Mercedes Morán: "La corrupción no tiene ideología, es hija del acumulamiento de poder"

En esta entrevista con Teleshow, la actriz confiesa sentirse "defraudada de la política”, luego de haberse interesado en su adolescencia. Porque tras crecer en una familia muy católica, hubo una búsqueda: "Solté mandatos y encontré los propios". Hoy, la protagonista de "El amor menos pensado" (junto a Ricardo Darín) se siente "interpretada" en el movimiento feminista y la lucha por el aborto legal

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"Sigo pensando que el amor nos rescata, que cada vez que me siento así no tengo ningún problema en empezar el cuaderno nuevo", reflexiona Mercedes Morán en esta charla con Teleshow en la que confiesa estar separada. Pero advierte: "No ha sido nada traumático, ni mucho menos". Por el contrario, siempre mirando el lado positivo, la actriz asegura estar dispuesta a viajar por el mundo con las películas que encabeza y que están girando en distintos festivales internacionales.

"Estoy muy consciente de que estoy muy bendecida en un momento de mucha falta de trabajo", reconoce Morán, que en estos días llega a los cines con dos películas que la unen al apellido Darín: El amor menos pensado actúa con Ricardo, y en El Ángel interpreta a la madre del personaje del Chino.

"Estamos muy ansiosos porque somos conscientes de que la película ha generado muchísima expectativa, que es lo mejor que puede pasar. Después te viene la responsabilidad", dice Mercedes sobre El amor menos pensado, la opera prima de Juan Vera que encuentra a Darín en el doble rol de actuar y producir, ya que es su debut con la productora que armó junto a su hijo, que acompaña en la realización del filme a Patagonik.

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—En la película los protagonistas se preguntan si están enamorados. ¿Qué es estar enamorado?

—Son las preguntas que nos hacemos todo el tiempo, pero no hay ninguna respuesta que nos termine de convencer. Ahí uno tiene que mirar para adentro y también mirar a los ojos al otro: ahí están las respuestas. Este matrimonio se hace esa pregunta, como la pregunta que se hacen casi todas las parejas después de transcurrido un tiempo: esto que nos une, que es lindo y que es amoroso, y que está lleno de códigos y de memoria, esta buena intimidad, ¿es amor o ya es una amistad íntima, una unión que se armó construyendo todo lo que construimos? Esta pareja se lo responde de una manera muy particular, con mucha libertad, y creo que eso la hace una película muy empática.

—En una entrevista que hicimos cuando estrenaste Neruda, hablábamos del amor y me dijiste: "Me enamoro profundamente y estoy dispuesta a empezar de cero cada vez". ¿Hoy sigue siendo así? Porque hay algo del enamorarse que tal vez va cambiando con el tiempo y con el momento de la vida, en esa misma charla me dijiste que el amor incondicional en un determinado momento pasa a ser para los hijos y ya no para las parejas.

—Sigo pensando lo mismo. Sigo pensando que el amor nos rescata, que cada vez que me siento así no tengo ningún problema en empezar el cuaderno nuevo. Es más: me entusiasma y me llena de alegría. Es un estado maravilloso. Sí quizás hay más consciencia de que es un estado que pasa rápidamente; después viene otro, probablemente más profundo, más complejo, más enriquecedor, todo lo que quieras. Pero ese estado del estar enamorado donde sentís que todo tiene sentido, eso es maravilloso. Y siempre estoy en procura de eso, y cuando la vida me lo ofrece no dudo en tomarme el tren. Pero sí creo que esa cosa incondicional para mí vale en el amor maternal, exclusivamente.

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—¿Seguís en pareja o algo cambió de ese estado civil?

—Algo cambió.

—Contame todo, Mercedes.

—No, no pienso (risas).

—¿Estás bien?

—Estoy bien. ¿Vos me ves bien?

—Fantástica.

—Bueno. Así como me ves, estoy. No ha sido nada traumático ni mucho menos, así que está todo muy bien.

—¿La estás pasando bien soltera?

—Sí, la estoy pasando bien. Estoy en un momento de mi trabajo que lo soñé durante mucho tiempo e hice muchas cosas para que esto sucediera. Tenía muchas ganas de hacer cine, y para hacerlo como yo quería y no perderme algunas propuestas que me venían llegando, no podía hacerlo porque estaba haciendo teatro: armé el unipersonal. Entonces me dejó un espacio para hacer películas. Eso fue el año pasado y el anterior, películas que se empiezan a estrenar este año. Ahora que las chicas (por sus hijas) están grandes y yo estoy más tranquila en la posibilidad de viajar, que antes no me lo permitía mucho porque siempre fui una madre que necesitaba estar cerca, dije: "Bueno, alguna de estas películas va a andar por ahí…". Y todas las que hice están dando vueltas, y voy a ir con todas para todos lados. Así que estoy muy consciente de que estoy muy bendecida en un momento muy duro y muy difícil, de mucha falta de trabajo. Entonces, ¿cómo no voy a estar bien, cómo no voy a estar contenta y agradecida?

Mercedes Morán junto a Ricardo Darín en “El amor menos pensado”

—En la película hablan de Tinder. ¿Cómo es tu vínculo con esas aplicaciones?

—Es inexistente mi vinculo con esa red y me ha tocado en más de una ficción actuar algún personaje que sí.

—En redes sociales si estás. Y hay una militancia feminista muy activa. La semana pasada te leí en Twitter indignada con las declaraciones del doctor Abel Albino.

—¡Ay, qué bajón! Es tremendo, tremendo, tremendo. Es lamentable que haya gente que piensa de ese modo a esta altura del partido. Pero da mucho temor que la salud esté en manos de esa gente. Es parte de este debate que se está produciendo, donde todo está saliendo afuera y eso realmente sí me parece bueno. Más allá de que uno se encuentre con declaraciones que te asustan o que te hagan sentir que hay un nivel de atraso en mucha gente importante. Tiene un costo grave, que no es una cuestión superficial. De todas maneras, para mirar el vaso lleno que siempre es mi tendencia, que se estén debatiendo, que se estén haciendo conocer, que se estén escuchando estas voces, que se esté manifestando todo el mundo, me parece que está bueno.

Morán y Darín, en la presentación de su última película

—Cuando agradeciste el premio por Sueño Florianópolis hablaste de esto también. Dentro de tu dedicación estaban las mujeres que llevan adelante esta lucha.

—Es una sensación muy linda. Fue un premio que me lo dieron en Karlovy Vary, estábamos tan lejos y tan solitos allá con la película, y lo que dije fue tal cual: yo me puse le pañuelo y me sentí acompañada. Fue como una devolución de fuerzas para el colectivo de mujeres.

—¿Cómo se lleva esta mujer que tiene tan claro lo que piensa sobre este tema con la nena que fue educada híper católica?

—Bien. Como decía Marilina Ross en una de sus canciones, que se llamaba "Fotos viejas": "Veo a esta chiquita parecida a mí, un aire familiar", o algo así. Yo me llevo bien con esa niña, me llevo bien porque siento que caminé un camino muy largo, y estoy muy orgullosa de ese camino, de cómo enfrentó los miedos. Anoche se quedó a dormir conmigo mi nieto, y hablábamos mirando una película: me decía quién era valiente y quién no, que fulano era valiente porque no tenía miedo de nada. Le digo: "No, valientes son los que tienen miedo e igual se atreven a hacerlo; el que no tiene miedo no es valiente, es una persona que no tiene miedo". Así que yo la quiero a esa chiquita, sí.

—¿Es verdad que tu mamá te decía que si dormías sin remera el diablo te rasguñaba la espalda?

—Sí. Hoy me puedo reír de esas cosas que en su momento me atemorizaron mucho.

—Había que rezar todas las noches.

—Sí, una idea de Dios como un Dios castigador si no hacías las cosas bien, una idea de lo que era el pecado, una idea de lo que significaba ser una nena, una mujercita católica. Con todos esos problemitas.

—Una mamá súper católica. Y de papá de River y peronista, ¿qué quedó?

—Y… quedó esta síntesis.

—Quedó River.

—River quedó. Siempre digo que si no fuera por mí papá quizás hubiese sido de Boca, porque me gusta el hincha de Boca, hay algo del hincha de Boca, de esa pasión que tienen que me gusta. ¿Pero viste que el cuadro se hereda del padre? Por lo menos en mi caso yo ni me he planteado ser de otro equipo.

Mercedes Morán en “Ay amor divino” el unipersonal en el que cuenta su historia.

—¿Qué era peor para tu papá, que rompieras con el peronismo o que rompieras con River?

—Lo peor hubiera sido que yo me olvidara quién soy y que tuviera una actitud individualista en la vida. Lo otro lo tenía sin cuidado.

—En ambas cosas hiciste tu recorrido. En la religión y en la militancia soltaste esos mandatos y fuiste encontrando el camino propio.

—Sí, solté mandatos y encontré los propios. La propia historia te va pidiendo algunos compromisos, la época en la que vivís. Siempre va a haber una parte mía que además de ocuparme de mí y de mi vida familiar y de mi universo íntimo, va va a estar conectada con lo social, porque he sido criada así, porque me parece bien ser sensible a eso. Cuando yo era una adolescente de 17, 18 años, estábamos en plena Dictadura y obviamente que fui sensible a eso. Ahí empecé a participar políticamente de la realidad así como ahora me siento bastante defraudada de todo lo que es política, gestión política, de todos, muy decepcionada. Y viendo que el tema, algo que siempre dije, a veces sonaba que defendía a unos, ahora puede sonar que ataco a otros, no fue mi intención nunca esa, pero siempre pensé que la corrupción no tenía ideología, que era hija del acumulamiento de poder. Eso sucede siempre, y no hay diferencia entre un guante blanco y un guante negro. Este movimiento que por ahora es horizontal, que por ahora no es jerárquico, que es el feminismo, digo yo qué suerte que apareció algo en lo que yo pueda volver a creer, volver a comprometerme, volver a sentirme interpretada. Porque hay una parte mía que necesita expresarse de ese modo. Se ve que como actriz no me alcanza, ni con todas las vidas que tengo.

—El feminismo tiene una fuerza enorme, es interesante esto que decís de que te permite volver a creer en algo desde la cosa más auténtica.

—Sí, iguala a las mujeres entre nosotras de una manera linda, solidaria. Siempre fue así, fue parte de la mala prensa que muchas mujeres muy machistas se encargan de batir ese parche.

—La mujer machista es muy complicada.

—El machismo es complicado.

—Sí, tal vez estoy más preparada para escucharlo en un hombre que cuando me lo dice una mujer.

—Y sí, porque es contradictorio. Como cuando un homosexual que no quiere el matrimonio igualitario. Estamos hablando de otorgarte derechos. Sí, suena medio contradictorio. Pero te quería decir que este movimiento, con el cual me siento tan interpretada, nos junta de una manera que nos potencia. Este año yo no estuve mucho tiempo acá, me perdí de estar en algunas manifestaciones populares, importantísimas, las veía desde lejos, estaba filmando lejos, y la emoción que me transmitía… No sé, el día ese que hicieron la vigilia, la gente que me rodeaba, que no eran argentinos y que estaban conmigo, era así, una cosa muy fuerte.

—¿Manifestarte te trajo problemas en algún momento?

—Siempre manifestarte te trae problemas, en cualquiera de los sentidos, no solo políticamente. Manifestar y tratar de ser honesta, sincera y hacer uso de tu libertad no es sencillo, pero hasta con uno mismo. A veces yo elijo no hacer públicas algunas cosas, no tanto por el riesgo que yo pueda correr, sino por el riesgo que pueda hacer correr a otros. Pero en general trato de hacer uso de mi libertad.

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