Carolina Pampita Ardohain y Juan Pico Mónaco han regresado a las mieles del amor y ya se mostraron juntos en estos días. La vuelta es de una ingratitud consuetudinaria después de todo lo que esa chica ha sufrido. Lo que hace una tabla de lavar en el abdomen… Me opongo a este regreso ¿por qué?

Porque el regreso es, casualmente, oportunista. Estos dos se las ingenian siempre para estar de novios en temporada de verano de Punta del Este, justo para los veinte días que más se factura en eventos, ellos como nadie. Por separado ella cobra mucho en dólares y él, no tanto. Pero como pareja, si van a una fiesta, una inauguración o un sunset con DJ en José Ignacio, multiplican las ganancias. Perdón por poner el dinero en medio de todo esto, pero la verdad, que justo vuelvan en Punta antes de la época de vacas gordas, suena sospechoso.

Porque Pampita y Pico Mónaco son raros con el tema de la exposición mediática. Cuando les conviene bajan el perfil, no responden, dicen que no quieren mostrar nada, ni aclarar nada. OK. Ahora parece que les conviene, porque posan juntos para la foto que confirma la reconciliación. Seguirles el tren es una tarea titánica y así no hay guardia periodística que resista.

Porque cuando las papas quemaron, él se retiró del medio del mapa. Aunque ella haya tardado en perdonarlo -se lo merece- nosotros queremos otro perfil para ella. Claro que estará enamorada, y esos cuerpos tallados se atraen, pero Pico se borró cuando ella estaba quedándose sin su programa en Telefe, la hizo ir a Rusia -¿o fue ella por su propia cuenta, obsesionada por la reconciliación?- y se volvió sin el pan y sin la torta. Ahora, después de algunos encuentros, vuelven, pero lo que él le hizo no lo olvidaremos.

Porque nos gustaba la etapa de Pampita soltera y disfrutando. Se dio sus gustos, aunque se indigna cuando trasciende. Con el tal Polito Pieres hizo de las suyas y después desmintió tibiamente -con muchas contradicciones- un affaire con Vico Dalessandro. Lo que pasa es que todos buscamos etiquetar relaciones: "romance", "están de novios", "separados", y la verdad es que la gente tiene sexo y listo. Una vez, dos, veinte, y no siempre por eso hay una relación. Pero Vico era medio amigote de Pico (y encima suenan parecido) y si ella lo blanqueaba, más debía admitírselo al ex tenista. Dejemos a cada uno hacer su vida, total nunca la reconocerán.

Porque estos "bananas" se niegan a madurar, y Pampita quiere y merece un muchacho que quiera formar una familia. Se ve que Pico sintió la presión en su momento y huyó por tirante. Ellos llegaron a criar juntos al perro Osvaldo -el Mirko de los canes, muy chivero el animal- pero cuando casi se lo pisa con el auto, ardió Troya. Ya en el pasado Pampita por poco pisa a la madre con un automóvil, y ahora el fiel Osvaldo casi la paga. Los hijos de ella están muy encariñados con el perro, y como quien no quiere la cosa, el animal siempre fue motivo de acercamiento. Pero no confiamos en esa treta.

Porque ahora que Vicuña reconoció públicamente que separarse de Pampita fue "horrible" -pese a que le metió los cuernos en forma indeterminada- y la China Suárez le dijo "mentirosa" y "violenta", Pico debería anotar esos detalles augurando una eventual nueva separación contra las cuerdas. Una cosa es haber estado juntos, otra es reconciliarse y otra peor será volver a separarse en el futuro y sentir el rigor de Pampita enojada. No estaría mal que Pico pida una reunión con China y Vicuña y les pida asesoramiento ante eventuales contratiempos, como que ella lo grabe con las cámaras de seguridad de su casa cuando vaya a buscar sus cosas o se suba a algún carromato enardecida. Por eso, ante la mínima posibilidad de ser víctima de sus avances, mejor no volver.

Porque de ella hubo rumores y situaciones románticas pero, ¿y Pico? ¿En qué anduvo todo este tiempo? Aparte de intentar aprender a conducir en tele, se las habrá ingeniado en hacer de las suyas -estaba soltero, en su derecho como ella-. Todo bien, pero si ahora se reconcilian y empiezan a aparecer videos, chicas reclamando o queriendo exigir su lugar en la vida del deportista, no toleraremos que vuelva a sufrir; así que mejor que no vuelvan.

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