La conductora comenzó la séptima temporada de “El diario de Mariana” (Instagram)
La conductora comenzó la séptima temporada de “El diario de Mariana” (Instagram)

Cuando Mariana Fabbiani irrumpió en la televisión, en los años 90 junto a quien era en ese entonces su suegro, Raúl Portal, no tenía por delante una tarea fácil. Hoy, veinte años después y en medio de la tremenda competencia de la tarde televisiva -llamado el nuevo prime time de la tele- tampoco. Sin embargo la sonrisa más potente de la Argentina volvió ayer a su programa, El diario de Mariana, y su sola presencia marca diferencia. En aquellos inicios, vino a reemplazar a Federica Pais en la conducción de PNP, Perdona nuestros pecados, el primer programa de archivo que tuvo y en el que Portal hacía dupla con la simpática morocha, cuya fórmula estaba instalada en la pantalla chica.

Has recorrido un largo camino, muchacha. Ahí está Mariana Fabbiani, nuevamente en pantalla, al frente del ciclo en el que más ha crecido desde su formación periodística, en otro desafío que le impuso la carrera y que ha sabido superar con creces. Mariana Fabbiani es, junto a su competidora Verónica Lozano, es la conductora con mayor proyección de la nueva generación de figuras en ese rol que hasta hace unos años solo estaba reservado para Susana Giménez y Mirtha Legrand, a quienes ha sabido ganarles nominaciones en los premios Martín Fierro, justamente liderando en esa categoría.

¿Cómo fue que llegó hasta aquí? Antes de esta Mariana más formal, pero sin perder la risa, la picardía o la ironía de momentos más livianos al aire, pero con la consistencia para abordar los temas que se le presentan con solvencia. Jugó y se divirtió en televisión tanto como para poder relajarse en este rol actual sin la necesidad de sentir que se está perdiendo de algo. Es muy habitual escuchar a conductores lidiando con aquello de que "están para otra cosa", un imperdonable error y un vicio muy habitual. Eso de llegar a un sitio de privilegio soñado en cualquier carrera pero sentir que quisieran estar haciendo otro tipo de programas. Y se les nota. Una cierta incomodidad de pretender que los vean en un rol más amplio o más acotado, según el caso, pero no justamente en el que los llevó a la popularidad. Una insatisfacción inexplicable que se trasluce al aire, en tanto y en cuanto algo les dice que deberían estar en otro lado. Si hacen política se imaginan en un programa de entretenimientos. Si hacen chimentos, quieren un programa político. En cambio, Mariana Fabbiani llegó ahí donde está, siguiendo un camino que fluyó al aire. La sumatoria de las experiencias anteriores le dio el oficio que la puso justo donde debe estar.

La actriz y conductora fue invitada al regreso de “El Host” y bailó con Adrián Suar (Instagram)
La actriz y conductora fue invitada al regreso de “El Host” y bailó con Adrián Suar (Instagram)

La prueba de ese rol indicado la tuvo el mismo aire del regreso a la conducción de su ciclo ayer por la tarde inaugurando la séptima temporada en El Trece. Además de traccionar la fuerza del buen rating que obtuvo por la expectativa de su sola presencia, y un panel renovado, la gran venta del lanzamiento era una entrevista con el Puma Rodríguez sobre la situación en Venezuela y su reciente operación. La técnica de la conexión web falló, y la nota se truncó al aire. "Voy a resistir un archivo, juro que no hago más la inauguración de una temporada con un móvil", se permitió reír pese al mal momento Mariana, haciéndose cargo de salvar el bache con el sólido panel: He ahí el oficio que le permite capear tormentas televisivas como esa. En esta tele donde nadie marca la diferencia, volver y dar pelea no es para cualquiera. Mariana puso el cuerpo, la cara, y demostró que la gente la sigue comprando, sigue fidelizada, da batalla. Detrás, su historia la avala. Repasemos.

Después de las temporadas de PNP, llegó otro clásico con su impronta, definitivamente a cargo suyo: RSM, el resumen de los medios por América, donde se animó a un programa en vivo noche a noche, comandando un panel, y mostrando la tele del día. Aquel ciclo le dio sobradas muestras de timming televisivo, manejo de los tiempos y los climas: cómo olvidar los pasos de comedia que jugaba con el queridísimo Juan Carlos Mesa, que hacía acordar a otros tiempos de una tele que ya para esa época (2005) empezaba a cambiar.

Pero la conductora se probó otros trajes que nunca le quedaron grandes. En ciclos semanales como El ojo cítrico, con Ronnie Arias, o Ran 15, con Luis Rubio, el humor era protagonista. En este último, interpretando a Lupita Goldenberg, una presentadora centroamericana donde se permitió reírse de si misma. Como actriz, en varias tiras. Con los chicos, en Mariana de casa, a la hora de cocinar y jugar con ellos en los mediodías de la televisión. En los big show, con El artista del año jugando las reglas de un reality. Antes y después de estos programas, la plataforma que Mariana Fabbiani obtuvo fue del todo ideal para llegar, en 2013, a El diario de Mariana y hacerse al aire en un rol donde tuvo que manejar perfiles mucho más amplios desde su conducción; temas de política, policiales, historias de vida, espectáculos y entrevistas de todo tipo.

Como actriz, en varias tiras. Con los chicos, en Mariana de casa, a la hora de cocinar y jugar con ellos en los mediodías de la televisión. En los big show, con El artista del año, jugando las reglas de un reality. Antes y después de estos programas, la plataforma que la conductora obtuvo fue del todo ideal para llegar, en 2013, a El diario de Mariana y hacerse al aire en un rol donde tuvo que manejar perfiles mucho más amplios desde su conducción, temas de política, policiales, historias de vida, espectáculos y entrevistas de todo tipo.

Mariana Fabbiani
Mariana Fabbiani
 

Si tuviéramos que darle el título de un programa a la carrera de Mariana Fabbiani, de familia de artistas, nieta del grande entre los grandes, el legendario compositor Mariano Mores, el que mejor le cuadra es Mariana de casa. Porque eso es, al fin de cuentas -y más allá de los lugares que le toque ocupar- la imagen que consigue Mariana para lograr la identificación popular que la puso donde está, mucho más allá de la sonrisa perfecta y la simpatía, la empatía que genera.

Mariana es de casa. Está en casa. Es la vecina del piso de arriba, la prima, la sobrina, la nieta, la hermana, de cualquiera de nosotros. No es lejana; no es inaccesible. Es una celebrity pero no es una diva. Esa cercanía, como si se sentara en la cena a charlar de lo que pasó durante el día, la pone en un lugar que pocos consiguen en la televisión y que, claramente, nadie le regaló.

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