Tras el éxito de Parque Lezama Juan José Campanella volvió al teatro con ¿Qué hacemos con Walter? en el triple rol de autor (junto a Emanuel Diez), director y productor. Sin embargo, no para de generar: dos nuevas películas, la adquisición de un teatro y la responsabilidad de un proyecto social para capacitar adolescentes de barrios carenciados ocupan su cabeza.
En un profundo mano a mano con Teleshow, Campanella habla del ser argentino, las ambiciones, la actualidad política y por qué elige vivir en Argentina.
A continuación, 15 definiciones imperdibles de una charla imperdible, que se puede ver completa al pie de la nota.


Su recorrido

—Gracias a Dios las memorias son más frágiles para los fracasos, entonces se recuerdan los éxitos. Pero los primeros veinte años de mi carrera fueron duros. Hubo que remarla mucho. Mis dos primeras películas fueron fracasos bastante grandes.

—Hace diez años que no filmo una película con humanos. “Metegol” fue muy trabajosa, demoró muchos años, pero se estrenó en 2013. O sea que ya hace cuatro años que no hago una película porque no encontraba un guión que me pareciera lo suficientemente distinto de lo que hice antes, y que me gustara mucho.

El cine argentino

—Se hacen muchísimas películas, muchas más de las que el público puede absorber. Entonces, a veces nos estamos canibalizando un poco. Pero es un semillero de talento increíble, es uno de los cines más vitales que hay.

–Al cine independiente americano, yanqui, lo equiparo al cine argentino porque está con los mismos problemas que tenemos todos, de distribución mundial y de que la gente lo mire. En ese sentido, es más fácil hacer una ópera prima acá que en Estados Unidos

Su postura ideológica y los ataques

–Nadie nos preparó a que, por decir una leve crítica, haya programas de televisión pagados por el Estado que te hagan informes en donde te ridiculizan, donde te demonizan, donde se burlan de vos, donde después cada uno de esos programas es seguido por trescientos mensajes con amenazas de muerte, insultos y de todo. Al principio es una cosa muy angustiante. Genera mucha angustia incluso en la familia.

–Escribí algo y fue un ataque impresionante. Y a los dos días cae la AFIP a la productora. Tan ingenuo era que en ese momento no lo relacioné (risas). Después me fui avivando un poco. Por supuesto la gente dice: “Bueno, si tenes los impuestos en regla no tenés nada de qué preocuparte”. En realidad la AFIP caía diciendo: “A mí no me importa si tenés todo en regla, algo vas a tener que pagar”. La intención era callar a la gente: “Te pongo en el escarnio público y te mato y te callás”. Y la mayoría de la gente se calla, pero a mí, si me mojás la oreja reacciono mal. Pero creo que siempre me manejé con respeto.

—Hoy en día yo veo gente que dice cualquier cosa, que dice lo que quiere, y no veo un programa estatal que esté haciendo un escrache ridiculizando a artistas, a votantes, a gente que no es funcionaria. Ni siquiera lo veo que se lo hagan a funcionarios, pero mucho menos a los artistas.

El acercamiento a Cambiemos

—En las elecciones de 2013 fui fiscal de mesa de UNEN, y en realidad cuando se forma este colectivo con un sector del radicalismo y con la Coalición Cívica es donde me empieza a gustar. Es un colectivo que tiene mucha gente: tiene gente de centroderecha y tiene gente de centroizquierda también, así que hay muchas posiciones, hay discusiones internas sobre los temas con cosas con la que estoy de acuerdo, con cosas que no.

—Trato de elegir las batallas. Pero en este momento mi actitud es ya abstraerme de todo comentario del día a día de lo que está ocurriendo, tratar de ayudar en todas las cosas que pueda para mejorar un poco, especialmente en el aspecto cultural y de educación desde mi pequeño lugar, a los que no han tenido las oportunidades que tuvimos nosotros pero no desde un puesto público y tratando de que sea lo más apartidario posible.

El potrero digital

—Estoy trabajando en La Matanza, empapándome de la cultura. Una de las cosas que lamentablemente ocurrió en las últimas décadas es una separación bastante grande de dos Argentinas distintas que no tienen comunicación entre sí, con dos culturas populares distintas, dos estilos de música distintos, y que no tienen contacto.

Ya sabemos que un hijo de una familia de clase media tiene que meter mucho la pata para que le vaya mal. Un hijo de una familia de clase baja o pobre tiene que ser un superhéroe para que le vaya bien. Sí puede trabajar, sí puede vivir dignamente, o sea, no estoy diciendo que tiene que dedicarse al delito sí o sí, en absoluto. Pero quiero decir, la movilidad social está muy difícil.

—Durante el kirchnerismo se enquistó la falta de movilidad social. A mí no me parece piola ni progresista decirle a alguien que está bueno el lugar en donde está si ese lugar no es bueno. No me parece que está bien igualar la dignidad de la persona con la dignidad de las condiciones de vida. Había un discurso confuso: “No, vos sos digno, no dejes que te digan que sos indigno”. No, nadie decía “No sos digno”, pero las condiciones de vida no son dignas de vos, que es distinto ese discurso.

La grieta

—Me parece que la sociedad se está amigando, es cada vez menos la gente radicalizada que busca las diferencias. Aunque, por supuesto, eso se va compensando con que cada vez hablan más fuerte o actúan más fuerte. Pero hay mucha gente a la que ya no nos interesa pelearnos. Somos muchos los que estamos hartos de pelearnos, la mayoría.

Va a desaparecer solo, no hay que hacer nada, simplemente va a cambiar, se van a dar cuenta que le están hablando al vacío cada vez más, se van a dar cuenta por los votos, por las elecciones, por la afluencia de público, por el rating de televisión, por lo que sea. Todos se van a empezar a dar cuenta que ya ese discurso no interesa.

La argentinidad

—Me han recibido muy bien en Estados Unidos, pero éste es mi lugar. ¿Sabés cómo te das cuenta? No cuando uno disfruta sino cuando uno sufre un lugar. Cuando vivía en Estados Unidos había obviamente pobreza, también hay mucho tercer mundo en Estados Unidos y algunas cosas son incluso peores, pero no me afectaban tanto. Yo podía vivir en mi burbuja y seguir para adelante. Y acá todo me pega, todo me duele. Ahí uno se da cuenta que el lugar de uno no es el lugar que se disfruta solamente, porque además lo disfruto mucho, sino también el lugar que se sufre, lo del otro.

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