Camila Peréz, ganadora de la segunda edición de “Dueños de la Cocina”
Camila Peréz, ganadora de la segunda edición de “Dueños de la Cocina”

Luego de muchos meses de intensas competencias de platos y trabajo en equipo, Camila Pérez (31) fue la ganadora de Dueños de la Cocina 2017. Y de ese modo, tras ganarle a Patrick Lechner una final sumamente aguerrida, la chef de Chacarita abrió su propio restaurante en la zona de Colegiales.

A dos meses después de ese emotivo momento, tras una lucha encarnizada entre hornallas, sartenes y platos varios, Camila habló con Teleshow sobre su pasado, presente y futuro.

—¿Cómo es hoy tu vida?

—Te puedo contar que vivo sola hace mucho tiempo porque a los 18 años me fui de mi casa para experimentar el mundo gastronómico. Decidí viajar por Europa para hacer una especialización, digamos que era como una pasantía, y cuando volví… ¡no querés volver a vivir con tus padres! Y bueno, vivo sola…

—¿Cómo fue tu adolescencia?

—Nací en Castelar. Mi familia es de Moreno, nos criamos en Paso del Rey, todos juntos en una casa quinta con árboles fructíferos y plantas. Creo que por eso, soy una apasionada de la naturaleza: salía al parque y me encantaba ver la hamaca, los árboles, el pasto, me encantaba dormir la siesta abajo de un tilo que teníamos.

Pero vino la mudanza a Capital para empezar "a vivir el mundo del porteño", según describe. Y luego el viaje a España, residiendo en Madrid, en Barcelona, en Málaga y en Andorra. "Después de tantos viajes, de vivir en la selva, en una playa paradisíaca, un poco en la montaña con la nieve, donde era un lugar árido… Era experimentar y decir a dónde quiero estar: '¿En qué lugar querés estar, Camila, vos como cocinera? Porque el mundo está abierto y realmente podés ir a una playa, a una selva, a una montaña…'. Decidí viajar: Uruguay, Brasil. Siempre trabajando o de pasante o siendo cocinera".

Camila recuerda su experiencia en aquellos parajes tan distintos: "Trabajando los productos de la zona es como que se te va abriendo la cabeza y vas cocinando cosas que quizás nunca habías cocinado. Cuando volví a Buenos Aires no me podía quedar acá porque sentía que me faltaba algo de naturaleza. Pero mi familia me complementaba y me decía que me quede, que mi hermana ya tenía dos nenas chiquitas y que querían compartir conmigo la familia…".

Así fue como se inscribió en en Dueños de la Cocina. "Y me ilusioné con tener mi restaurante y también comenzaron las ganas de vivir acá, en Buenos Aires, con mi familia -así que pensé: "Lo voy a dar todo y voy a intentar ganarlo…"

Todo un récord: Camila Pérez trabajó en 55 restaurants
Todo un récord: Camila Pérez trabajó en 55 restaurants

—Volviste a los 24, ahora tenés 31: ¿cómo fueron esos años donde estabas buscando qué hacer, hasta que te anotaste en el reality?

—En Buenos Aires trabajé en un restaurante que me hizo muy bien: Aramburu, de Gonzalo Aramburu, un chef que admiro profundamente y que me enseñó muchísimo. Estuve un año y medio siendo su jefa de cocina, descubriendo productos nuevos, diferentes técnicas de cocción. Y después, cuando volví de España, era re difícil porque yo no sabía donde quería estar. Viajaba e iba recorriendo restaurantes. Por eso en la final del programa dije que había trabajado en 55 restaurantes, y es verdad. Buscaba adquirir experiencia, crecer como profesional y como persona. Cuando vivís en otro país es distinto, cuando estás lejos de tu familia también es distinto. Otra fuerza te sale del interior y decís: "Quiero superarme".

—Y te presentaste en el reality…

—Lo primero que presentás es un video haciendo una receta. Yo nunca había filmado nada. La receta fue un ceviche con picante que habíamos traído de Salta.

—Durante el programa muchas veces te lo cuestionaron: usabas mucho picante.

—¡Me encanta el picante! Cuando cocino para mi familia, no les gusta, a mi novia tampoco. Y es como: "Cami, no le pongas tanta grasa, no le pongas tanto aceite, ¡dejame cocinar a mí!". A veces tenés que amoldarte al estilo del comensal. Cuando fui al casting del programa, la anécdota graciosa fue que me dijeron que tenía que llevar mis propios materiales. Y yo caí con una pechuga de pollo, una rama de verdeo y una batata cocida. Y me dijeron "No trajiste sal, no trajiste aceite, no trajiste pimienta, ¡no trajiste nada!". Tenía tres ingredientes para un plato de 13. Había otro participantes más: "Chicos, les saco un poco de aceite, les saco un poco de cilantro…". ¡Hice un plato con lo que había! Me halagaron un montón.

La ganadora de “Dueños de la Cocina” ya tiene su resto en Colegiales y se llama “La tornería de Camila”
La ganadora de “Dueños de la Cocina” ya tiene su resto en Colegiales y se llama “La tornería de Camila”

—¿En qué momento sentiste que podías ganar?

—Creo que fue el día que me salvaron por hacer el conejo crudo… Ahí sentí que me quisieron boicotear, y dije: "Ahora sí voy a demostrar que puedo ganar este concurso". Mi meta era llegar a la final, jamás imaginé ganar el concurso.

—¿Ese fue tu peor plato? ¿El del conejo?

—Sí, sin duda.

—¿Y el mejor?

—El chivo que hice en Mendoza, que no lo había cocinado nunca.
Lo probé, vi el plato, la estética, agarré el riñón del chivo, lo cociné en el disco de arado, le di un pedacito de riñón a cada uno de los jurados… Me encantó haber terminado así. Con eso sentí que culminé una gran participación en un reality. Estaba muy feliz. Había llegado a la final.

—¿Hay algo que haya ocurrido y que no haya salido al aire que me puedas?

—Tengo varias anécdotas… Estando acá, el tiempo era exacto. Pero en Mendoza, me faltaba para emplatar 25 segundos más. Agarré el conejo, porque como soy una kamikaze no me iba a ir del programa sin hacer el conejo bien, y lo emplaté como venía porque ya no llegaba con el tiempo. Me dieron 15 o 20 segundos más y me dijeron que emplate bien, que mis compañeros ya terminaron, y que nadie se iba a ir de Mendoza sin terminar su plato. Pero es verdad que no llegué con el tiempo.

Camila en plena acción en la cocina
Camila en plena acción en la cocina

— ¿Tu rival más duro en las batallas?

—Es como le dije a Narda (Lepes) aquella vez: a ninguno le tenía miedo. Pero a Patrick lo veía como un rival a futuro. Patrick tenía cocina simple, sabía lo que hacía, iba a lo seguro, le daba muy buen sabor a la comida, pero no se arriesgaba. Y tenías por otro lado a Camila que sí, que se arriesga más, que se arriesga a otro sabor, a otra textura, por más que no lo haya hecho nunca.

—Además Patrick se destacaba mucho con el tema de las comandas…

—Tenía muy buen temple con el tema de las comandas. Pero a él no le saltaban encima hablándole 80 personas, porque Patrick te callaba. A mí me pasa que todo el mundo hablaba encima mío, como pasó en la final… Él estaba atrás diciendo "Cambio, cambio", o yo cantando comandas y él hablándome encima. Yo le decía que no le hacía eso, que él era un crack en las comandas, y es verdad: ahí era muy bueno. Todos tenemos un destaque: puede ser en la cocina, o en el comandero o en la sala.

—¿Era tan mala onda Narda Lepes como se la veía? ¿Fue la peor de los tres?

—En mi experiencia, tenerlo a Cristophe (Krywonis) de Chef Ejecutivo fue un desorden, un problema. No le entendía lo que decía, te cambiaba las comandas; Cristophe siempre te la complicaba más. Pero los tres eran divinos, nos re ayudaban. Cuando estabas haciendo la mise en place no te decían qué ponerle, pero te preguntaban: "¿A vos te parece que esto está bien hecho, que está rico?". Te hacían dudar… Y los tres se enojaban por igual, era como su temperamento. Donato (De Santis) se enoja menos: "Forza, ragazzi, vayan par adelante", nos alentaba. Cristophe te decía: "Eso no lo como", y te empujaba el plato. Y Narda era más agresiva: "Me decepcionaste".

—¿Te identificás con alguno de ellos?

—Tengo mi propio estilo pero saco de los tres cosas que me pueden complementar.

—¿Cómo es "La Tornería de Camila"?  ¿Es tuyo o tenés una sociedad con la productora?

—El fondo de comercio es mío, del local pago un alquiler. Yo me hago cargo de todo. Lo que me gané en el programa fue la batería de cocina, el equipamiento gastronómico, 300 mil pesos, y el apoyo de la productora para que yo pueda abrir el restaurante.

—¿Tenés asesoramiento de ellos?

—No. Esto es Camila Pérez 100%. Le dejé el nombre "La Tornería" por lo que me provoca. Imaginate que cuando entrás en la competencia lo primero que pensás es: "Quiero que este restaurante sea mío". Y ahora, ponerle "La Tornería de Camila" para mí es un logro magnífico.

—¿Con qué platos se van a encontrar los comensales?

—Me baso mucho en el producto. Me encanta decir: "Hoy uso lomo, uso pescado, langostino…", y ahí mezclo las texturas. Amo la comida agridulce así que algo de frutas o algo agridulce le voy a colocar. Ponele: un langostino te lo hago con mandarina, a la bondiola le puedo poner manzana… Me encanta jugar con las texturas, los sabores, y manejo bastante bien el tema de la acidez, el picante… Bueno, el picante por ahí se me va un poco, pero trato de hacer platos equilibrados.

—¿Y cómo vas a hacer para ganarte al cliente, para que el local realmente funcione?

—La idea como plan de negocio es leer lo que quiere el cliente, proponer mi comida, una propuesta de cocina de autor que es lo que yo hago y lo que hice durante un montón de tiempo. Y luego que al cliente le guste, como le gusta a mis amigos o a mi familia, como le gustó a los otros clientes en los otros restaurantes. Tengo mucha fe porque yo ya hice este trabajo.

“Lo que yo me gané en el programa fue: la batería de cocina, el equipamiento gastronómico, 300 mil pesos, y el apoyo de la productora para que yo pueda abrir el restaurant”, cuenta Camila a Teleshow
“Lo que yo me gané en el programa fue: la batería de cocina, el equipamiento gastronómico, 300 mil pesos, y el apoyo de la productora para que yo pueda abrir el restaurant”, cuenta Camila a Teleshow

—¿Alguno de tus ex compañeros del reality va a trabajar en el restó?

– No. Quise en un momento que estén, pero lo pensé y lo repensé. Fueron compañeros de una competencia en la cual querían ganarse ese restaurante. Así que decidí el apoyo de ellos, pero por fuera. Hacer eventos, que vengan, que participen, que cocinemos juntos. Fui a cocinar con Ceci, voy a cocinar con Sabri. En el futuro vamos a cocinar con Rodrigo, con el ganador del año pasado, que vengan y apoyen lo que yo estoy haciendo. Y el que tenga ganas de jugar un poco, de experimentar y de entrar en la cocina, será bienvenido.

La Tornería abrió sus puertas este viernes 29 de septiembre a las 21 horas. Y un día antes se realizó una presentación para prensa, invitados y colegas de la gastronomia.

—¿Tenés un club de fans, "Hagan pogo"?

—¡Tengo un club de fans! Divinos, la verdad… De un día para el otro empezás a tener seguidores y decís: "¡Pero si yo sigo haciendo lo mismo! Cocino, y encima grito, y estoy loca… Y tengo un carácter de mierda…". Y la gente apoya, creo, a la persona que lo muestra todo sin pedir nada. A la persona sincera, que se la juega y dice: "Esta soy yo". Al que le guste, genial, seguimos juntos. Y al que no le guste… "Chau, nos vemos".

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