Manuel Callau: "Tengo que asumir que ganaron los malos, la sociedad a la que aspiro no es esta"

Protagonista de la obra "Yo, Feuerbach", con la que se encontró navegando por Internet, el actor acerca su mirada sobre la realidad social, en esta charla con Teleshow

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"Un medio de comunicación es mucho más que un almacén que da ganancias", sostiene Manuel Callau. Y cuestiona cómo se toman las decisiones en los canales de televisión. "Es como pensar que un hospital tiene que dar plata: van a fracasar, porque han perdido de vista al ser humano", dice.

En esta charla con Teleshow, el protagonista de Yo, Feuerbach comparte su mirada política. Asegura que "volver al Fondo Monetario Internacional es terrible, es retroceder", y habla del compromiso que deben asumir los actores como impulsores del cambio: "El arte aspira a avanzar sobre lo conocido. Si uno aspira al arte tiene que asumir esa responsabilidad".

Callau encontró googleando la pieza teatral que protagoniza. "Quedé cautivado por lo que plantea más allá de la problemática del actor, un actor viejo que va a hacer un casting y se encuentra con un joven que está empezando, y que lógicamente no conoce muchas cosas". El joven es interpretado por Francisco Gonzalez Gil, y entre ellos dos se genera un vínculo maravilloso que fue lo que lo enamoró de la obra.

Conseguir los derechos no fue tarea fácil. El autor, Tankred Dorst, muy respetado en Europa, exigía que Yo, Feuerbach no fuera exhibida en teatros comerciales. Así fue como llegaron a El Tinglado, con la dirección de Manuel Gonzalez Gil.

Manuel Callau junto a Francisco González Gil en “Yo, Feuerbach”

—A pesar de su trayectoria, Feuerbach tiene que ser parte de un casting. Si a esta altura a vos te convocan para un casting, ¿qué hacés?

—Creo que fui a casting una o dos veces. Ya estoy viejo: tengo 71. Pero no porque sea viejo no voy a los castings. Los directores tienen que ver teatro, tienen que ver cine, tienen que informarse, que leer: no puede ser que un director de un programa de televisión o de una película no tenga idea del medio en el que se maneja.

—¿Pasa mucho?

—Muchísimo. De la misma manera te digo que hay directores que van al teatro, que vos los ves que vienen, que opinan, tanto de cine como de televisión. Pero la gran mayoría no va.

—Esta obra la buscaste. ¿Te gustan más los proyectos que vienen de la mano de la autogestión, o preferís que vengan resueltos?

—En este momento necesito recrear mi eje de sentido. Quiero hacer un teatro que me reinstale en la comunidad a la que pertenezco, y servir a ese vínculo. Estamos en un momento muy complejo, muy difícil, y como actores podemos ser parte de la solución o ser parte del problema, como todos.

—A ver…

—Claro. Todo el mundo opina, todo el mundo cree saber sobre todo, tener derecho a negar o a afirmar. En la calle se ve el hambre, se ve la miseria, se ve la desocupación, se ve la falta de criterio para tratar temas que son muy importantes y que hacen a la vida de la comunidad. Se tratan temas como la violencia o la droga con una frivolidad oprobiosa cuando en realidad son temas que surgen de la falta de contención, de la falta de sentido de regla, de juego en esta sociedad. Los actores trabajamos en la identificación. Si nosotros logramos identificación, logramos conectar, logramos que las ideas, las cosas que jugamos, las sensaciones, las emociones, las imágenes, eso se traslade al otro. Considero muy importante la tarea del actor en este momento porque a través de esa identificación nosotros podemos agregar un granito de arena.

—¿El actor tiene que incomodar?

—Los que aspiramos al arte sí. Esa es una responsabilidad que tenemos. El arte aspira a avanzar sobre lo conocido. Si uno aspira al arte tiene que asumir esa responsabilidad. Para lo cual hay que formarse, hay que tener conciencia de cuando uno se para delante de una cámara, de un micrófono, en un escenario, tiene responsabilidades; hay que estudiar, hay que formarse, hay que prepararse. Y si no sé, bueno, me callaré la boca o trataré de informarme porque este lugar, que en este momento agradezco que se me esté dando, es un lugar de mucha responsabilidad, no es un lugar cualquiera que da lo mismo decir cualquier cosa.

—Ese es un mal muy actual: todos opinamos de todo.

—No está mal opinar de todo. Lo que en todo caso está mal es no tener los elementos como para aportar alguna idea que le sirva a los demás.

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—¿Seguís sin fumar?

—Sí, llevo 30 años. Cuando estoy muy angustiado no llego a fumar, pero sueño que fumo y me quedo mal.

—¿Te quedás mal porque te levantás queriendo un cigarrillo o porque te sentís culpable de haber fumado en sueños?

—Me quedo culpable. Otro sueño que tenía, otra pesadilla, era que hacía el Servicio Militar. Cuando estaba angustiado soñaba que hacía el Servicio Militar.

—¿Lo hiciste?

—Sí. Dos años: 22 meses, 16 días y ocho horas. Completito.

—¿Cómo fue?

—A la distancia te tengo que decir que hay un montón de recuerdos muy lindos: amigos, momentos. Estuve en la Marina, y mi familia, mis mayores, catalanes, todos pescadores, y el mar y el agua para mí son muy importantes. Algo que tiene que ver con el agua que se me ligó ahí, en el Servicio Militar, con mi origen, no sé.

—No te tocó por lo menos como lo recordás hoy: una cosa desde el padecimiento.

—En aquel momento sí padecí muchas cosas. Yo soy blanquito de la Capital Federal, y al Arsenal Naval Buenos Aires venía gente de todo el país: chicos norteños, hermosos cabecitas negras, a los que les hacían algunas cosas que a mí me generaban mucha bronca. Recuerdo un chico al que le daban los zapatos con los cepillos de dientes y el dentífrico, y le decían que se los tenía que poner así. Ese chico nunca había tenido zapatos siquiera, esto también forma parte de ese momento.

—El Servicio Militar Obligatorio no existe desde hace años.

—Me parece bárbaro que no exista más, ni hablar.

“Yo, Feuerbach” se presenta los jueves en El Tinglado.

—Te escuché decir alguna vez que tu alejamiento de la televisión tuvo que ver con manifestarte ideológicamente.

—Yo creo que sí. No me victimizo: tengo que asumir que ganaron los malos. En esta película ganaron los malos, es mi convicción. La sociedad a la que yo aspiro no es esta, ni mucho menos. Esta me parece una sociedad absolutamente injusta. Este modelo neoliberal que hemos votado no nos conduce a ningún lado, sino al fracaso. Esto está condenado al fracaso. Si miramos el mundo nos vamos a dar cuenta que el vaso no rebalsa. Hace años atrás yo te hubiese dicho: "Es por acá, es el socialismo, es esto". No niego aquello, pero estamos en época de reelaborar paradigmas, de poner arriba de la mesa todo y refundar un nuevo contrato social. Tal vez no a la manera de (Jean-Jacques) Rousseau, pero un nuevo contrato social. Y en ese contrato social tenemos que aferrarnos con uñas y dientes a la libertad de expresión, a que la gente tiene que educarse, formarse, tiene que haber libertad para acceder a la educación, a la vivienda, a la salud; a nadie le puede faltar el trabajo. Estos son pilares esenciales sobre los que construir una nueva sociedad.

—Si ganaron los malos, ¿quiénes son los buenos?

—Los buenos son los que hoy están padeciendo la miseria, la desocupación. Los buenos son los que han sido dejados de lado y que este sistema decide dejarlos afuera, que no les importa si viven, si no viven, si mueren, si mueren de una enfermedad de la Edad Media. El pueblo es el bueno.

—Yo pensaba en referentes políticos.

—Conozco gente que me parece gente buena, gente honesta. Claudio Lozano me parece un tipo excepcional. Fabio Basteiro. Víctor De Gennaro. Me parece gente honesta, gente buena.

—Quedan todavía referentes en la política en los que confiás.

—Sí, claro que sí. No digo: "No hay". No existe el "que se vayan todos", no. No es mi manera, no es lo que yo pienso. Pero estoy bastante decepcionado porque si nosotros nos ponemos a pensar que alguna vez al pueblo se le dijo que "con democracia se come, se educa, se cura", y al año ese mismo que lo dijo mandó "economía de guerra"… Si recordamos que al pueblo se le dijo revolución productiva, cultura del trabajo, y el pueblo apoyó como al gobierno anterior a este, y se vendió todo, se vendieron las joyas de la abuela… Si nosotros pensamos que al pueblo se le dijo lucha contra la corrupción, hablo de la Alianza, el pueblo apoyó porque no quería la corrupción y apareció la Banelco. Y así de seguido podríamos hablar más. El pueblo es el bueno, sí, y al pueblo lo han engañado. Ahora este gobierno con globos y con "Sí se puede", que yo creo que sí se puede, pero no de esta manera. Sí se puede desde el pueblo, no desde ésta gente, se puede cambiar, claro que se puede. Pero esto no es cambiar, esto es volver al pasado. Han utilizado algunas consignas, palabras, que al pueblo le resuenan como necesarias y que el pueblo ha aceptado y ha votado, pero con el andar, con ver estas políticas económicas, volver al Fondo Monetario Internacional es terrible, es retroceder.

—En las últimas elecciones volvió a ganar Cambiemos.

—Los maestros del sur que están luchando no tienen canales de televisión que los estén viendo y que estén transmitiendo al resto del país sus necesidades. La vida real no está expresada en los medios masivos de comunicación sino como las líneas editoriales quieren que esa realidad llegue al conjunto de la sociedad. Esto construye subjetividad: los que trabajamos en los medios o trabajamos en la comunicación lo sabemos. Los sectores populares no tienen las herramientas para reelaborar su subjetividad en base a lo que verdaderamente ocurre y a lo que verdaderamente se le ofrece. Pero todos los ríos dan al mar: es inexorable el paso del tiempo y la realidad va acuñando un camino que da al mar. El hombre trata de cuidar la vida, y si se cae al agua y no sabe nadar, patalea. De manera que aquellos salvavidas de plomo que se les están dando a las sociedades, de alguna manera van a salir de ahí.

“La sociedad a la que yo aspiro no es ésta ni mucho menos” dice Manuel Callau en Teleshow

—¿Quién fue para vos el mejor presidente desde la vuelta de la democracia?

—Hay aspectos. (Raúl) Alfonsín, con todo lo que tuvo que ver con el Juicio a las Juntas y demás, ha sido un ejemplo. Mirás Latinoamérica y me parece que no hay ningún país que haya hecho lo que se hizo en la Argentina en aquel momento. Con el presidente siguiente (por Carlos Menem) se me hace difícil. La cultura menemista no se retiró nunca de la Argentina. Eso es devastador. Está frivolización que hoy hay en los medios proviene de esa cultura menemista donde todo vale. Y se menciona a gente que trabaja en los medios como artistas, y artistas fueron Beethoven, Van Gogh, Alfredo Alcón, Ernesto Bianco, Alicia Bruzzo

—¿El que sale de un reality y participa en algunas tiras, no es un artista todavía?

—No. No porque trabaje en un reality no puede ser un artista: puede llegar a ser un artista. Pero artista es el que avanza sobre lo conocido. Artista es el que justamente se cuestiona.

—¿Hay una confusión entre la fama y el arte?

Hay una confusión entre espectáculo y teatro, por ejemplo. El problema está en que el teatro necesita del espectáculo para poder llegar lo más profundamente posible. El espectáculo no necesita del teatro, no necesita recrear ninguna identidad de nada.

—En algún momento dijiste: "Para manejar un canal de televisión sólo hay que tener plata y poder. Hay canales que son manejados por tenderos".

—Sí, lo vuelvo a decir, no tengo dudas de eso. Yo preguntaría quién se sube a un avión si yo le digo que el que conduce el avión es el dueño de la línea. Nadie. Sin embargo la línea editorial define los contenidos de un medio de comunicación y esa línea editorial está determinada por quien es el dueño de ese medio. Es un mal de la época, es un mal del sistema en el que estamos. Un medio de comunicación es mucho más que un almacén que da ganancias. Un medio de comunicación tiene que ver con un rol en la sociedad. Y por qué este sistema te dice que lo que vale o no vale es lo que da plata. Un medio de comunicación, es como pensar que un hospital tiene que dar plata. Claro que lo piensan, por eso han fracasado y seguirán fracasando. Van a fracasar, porque han perdido de vista al ser humano. Un medio de comunicación tiene que comunicar, tiene que estimular el pensamiento crítico, tiene que iluminar la realidad, no que todos vayamos a mirar de la misma manera lo que ocurre. Esto me parece muy importante. Para cambiar esto tenemos que asumir que como sociedad hay que cambiar el sistema. Y por lo visto por ahora no nos da el cuero.

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