Calu Rivero, Esteban Lamothe y los cinco insufribles de la semana

Analizamos aquí momentos, situaciones y personajes que resultaron "insufribles". Actuaciones lineales, mediáticos sin freno y una pareja que sorprende por su grado de exposición

Son insufribles las actuaciones de Calu Rivero y Esteban Lamothe en Campanas en la noche, la nueva tira de Telefe. Alguien tiene que decirlo en voz alta, porque cuesta remarles la credibilidad a estos chicos cool de la actuación naturalista argentina, una manera liviana de decir que no le ponen medio tono a una frase, todo lo dicen igual y tienen menos expresión que el gato embalsamado de Daniela Cardone. Aquí no tiene nada que ver el compromiso y la lucha de Calu, ni el movimiento feminista, ni las denuncias ni su historia personal. A la hora de ponerse al hombro un protagónico, uno esperaría que el carisma aflore por algún sitio.

Esteban Lamothe y Calu Rivero en “Campanas en la noche”
Esteban Lamothe y Calu Rivero en “Campanas en la noche”

Lamothe, a su vez, como villano, oscila entre la caída de ojos de un perro labrador a punto de dormirse y aquella mirada de la vaca mirando el tren. Venimos de un elenco lleno de colores y matices en 100 días para enamorarse, pasando por todos los estados posibles, a este culebrón más clásico -una gran producción-, que no por eso debe obligarnos a la pesadumbre de dos composiciones para el olvido.

El actor fue toda una revelación en películas como El estudiante de Santiago Mitre. Una composición justa para lo que se denomina "cine de autor". Pero el efectismo televisivo, sobre todo en un malvado de telenovela, incluye ciertos guiños que aquí brillan por su ausencia. La actuación televisiva tiene sus códigos, distintos a los del cine o el teatro. Un buen coach lo hubiese resuelto.

En el enumerado de culebrones, el verano llena la grilla con más novelas turcas, como si faltaran. Por suerte en el medio se coló la brasileña Verdades secretas que demuestra que los productos del vecino país son mil veces mejores en trama, guiones y actuaciones que los turcos, tan distintos, tan distantes. Lo peor de las turcas es que son larguísimas. Las cortan, las recortan, ponen lo mejor del capítulo anterior, te anticipan el próximo y pasan diez minutos netos de capítulos, para hacerlas eternas si funcionan. Ahora vuelven Onur y Sherezade, Telefe anuncia nuevas para la tarde y la verdad es que entre las que no ve nadie y las que andan bien, las latas cubren espacios en verano para una tele gélida en tiempos calientes.

Insufribles resultaron Sabrina Rojas y Luciano Castro, tan calladitos antes, tan perfil bajo; y ahora reyes de las redes mientras todos tratamos de adivinar cuánto de lo que les pasa es verdad, cuánto es hackeo, si se reconciliaron o la variante de cuernos cruzados que pudo haber en su relación. Una foto de ayer los muestra juntos de nuevo, a días de que ella diga que "las mujeres también meten los cuernos" o que necesitaba "un chongo".

Resultan caer en la tentación de "las Jimenas Barón del mundo": todo lo tienen que exteriorizar, avisar por Instagram, declarar o mandarse mensajes en código entre ellos, para después desdecirse y bailar en un video con el objetivo que los levanten los portales y seguir haciendo todo para el "afuera". Nada que no hagan muchos mediáticos, pero en el caso de ellos sorprende un poco, teniendo en cuenta que "curten otra onda", donde la prensa se mete hasta donde ellos quieren. Claro que si suben todo a Instagram, terminan dando pasto a las fieras que parecen querer combatir.

Guido Süller resulta un bebe de pecho al lado de los mediáticos modernos de las redes, pero sigue siendo insufrible, aunque querible. Se operó, se hizo una cirugía o el stress se apoderó de su rostro, pero quedó desfigurado. Su foto, que él mismo subió a las redes -obvio-, sirvió para que vuelen cientos de miles de clicks en las notas de Internet para saber qué había producido semejante espanto. Parece que lo insultaron en un carnaval o que tener a su madre en la casa le hinchó toda la cara. Terminó internado y ahí estaba el fiel Tomasito para subirlo en Instagram. Voces malditas dicen que se hizo una cirugía y todo se trataba de la hinchazón del postoperatorio.

Lo que haya sido le sirvió al inefable e incansable Guido para volver a las portadas que tanto le dieron de comer y tanto extraña cuando nadie habla de la saga familiar de su entorno. Pero cada tanto logra nuevos cinco minutos de fama, aunque cada vez a precio más alto. Que la salud sea parte de su reality debe ser muy rendidor pero uno se pregunta cuál será la próxima apuesta mediática y hasta dónde será capaz de llegar.

Insufrible resulta el maltrato de Matilda Blanco en su rol de villana en el programa de Andrea Politti. En su personaje de "jefa de taller" del reality Corte y confección, a la participante Melissa Von Tesse le dijo cosas horribles, pero la chica le dijo que no aconseja en nada a los principiantes y que ni pasa para ver lo que hacen allí. Le reprochó su "postizo" -una cola de caballo bastante ridícula que usa en el pelo- y el resto sintió que hizo justicia con la malvada que obviamente está allí para sacar de quicio a los concursantes, al igual que Polino en el Bailando. Solo que a diferencia del jurado del ciclo de Tinelli, a Matilda no le aparece la parte "graciosa" que la haga algo más empática hacia el público. Es mala y punto.

El final de la columna de hoy termina emparejándose sin querer con el principio, volviendo a Lamothe y Calu que, al igual que Matilda, carecen de matices.

SEGUÍ LEYENDO