Termina el certamen de baile más famoso en el Showmatch más corto de todos; de sólo tres meses. Es cierto que todo se lució menos y jamás recordaremos a las parejas de este año, pero no deja de ser vistoso.

La final más aburrida del “Bailando”: por qué no (Foto: Laflia – Jorge Luengo)
La final más aburrida del “Bailando”: por qué no (Foto: Laflia – Jorge Luengo)

Llegan cuatro parejas bien diferenciadas en dos bandos que hará, sorteo mediante -aunque el sorteo en sí es un poco raro-, se mezclen dos parejas populares en el teléfono en una semifinal, y dos virtuosas en la otra, cosa de tener una final asegurada con uno de cada tipo.

Porque así, tendremos el jueves compitiendo por el trofeo a Mica Viciconte o Julián Serrano por un lado; y por el otro a Mery del CerroJimena Barón. Uno de cada bando. Mediáticos con gran apoyo popular en una punta de la competencia, y en la otra a dos que se defienden más con el baile, aunque hay que decir que los mejores bailarines no llegaron a la final. De hecho, las últimas eliminadas, Cinthia Fernández y Lourdes Sanchez, bailaban mejor que los cuatro semifinalistas.

Porque no es aburrido en tanto y en cuanto esta etapa es la más vistosa y adrenalínica del certamen ya que hacen todos los ritmos en una semana y eso es súper entretenido; repasan las mejores coreos que hicieron y salvo por el costado lacrimógeno que aparece mucho -entre el sueño, el esfuerzo, los videos ad hoc y toda la parafernalia del llanto- y es bastante bodrio; es cuándo más de disfruta del baile.

Porque es el momento en el que el jurado menos pito toca. El trabajo sucio ya lo hicieron para crear conflictos y entretener a las masas; ahora sólo se dedican a elegir con punto a favor o en contra y no lucir sus gracias de ver quién es más malo poniendo uno, cero o menos uno. Y además, aunque suelen quedar empatados sus votos en la final, es el teléfono quien decide finalmente al ganador. O sea quedan pintados, y eso no es para nada aburrido.

Porque más allá de su corta duración de esta temporada, Showmatch siempre es aire fresco en la tele: una gran producción, luces, vestuario, puesta en escena. Y siempre es lindo verlos bailar.

Porque si de finales aburridas se trata, ver compitiendo en una de ellas, años atrás, a Paula Chaves con La Mole Moli no lo hizo muy divertido que digamos. El voto estaba cantado aunque el boxeador era un queso pero la gente lo quería (en ese entonces). Eran otros tiempos, en el que el rating volaba hacia los 30 puntos -hoy mide menos de la mitad, como toda la tele- y aquello no causaba ni gracia.

Porque lo más divertido es que para llegar a esta final pudimos sacarnos de encima, antes, a Sol Pérez y su eterna queja del mundo que la rodea -"es una falta de respeto", es su frase de cabecera para todo-; a la madre de Laurita Fernández -la Paddy Jones argentina a la que se le hizo homenaje en vida cada semana-; a Esmeralda Mitre -cansadora como pocas, cantando horrible y con sus verdades que a nadie le importan-; a Gabo Usandivaras y sus rulos; a Benjamín Alfonso y su culpa cool por estar ahí; y a varias maderas más. Troncos autóctonos de los bosques más profundos de la Argentina, maderas nobles de los aserraderos del país. Nada aburrido por cierto.

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