Pamela David habló con dos especialistas en psiconeuroinfancia sobre la vuelta a clases: “No carguemos a los chicos con la responsabilidad de que pueden contagiar”

En una nueva entrega del ciclo de entrevistas PamLive, las licenciadas Carina Schwindt y Mariana Fernández dieron su mirada sobre la vuelta a las aulas en medio de la pandemia

Pamela David con Mariana Fernández y Carina Schwindt (Video: PamLive)

Después de un año, miles de chicos regresan a las aulas. Con protocolos de seguridad, para evitar la propagación del coronavirus, volvieron a reencontrarse con sus amigos y a estudiar de manera presencial en las escuelas. Si bien algunos comenzaron el ciclo con emoción, a otros los absorbió el miedo y la incertidumbre. En este nuevo capítulo de Pamlive, Pamela David charló Carina Schwindt, psicóloga y neuropsicóloga infantil, y Mariana Fernández, psicóloga y psicopedagoga, precursoras de la psiconeuroinfancia. Y las consultó: desde en nuestro rol de padres, ¿cómo ayudamos a que los chicos se sientan seguros? Y además, ¿cómo hacemos para no transmitirles nuestras inseguridades? También la importancia de estar atentos a su comportamiento y distintos tips para cuando detectamos señales de alerta, tanto para padres como para docentes.

—¿Cuál es el mejor consejo que nos pueden dar ahora a los padres para estar atentos en esta vuelta al cole?

Fernández: —Hay una incertidumbre diferente a la del año pasado, donde contábamos con una certeza de que tal día empezaban las clases. Esta incertidumbre nos lleva a plantearnos ciertos objetivos a corto plazo, que todo sea más escalonado. A la vez, debemos explicarles a los chicos esta situación hablando de “quizás”, “puede ser”, “más adelante”, sin dar certezas. Antes decíamos: “Vas a poder volver con tus compañeros, vas a poder compartir el recreo con ellos o compartir tus útiles”. Y ahora, con los protocolos, eso no puede pasar. Las escuelas están viendo cómo acomodarse. No dando tanta certeza vamos a evitar que el día de mañana no se desilusione por algo que pase de acá a un año. La realidad es que no sabemos qué va a pasar. El año pasado vivíamos el día a día. Lo que podemos hacer es acompañarlos, escucharlos y entender que nadie tiene nada por seguro. En base a eso poder darles la tranquilidad de que nos vamos a ir acomodando según pase el día a día.

Schwindt: —Siempre primar los protocolos sanitarios de cada institución, que van a ir variando según la realidad de cada institución. No generar miedo ni paranoia pero sí reforzar desde casa los cuidados sanitarios: el lavado de manos, el uso de barbijo, el alcohol en gel, el distanciamiento. Pensamos que ya lo tienen incorporado, pero cuando son chiquitos parece que se les borra. Los adolescentes lo tienen más incorporado pero en los más chicos es mas instintivo, van a querer acercarse a sus compañeros. Si bien hay un protocolo para todos, cada institución lo adecúa a su realidad. ¿Cómo refrescamos los protocolos? Uno de los principales miedos de los papás es si los respetarán, si la seño estará atenta… Sí, van a estar atentas, y tenemos que tener esa confianza de que van a estar atentos a lo que pase en el salón. También desde casa podemos empezar a anticipar las situaciones. Los más chicos no tienen desarrollado el pensamiento abstracto, entonces tienen que ir a lo concreto. Podemos agarrar un muñeco y jugar, poniéndole el barbijo, sacándoselo, que se ponga alcohol en gel, que mantenga distancia. Con los más grandes es reforzar el “tené cuidado”, “tratá de no sacarte el barbijo”, “si te lo sacas, ponéte alcohol en gel”. Con los chicos, a través del juego, y con los más grandes reforzando, a través de la palabra.

—Exactamente hace un año, el miedo estaba en los hogares. La información generaba angustia. ¿Sienten que eso cambió? ¿Que los chicos comenzaron a relajarse?

Fernández: —Los chicos van acorde a cómo están los padres: se empiezan a relajar en la medida que el padre se relaja. Sí es verdad que a veces vemos plazas repletas donde es muy difícil el cumplimiento del protocolo. Ahí es cuando los padres debemos estar más seguros con qué le vamos a transmitir. Yo estoy segura de cómo yo me cuido, pero no sé cómo se va a cuidar el otro. Ahí sí hay que confiar mucho en las escuelas y cómo cumplirán sus protocolos. Cada familia es una realidad y cada familia es un pensamiento. No todos se cuidan o se encierran de cierta manera.

—Hay chicos que tienen ganas de volver a clase, pero otros no tanto…

Schwindt: —Es un proceso nuevo para la familia y los chicos. Están quienes están contentos porque vuelven a ver a sus amigos en su escuela y hay familias que tienden más a retraerse. Esto hace que siempre debamos tener presente que es necesario para los peques volver a la escuela porque si tenemos en cuenta el concepto de salud de la OMS, esta no es solo la ausencia de una enfermedad física sino también el bienestar físico, mental y social. Si seguimos retrayéndonos, la salud mental se va a venir al tacho. Incluso, todo el año pasado vimos cómo los jóvenes fueron los que más sufrieron el encierro y la parte social de la pandemia. Los más chicos la pilotearon con los papás, los adolescentes se deprimieron más, por eso es importante la revinculación. Y es un proceso para las familias y es un duelo. Estar en casa tiene cosas buenas pero también tiene cosas no tan buenas, como el encierro. Volver a la escuela tiene sus cosas buenas, pero también voy a tener que estar restringido en algunas circunstancias. Debemos expresar las cosas que no son tan lindas de casa y de la escuela.

—¿Cómo podemos acompañar a los padres en este proceso?

Fernández: —Escuchando, acompañando, charlando. Trabajar desde las emociones, que están a flor de piel. Acompañar sin ser tan invasivos, poniendo límites pero siendo flexibles, entendiendo que el primer día de clases tal vez venga llorando y angustiado porque no ven a todos sus compañeros. Hay que tenerlo en cuenta porque para ellos es un duelo. Como adultos, tenemos más recursos para acompañarlos. Los chicos no la pasan bien.

—¿Cómo nos damos cuenta que como padres invadimos o no a los adolescentes?

Schwindt: —Primero, hay que preguntarles. Si dicen “bien”, ya es importante que te hayan dicho “bien”. Los adolescentes tienden a encerrarse, pero a veces no quiere decir que el encierro esté mal: son más solitarios. Respetar sus tiempos: si no quiere hablar en ese momento, no quiere hablar. Hay que prestar atención cuando pasa demasiado tiempo encerrado, esa sí ya es una señal de alerta. El rol de los docentes es muy importante, porque no solo los padres debemos preguntarle cómo se sienten nuestros hijos, sino como docentes también brindar ese espacio. Si como padres y docentes damos la posibilidad de que los chicos se sientan seguros, escuchados, atendidos y entendidos, hicimos un milagro, y ese es nuestro objetivo. Cuando vienen llorando, me pongo en sus pies y en su corazón, y pienso qué puedo hacer para que mañana esté mejor. No invalidar. Validar cómo se siente en ese momento.

—¿Ante qué otras señales debemos estar alertas?

Fernández: —En los más chicos, con el retraimiento o algún tipo de regresión en las conductas. En el adolescente, cuánto tiempo pasan encerrados. Los padres tienen que entender que ellos necesitan de esa independencia, aunque sean adolescentes, pero sin dejar de estar atentos. Se van a empezar a dar situaciones que tienen que ver con angustias, y debemos estar disponibles emocionalmente. Es solo un rato, aparto todo para escucharlo. Tiene que ser atención plena para ellos, y que ellos sepan que estamos ahí para escucharlos. Conversar con la escuela, su segundo hogar, hoy más que nunca. Los docentes tienen que brindar ese espacio. Hay mucha nueva información para los más chicos.

Schwindt: —Antes los obligábamos a compartir, ahora hay que decirles: “No tenés que compartir”. Acompañarlos y hacerles entender que este es un momento que estamos atravesando y viviendo, que quizás el día de mañana, no sabemos cuándo, volverán a compartir una galletita con su compañero. Hay que tener paciencia y adaptarnos a lo que la institución nos está pidiendo. Es muy importante la comunicación entre la familia y la escuela. Si hay algo que me genera ruido, o no me queda claro, me acerco, pregunto, llamo. Si queremos que nuestros peques estén seguros, como padres tenemos que estar seguros. Si no hay un clima de seguridad o no se sienten escuchados ni entendidos, no se va a dar el proceso de enseñanza y aprendizaje porque los chicos van a estar pensando en otra cosa en vez de aprender.

—¿El proceso de enseñanza y aprendizaje se puede dar en un contexto de estrés?

Fernández: —Ninguna persona puede aprender bajo estrés. Nuestro cerebro no responde. Las clases por Zoom ya fueron de por sí muy estresantes, donde los padres tuvieron que hacer de maestros y estaban estresados y generaba un desorden. Costó mucho armar esa rutina, y ahora es otra vez volver a empezar y ver cómo rearmamos esa rutina. Insistir en qué tiempo le vamos a dar a nuestros hijos, el tiempo que le va a dedicar la escuela a los chicos para pensar en todo lo que vivieron y poder acompañar todo lo que van a vivir.

—Tanto para docentes como para padres, ¿es importante la flexibilidad para acompañar en el aprendizaje? No es lo mismo cómo se siente uno y el otro.

Schwindt: —Tanto docentes como padres debemos acompañar el proceso. El año pasado fue difícil por las clases por Zoom. Los padres estaban agotados porque no sabían qué estrategias usar. Acompañar el proceso es intentar que los docentes no quieran recuperar lo que el año pasado no se pudo dar. Cada cosa tiene su tiempo, cada niño es distinto. Alguno habrá aprendido a leer en 1º y otro, no. De a poco, respetar los protocolos sanitarios y pedagógicos, y también los emocionales. Cuando estén preparados para aprender, lo van a hacer. No queramos nosotros acelerar los tiempos.

Fernández: —Las seños también se tienen que reorganizar con un montón de cosas y seguramente también sientan este estrés. Los padres, lo mismo: deben acompañar de la mejor manera que puedan. El poder llegar a este acuerdo y entender que un día puede ser que no aprendan nada. Hubo mucho desfasaje entre lo que aprendían algunos niños respecto a otros: había chicos que podían acceder a la plataforma y otros, no. Unificar estas cuestiones, ir de a poquito. La enseñanza y el aprendizaje se van a ir dando sin la certeza de saber cómo esto sigue. No es lo mismo que el año pasado, no es lo mismo que el 2019. Vayamos de a poco.

—¿Qué sacan de positivo de esta revinculación?

Schwindt: —Para nosotras es una bendición volver a atender cara a cara. Las pantallas nos limitaban un montón porque no podíamos ver sus gestos y actitudes. Es todo un proceso de adecuación donde todos, al principio, tenemos que hacer un esfuerzo. Para los más chicos es muy positivo. Dejamos de hacer cosas pero también incorporamos otras. Esta nueva normalidad no será la misma normalidad que teníamos antes. Debemos resignarnos, y acostumbrarnos y adaptarnos a lo que nos va a servir.

—¿Qué pasa con los chicos que quieren pero no pueden volver a clases porque son pacientes de riesgo o viven con uno? ¿Cómo se trabaja con ellos desde lo emocional?

Fernández: —Ahí entra la tarea de los docentes. Ser lo más flexible posible con los chicos. Poder acompañar, aunque sea a través del Zoom. Proponer un grupo de chat. Conversar con ellos y sacarles el miedo. No los carguemos con la responsabilidad de que pueden contagiar. Decirles que nos le va a pasar nada, pero que tenemos que cuidarnos.

Schwindt: —La creatividad del docente también es importante. En esos peques que no pueden asistir a clase porque tienen una enfermedad respiratoria, queda la creatividad del docente. Puede usar la computadora y hacer un juego para que el chico pueda compartir un momento con sus compañeros. El docente debe tratar de que los peques tengan esa inquietud por conocer, buscar cosas nuevas, aprender. Fomentar ese deseo porque ahí se da el aprendizaje. Todos recordamos más y mejor todas esas cosas que fueron emocionales para nosotros.

—¿Qué tips pueden dar para reorganizar la rutina en el hogar?

Schwindt: —Primero, hablar sobre los protocolos sanitarios y los emocionales. Segundo, reacomodar la rutina. Y tercero: comunicación, escuela y familia. Son los tres ejes principales que deberíamos tener en cuenta a la hora de esta nueva normalidad.

—¿Cómo se hace para tener un ida y vuelta con el colegio si no todos tienen acceso, tiempo o su propia reorganización?

Fernández: —De alguna manera la escuela va a tener que replantearse, más allá del cuaderno de comunicaciones, cómo van a ser los canales de comunicación. Las escuelas este año tienen un trabajo terrible.

Schwindt: —Ahora los padres estamos junto a los chicos y a un preceptor en un chat de padres y alumnos. Eso fue algo que va a seguir estando, y es positivo. Los padres somos parte de ese proceso de enseñanza y aprendizaje. Es importante abrir canales de comunicación, a cualquier edad. Siempre respetando los tiempos personales de cada uno.

—¿Cómo es la adolescencia con los chicos con Déficit de Atención e Hiperactividad, TDAH?

Schwindt: —Los chicos con TDAH tienen que estar en tratamiento y el docente debe saberlo, porque el docente no va a cambiar los contenidos, pero los va a reducir. A veces hay que hacer adecuaciones curriculares, no del contenido, pero sí curriculares. El contenido será el mismo, pero dado de otra forma. Por ley, todos los colegios deben hacerlo.

—¿Tips para un protocolo emocional?

Schwindt: —Este protocolo emocional tiene que ver con dar seguridad a los peques, que se sientan escuchados, entendidos y atendidos. La primera forma de dar seguridad y que ellos se sientan escuchados, entendidos y atendidos, es que puedan escuchar sus emociones. Que le pongan nombre a lo que están sintiendo. “¿Estás enojado?”. “Sí”. “¿Qué es lo que te enojó? ¿Qué sentías en tu cuerpo cuando estabas enojado?”. Las emociones siempre se manifiestan en lo corporal. Que ellos empiecen a tener conciencia emocional, a que puedan expresar cómo se sienten. Una vez que aprendieron eso vamos a poder regular ese sentimiento, respirando. Y siempre los padres en calma, para que no nos imiten.

Fernández: —Como padres, nos pone mal verlos así. Pero no es: “No sufras”. Es: “Si estás sufriendo, te acompaño”. La empatía tenerla a full, con chicos y docentes. Es el momento donde más empáticos y más receptivos tenemos que estar. Hay que tener mucha calma y escuchar. Otra cosa positiva es que los chicos volverán a un lugar donde papá y mamá no están ahí, dando vueltas, que es otra cosa que pasó en cuarentena.

—¿Cuáles son las consultas que están recibiendo después de este 2020?

Fernández: —Muchos chicos con angustia: lloran todo el tiempo, no saben qué les pasa. Empiezan las clases y no saben cómo sentirse. Se quieren reencontrar, pero también tienen miedo. Tienen una dicotomía que no saben cómo arrancar, y al no saber expresarse o contarlo, los frena mucho. La desregulación del sueño también fue una consulta importante.

Schwindt: —No todo tiene que ser patológico: hay cosas que son esperables y normales que sucedan.

—¿Las pantallas y celulares son un mal necesario? ¿Cómo le sacamos el celular a los nenes que no quieren ir al cole porque no lo pueden llevar?

Schwindt: —Hay que establecer un límite que tiene que estar. Darle una alternativa, como por ejemplo: “No vas a poder usar el celular, pero tenés este juego”. Las pantallas generan un nivel alto de dopamina en el cerebro, y no hay nada en el exterior que pueda reemplazar esos niveles. Entonces, sufrirá de abstinencia cuando le retiro el celular. No es que le saco el celular de golpe, pero trato de ir limitándole el tiempo. “En vez de jugar cuatro horas a la Play, vas a jugar dos, pero vos elegí en qué momento querés jugar”. Es importante que tengan otras alternativas antes que la pantalla. Ellos la van a querer sí o sí, y ahí no podemos ceder nosotros si sabemos que no es beneficioso.

—De 0 a 2 años, ¿nada de pantallas?

Fernández: —Cero pantallas. A partir de los 2, aproximadamente 50 minutos, pero siempre supervisado y acompañados. Con ciertos juegos no aprenden a frustrarse porque les dan la posibilidad de empezar de nuevo.

—Hoy en día escucho a mucho chicos decir: “Me aburro”. Tal vez antes eso no pasaba, nos entreteníamos solos…

Schwindt: —Como papás pensamos que los chicos están re concentrados con la pantalla, pero en realidad, cuando estamos frente a pantallas, estamos frente a ondas cerebrales alfas, que son los estados de ensoñación, como cuando nos quedamos dormidos. En cambio, cuando leemos un libro, estamos en las ondas betas, que hacen despertar nuestros estados de alerta. Estas son las que debemos hacer actuar, las que despiertan ese estado de concentración que queremos, y que justamente no se lo da una pantalla. Es positivo cuando los chicos se aburren porque empiezan a crear.

—¿Algún otro consejo para padres y docentes?

Schwindt: —Brindar seguridad de parte de los docentes hacia los peques y sus familias. Y de parte de los padres, darles seguridad a los docentes de que los vamos a acompañar en este proceso. Tenemos que actuar en comunidad si queremos lograr este espacio.

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