empieza a haber un aire donde hay un contexto determinado que es seguro, pese a que todavía faltan un montón de cosas y no estamos bárbaro. Pero yo puedo tener una planificación, un presupuesto anual, puedo definir y diagramar sin tener que ser un bombero. Los últimos cinco años estuvimos prácticamente trabajando de bomberos.

– En esta nueva etapa del país, ¿sentís que todo se empieza a acomodar en tu rubro?

Yo creo que por lo menos hay una idea. A mí me da una enorme tranquilidad saber que hay gente que está tratando de ordenar todo. Falta un montón, no quiero decir que estamos viviendo en el paraíso, pero el saber que hay cierta planificación me pone muy tranquila. Creo que el caos para los creativos tiene que estar en otro lugar, no puede estar en lo que es la planificación económica porque no sabemos manejar muy bien el dinero, los creativos somos mas volados. Ahora hay como un alivio, se siente que hay alguien que intenta poner las cosas en su lugar.

#JulianaAwada y #KarinaRabolini por #EvangelinaBomparola en #ArgentinaDebate __________

Una foto publicada por Evangelina Bomparola (@ebomparola) el

– ¿Qué debe tener la persona que sea la imagen de tu marca?

A mí me gusta la gente que, además de ser linda, pueda sostener esa belleza con algo. Sino se diluye, es un rato. Es una linda foto y ya. No me da todo lo mismo. En nuestro equipo ya hay gente entrenada para saber quiénes son las personas con las que me gusta trabajar. Además, yo no hago canjes. Puedo tener alguna que otra amiga a la que le puedo prestar algo pero tiene que ver conmigo y mi amistad y no con la necesidad de estar bajo el brillo de algo. Yo no le puedo negar a nadie que se compre ropa en mi tienda..

– Se vio muchas veces a Juliana Awada vestir tu ropa, ¿Cómo es en su rol de clienta?
Yo soy amiga de Juliana hace muchísimos años y ella elige personalmente sus cosas siempre. Las últimas dos veces vino directamente, no mandó a nadie a recoger la ropa. Vino, se probó ropa como cualquiera y pasó por la caja como cualquier cliente. Compartimos la pasión por la moda.

– ¿Hay alguna personalidad en el mundo a la que te gustaría vestir?

Estoy muy fascinada y a mí me gusta muchísimo el trabajo que está haciendo Marina Abramovic, que es una artista serbia que trabaja mucho con la cercanía del cuerpo. Yo le huyo al cliché. No te voy a decir que me gustaría vestir a la que todos buscan. Es como que ya está, a mí me gusta el desafío de trabajar con alguien que no sea tan espectacularmente linda. Tomemos la imagen de Marina Abramovic: ese perfil, esa nariz imperfecta, cómo ella se planta, cómo se para. Hoy me atraen más cosas que tienen que ver con la personalidad que con la belleza. La belleza es una cáscara, es un rato.

El sello de Evangelina Bomparola en la imagen de Karina Rabolini y Juliana Awada, durante el debate presidencial (DyN)
El sello de Evangelina Bomparola en la imagen de Karina Rabolini y Juliana Awada, durante el debate presidencial (DyN)

– ¿Qué es lo que se viene con tu marca?

Estamos trabajando ya con un año de anticipación. Estamos entre desfile o presentación, pero no como las que hicimos siempre, sino que quizás hagamos una performance o alguna cosa no pretenciosa, pero diferente. Estoy un poquito cansada del desfile.

– ¿Y los colores?

Para alguien que se viste siempre de negro, trabajar con colores es fabuloso porque es realmente lúdico. El rojo es un color que siempre está; el negro, por supuesto; hemos logrado que el blanco sea un color de invierno. Me acuerdo de un invierno en el que arrancamos 10 pasadas de las 40 con prendas blancas. Todo el mundo decía "esta mujer enloqueció, adelantó el verano", me criticaron en todos lados. Bueno, al final resultó… y se lo dedicamos con amor

– ¿Y cómo se convive con esas críticas?

A mí, la critica me sirve. Yo, por condición, soy alumna. Vivo aprendiendo. Estoy siempre abierta a quien me pueda hacer una crítica y que eso sirva para poder corregir un determinado error. Ahora, la crítica del eunuco, que te dice cómo, pero no puede… paso de largo. Eso te lo dan los años. Yo he aprendido mucho de la crítica y he corregido muchas cosas. Será que soy muy autoexigente, que busco un nivel muy elevado y que siempre trato de mejorar. Con los años he aprendido a saber a quién escuchar y a quién ignorar.