"Este es el piano con el que compuse Todo a pulmón, La balanza del bien y del mal y Cuatro estrofas", recuerda Alejandro Lerner mientras comienza a tocar la primera de varias canciones que acompañaron esta charla y que también podrán escuchar con la misma calidez en el Auditorio Belgrano, el 12 de Abril. "Cuando el lugar es más chico los ves, y ellos te ven, y se puede intercambiar", adelanta Lerner, dispuesto a entregarse a su público para interpretar todas las canciones que le pidan. Eso sí,"siempre y cuando recuerde la letra", aclara entre risas.

Lerner promete un show largo, y no es para menos, siendo el creador de más de 400 letras, tanto para su propia discografía como para las de terceros, que hasta lo requieren internacionalmente.

Alejandro Lerner ovacionado por el público en un show
Alejandro Lerner ovacionado por el público en un show

Hoy, el primer público son sus hijos (Luna de 9 años, y Tomás de 4). Alejandro reflexiona sobre todo lo que se modificó con la paternidad. "Cambió la persona, y si cambia la persona todo lo demás se adecúa. Está resurgiendo un compositor más inocente: tengo ganas de componer otras cosas de otros estilos, sin el preconcepto de mi historia", adelanta en esta charla íntima con Teleshow, sentado junto a su primer piano en su estudio de Villa Urquiza.

—¿Es distinto escribir un tema para uno que para un tercero?

—En realidad cuando es para otro es lo que te permite, salvo que vos ya hayas compuesto el tema. Por ejemplo, este tema… (comienza a tocar e eñ piano "Dame", el tema de su autoría popularizado por Luis Miguel). Esa yo ya la había compuesto.

—Y a Luis Miguel le encantó.

—Le encantó. Le mostré la canción, le encantó y la grabó.

—¿Se la mostraste en Acapulco?

—Se la mostré en su casa en Acapulco, exacto.

—¿Qué te pasa con eso? ¿Te gusta que la cante otro o en algún momento hay un celo?

—No. Si vos tenés un hijo y va a una fiesta y lo aplauden, lo miman, siempre vas a estar feliz. Hay cosas que hay que dejarlas. No son mías, son para todos.

Alejandro Lerner es uno de los cantautores argentinos con mayor reconocimiento internacional.
Alejandro Lerner es uno de los cantautores argentinos con mayor reconocimiento internacional.

—¿Cuál era el cantante al que tenías ganas de escribirle y se dio? ¿El que te sorprendió y decís: "¡Ah!, mirá lo que estoy haciendo"?

Santana me súper emocionó. Carole King también: compuse una canción con ella, la grabó en su último disco a dúo, me invitó a cantar en su disco. Después he grabado muchos discos con los Air Supply porque somos muy amigos. He trabado con Gino Vannelli, que es un artista que a los músicos nos mata, siempre nos pareció un capo. Y la otra es la Negra, Mercedes (Sosa); palabras mayores.

—Lográs esta trascendencia internacional, el reconocimiento afuera, tenés tu casa en Los Ángeles y seguís siendo amado en la Argentina.

—Sí, porque yo elegí estar también. Yo soy un ciudadano de este país y las cosas que me preocupan son de acá. Yo tomé esta decisión. Con mi mujer, con Marcela, decidimos que la educación de los chicos, a pesar de los quilombos que tenemos, sea acá. Y también tomé la decisión de que la medicina, la que va a acompañar a mis hijos y curarlos, es la de Argentina. Porque me siento más seguro. Por más que nosotros veamos como una película muy distorsionada y negativa, cuando vos comparás hay cosas que ganan lejos: una es la medicina, y la otra es la educación. A pesar de los quilombos que tenemos…

—A pesar de la crisis.

—Sí, porque vivimos en crisis. Es una característica que tiene nuestra idiosincrasia: nos gusta salir de una crisis y hacemos todo para meternos en otra crisis, y así van y vuelven. Son problemas de administración o son problemas de idiosincrasia.

—Hablábamos de a quién sí te gustó componerle. ¿Hay alguno que digas: "Yo para esta persona no escribo nunca más"?

—Jamás. Todo lo contrario. Por ejemplo, escuchar la versión cuarteto de "Todo a pulmón" producida por la Mona Jiménez es espectacular. Lo que yo me divertí escuchando y valorando cómo están hechos los arreglos, cómo tocan… Hay que tocar muy bien para tocar cuarteto bien. Y me encontré con el capo de esa onda. Y después he laburado con Armando Manzanero. Cuando lo escuchás, decís: "Ya está, se terminó la boludez".

—¿Cuál es la canción que fue un quiebre en tu carrera?

—"Todo a pulmón". Fue la primera canción que tuvo impacto internacional y no comercial, sino más cultural.

—Me gustan las distintas interpretaciones que la gente le da a la letra de "Todo a pulmón": el esfuerzo, la crisis de un país, y vos contás que no, que tiene que ver con la búsqueda de tu recorrido.

—Los conflictos de mi recorrido son distintos a los otros, pero todo recorrido finalmente tiene sus conflictos y tiene sus paradas positivas, exitosas, o de búsqueda. En mi caso me tocó que lo pude documentar con esa claridad. Aparte como, soy asmático, para mí todo a pulmón son muchas cosas más, es que aunque tenga asma, aunque se me cierren los bronquios y aunque al principio no es fácil porque no tenés la compañía, o no tenés el manager, o tenés circunstancias sociales que te tiran para atrás, pero a pesar de todo es la vocación.

—El "Defender mi ideología" es tan vigente, y en ese momento tenía que ver con otra cosa.

—Y tantos años después del "Todo a pulmón", año 82, son 37 años, me di cuenta que por la forma que tengo de ser las ideologías son las mías, no me subo a una ideología de otro, ni de un partido de fútbol, ni de una persona. Posiblemente a líderes que tengan más que ver con lo espiritual, pero no con la política.

Alejandro Lerner con Juan Alberto Badía
Alejandro Lerner con Juan Alberto Badía

—¿Qué te pasa cuando los políticos te piden fotos?

—Y… me doy cuenta que es algo que va a suceder. Me ha sucedido durante toda la democracia y me ha sucedido con gobernadores, con intendentes; incluso afuera del país. Pero si es con respeto… Eso no implica que yo por sacarme una foto soy de ese club, simplemente el tipo me pidió para sacarse una foto y yo no le voy a decir que no.

—¿Y componer para un político?

—No, no. Lo que espero del ámbito político es que no tengamos que pensar demasiado en ellos, que hagan su trabajo para que nosotros podamos pensar en lo que nosotros querramos pensar o en lo que creemos que podemos aportar. Es como estar en un taxi y pensar todo el tiempo en el taxista.

—¿Hay un proceso para componer?

—No. Es una de las pocas cosas que en mi caso no las quise ni pude estructurar. Sigue siendo salvaje.

—¿No da miedo tener que sacar un disco y que no aparezcan las ideas?

—Ya pasé. A veces me tomó diez años. Me pasó que cuando no me daba el tiempo ni siquiera a poder documentar lo que a mí me pasaba, me fui dos años a vivir a Nueva York y ahí empecé a componer otra vez.

—Aparece de algo: del amor, de los efectos, del enojo, de…

—Del silencio, del espacio, de la libertad, de desestructurar; de todos lados. Es como que estás abriendo puertas que por algún lado algo vas a dejar salir.

Alejandro Lerner junto a Armando Manzanero.
Alejandro Lerner junto a Armando Manzanero.

—¿Cuándo entendés que está terminada una canción?

—En mi caso, cuando la dejás ir. En una grabación te pasa. En una composición vos te das cuenta como con un pollo con papas: te das cuenta exactamente el punto cuando ya esto es la canción; no busques. Hay veces que no percibiste cuándo tenías que parar y la canción se te pasó. Y se te pasó tu conexión, y lo que vos estabas dejando salir, se cortó.

—¿Nunca te ha dicho una discográfica: "Basta, entregalo"?

—Un poco sí, pero te diría que yo me convertí en un artista independiente en la última década. Decidí que quería que nadie me apure, que nadie me corra, tener una empresa independiente de shows donde yo, cuando quiero estar allá, estoy allá. Después recibí una propuesta para volver a este juego y saqué un disco que tuvo una recepción espectacular. Pero fueron diez años de libertad, de componer, de buscar.

—¿Fue fácil tomar esa decisión o te asustaste?

—No, me pareció natural, y aparte vino con buena onda. Si hubiera venido medio confuso no lo hubiera hecho.

—Leí que la primera vez que le mostraste a un productor un trabajo tuyo te dijo: "Huelo plata".

—Sí, se tiraba los pelos del pecho y decía: "Huelo plata". Esa fue la primera devolución de sensibilidad artística de este hombre. Y evidentemente no era eso lo que yo buscaba como respuesta, quería que me den una apreciación artística. Huelo plata está bien, no está mal, pero no era.

—Bueno, tampoco estuvo mal el olfato…

—(Risas) No, no.

—El recorrido fue bueno. Pero. ¿siempre fue bueno, fue parejo, o hubo momentos que hubo que remarla más?

—Tiene etapas: pensá que son 38 años. Y por supuesto que va a haber invierno, primavera, verano; muchos veranos y muchas primaveras, y eso lo agradezco. Quizás de afuera no se veía el invierno, era un invierno que pasaba yo, pero por afuera se veía capaz que era recontra verano.

—¿Te ha pasado de estar bajoneado dentro de la profesión?

—Sí. ¿Quién no se ha bajoneado, dentro de la profesión y en tu casa?

—¿Pero en algún momento dudaste de querer quedarte en esto?

—No, no, eso no, jamás me pasó por ahí.

Alejandro Lerner ante su público.
Alejandro Lerner ante su público.

—La vuelta de la democracia a la Argentina fue un momento que por todo lo que se vivió previamente, que fue tan terrible en el rock y el arte, generó una explosión maravillosa. ¿Hoy sentís que está un poco más planchado?

—La música es una expresión de la cultura y la realidad que tenemos, sobre todo los argentinos, que de eso que nos está pasando surge una música que es coherente con eso. Puede ser más superficial, más profunda, pero hay una diversidad musical que la Argentina tiene siempre. Argentina es multicultural, siempre ha sido muy abierta y muy creativa.

—¿Sentís que como artista tenés que tomar parte y estar de un lado de la grieta? ¿Te piden eso?

—No, yo no veo grieta. Yo entiendo que hay una grieta que es dificilísima, entiendo que hay sobre todo posturas fanáticas de todos lados, de los dos lados. Pero yo no comulgo con el fanatismo porque no te deja ver las cosas en su verdadera dimensión y eso es muy peligroso. Entonces, yo prefiero ver posibilidades, y no me fanatizo por ninguna. A veces no me gusta ninguna. Y a veces digo: "Puede ser…". A veces me frustro, y otras veces renuevo que este país de alguna manera pueda crear una vida mejor, un presente mejor, un futuro mejor. Pero lo tenemos que hacer todos: no veo que es político, es social.

Alejandro Lerner en el acto aniversario por el atentado a la embajada de Israel (Maximiliano Luna)
Alejandro Lerner en el acto aniversario por el atentado a la embajada de Israel (Maximiliano Luna)

—Cuando vos decidís abrirte de la discográfica y manejarte por tu cuenta, ¿tuviste que convertirte también un poco en empresario?

—Sí, durante diez años tuve que aprender a ser algo que no me gustaba y que no me interesaba. Y tuve que adquirir elementos para que mi cabeza piense otras cosas.

—¿Pudieron convivir el creador con el que manejaba las planillas Excel?

—Con alto riesgo de que el viento te tire más para el Excel que para el piano.

—Ahí tal vez aparecieron esos momentos de un poco más de…

—De crisis.

—De crisis, ¿no?

—Sí, de decir: "Por acá no". Y cueste lo que cueste, tomar la decisión.

—Pero lo supiste encontrar, en algún momento, ¿con ayuda, con tu mujer, con psicólogo, con mánager? ¿Cómo se retoma?.

—Siempre es con ayuda. Siempre es con alguien con el que formás un equipo. En este laburo solo no puedo hacer nada: puedo tocar el piano, puedo hacer canciones, pero tengo un mánager, tengo una jefa de prensa, tengo un equipo de colegas, tengo este estudio. Solo no podría hacerlo jamás.

Alejandro Lerner y Abel Pintos
Alejandro Lerner y Abel Pintos

—En algún momento dijiste: "No le tengo ni miedo ni desprecio a la droga".

—La droga fue un aperitivo de una época de mi juventud y no reniego, porque también tuve la suerte de parar siempre que quise parar.

—No tenés una conducta adictiva.

—No. La verdad que trato de que la salud sea una cuestión de buena onda. No negarme a estar bien ni física ni mentalmente. Creo que tengo más satisfacciones cuando estoy lo más fresco posible. Esa es mi decisión.

—No hay una necesidad de ninguna sustancia para componer y para crear.

—No, para nada.

—Es importante aclarar eso.

—No, necesidad no. Si alguien quiere tomarse un licor, si alguien quiere lo que sea, no es combativo eso. El problema es que hay gente que no puede parar y termina mal, nada más. Nunca voy a hacer una opinión prejuiciosa de la droga. En una época la droga era el chocolate, por ejemplo: la Iglesia Católica había prohibido el chocolate en la época de la invasión. En otras épocas fueron pasando las sustancias y algunas están más integradas culturalmente, y otras no. Pero el concepto es estar sano, estar bien.

—Y hoy, en tu vida, ¿los excesos por dónde pasan?

—El exceso tiene que ser entregarle a mi familia la mayor cantidad de felicidad posible. En eso hay exceso. Y me encanta que haya exceso.

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