Con tan solo 19 años firmó su primer contrato con una discográfica y a los 20 sacó su primer disco. En 2001 sacó ¿Qué pides tú? y saltó a la fama por "Sin miedo a nada", a dúo con Amaia Montero. A partir de allí su carrera no paró; al contrario, trascendió cada vez más. Hoy, con 36, Alex Ubago sigue creando canciones y visitando países que jamás imaginó.

Pasó cuatro años un poco alejado de la música y creando su nuevo material. Acaba de sacar a la venta Canciones impuntuales, donde habla de rupturas y desencuentros, lo que no es es su realidad: se encuentra felizmente en pareja y con dos hijos. Por el momento solo Chile podrá escucharlo: Ubago tiene fechas en el país vecino para presentarse sobre un escenario. En la Argentina, en cambio, deberemos esperar hasta fin de año.

—¿A qué se debe el nombre de Canciones impuntuales?

—El título se me ocurrió cuando estaba grabando en el estudio y noté que bastantes temas hablaban de desamor y contaban historias de rupturas. No estoy viviendo eso en mi vida personal, pero me sigue inspirando el desamor.

—Ahora estás en pareja y tenés dos hijos.

—Sí, digamos que mi situación personal es más estable de la que cuentan muchas canciones que hay en el disco. Aunque creo que eso, quizás, lo hace más interesante.

—¿De dónde sacás tantas historias de amor?

—Pues depende. Un poco de todo. A veces, buscando en tus propias vivencias y en tus propios sentimientos; y otras, me inspiro en gente que tengo a mi alrededor, en las cosas que veo, un poco de todo. Incluso, también está la inventada. En un momento dado puedes inventar en un detalle, en un sentimiento, o en algo que estás viviendo ahora, o que quizás ya viviste hace ya mucho tiempo.

—La canción "Bailar en el alambre" cuenta una historia de superación. ¿Qué cosas tuviste que superar a lo largo de tu vida?

—Muchos miedos. Y barreras a superar, que uno no se puede poner y te ponen los demás. En mi caso, miro atrás y doy gracias a Dios o a quien esté allá arriba por la vida que me ha dado y por la suerte de no haber tenido momentos realmente difíciles en mi vida. Me siento un afortunado por eso. Pero sí a lo largo de mi carrera hubo momentos difíciles que he tenido que superar. Al final, esta canción habla de que las cosas se superan mejor cuando estamos juntos.

La carrera del artista es muy solitaria: ¿cómo te llevás con eso?

—Es verdad, pero a veces esa es la paradoja. Estás en un escenario compartiendo con mucha gente y a las dos horas estás solo en la habitación de un hotel, lejos de lo que realmente es tu familia, tu entorno, tu gente. Por suerte, viajo con compañeros que se convierten en familia cuando estás fuera de casa y eso es un cable a tierra. Y veo hasta necesario en nuestra profesión tener como ese nido, ese lugar donde te espera tu familia, donde te esperan tus amigos, donde te esperan tus hijos. A mí me da mucha estabilidad emocional y mental.

—¿Cómo hacés para ser un padre presente con tantos viajes?

—Estando con ellos todo lo que puedo, y equilibrando un poco. Es un poco como le pasa a cualquiera en el trabajo, saber hasta qué punto te puedes permitir el trabajo sin que afecte la vida familiar. Hay que seleccionar más cómo trabajas y, a la vez, no descuidar tu carrera, porque para mí es importantísima, y quiero seguir haciendo música y compartiendo con mis seguidores mis canciones. Es cuestión de adaptarse, y el minuto que tengo libre vuelvo a casa para estar con ellos.

—Estuviste cuatro años ausente de los medios. ¿Qué hiciste en ese tiempo? 

—Un poco de todo, pero de los cuatro años que pasaron entre disco y disco, los dos primeros tuvieron que ver con la gira del anterior álbum, Mentiras sinceras. Estuve viviendo en Buenos Aires como seis meses porque estuvimos girando por toda la Argentina y por toda Sudamérica. Fue una gira que se alargó mucho, con muchos shows. Luego me tomé un tiempo para componer mi nuevo disco, para trabajar y para grabar maquetas, hasta estar súper convencido de que tenía un disco que me gustaba mucho. También tomé un tiempo para estar con mi familia. Ya te digo que mis dos hijos nacieron en los últimos cinco años, con lo cual también me he dado mi tiempo para disfrutar de eso.

—¿Seguís siendo el mismo Alex que escribió "Sin miedo a nada"?

—Me sigue gustando cantar esa canción, y creo que es atemporal, aunque la escribí hace como 17 o 18 años. Creo que es el sueño de cualquier compositor tener canciones que estén en la memoria y que la gente, a pesar de los años, la siga pidiendo, la siga coreando, y sintiendo como si fuera de hoy o de ayer.

—¿Qué significa el ancla que tenés tatuada en tu brazo derecho?

—Son las iniciales de mis padres: Antonia y Fernando.

—¿Ellos te acompañaron mucho en esta carrera?

—Sí. Mucho.

—¿Querían que te dedicaras a esto o no confiaban?

—Digamos que dejaron que yo hiciera lo que quisiera, porque cuando yo tenía 18 años empecé en la universidad. Era muy joven. Cuando firmé el contrato para mi primer disco tenía 19 años. En casa decía que me gustaba la música y me contestaban lo típico: "Tendrás que estudiar una carrera, asegurarte un futuro porque lo de la música siempre es la incertidumbre, lo inestable". Empecé la universidad, pero al año y pico la dejé: estaba en Administración de Empresas y me di cuenta de que eso no era lo mío, y quería hacer otra cosa. Mis padres me apoyaron mucho ese momento en el que llegué a casa y dije que quería dejar la Universidad para dedicarme a la música.

—¿Te acordás qué hiciste con el primer sueldo que ganaste con la música?

—Sí. Además, me siento muy orgulloso de ello. El primer adelanto que me dio la discográfica se lo di a mis padres, fueron seis mil euros. Cuando empecé a ganar un poco de dinero pude retirar a mi padre que trabajaba fuera de casa, porque mi mamá lo hacía dentro, pero retirarle relativamente porque luego lo he hecho trabajar conmigo mano a mano. No es mi manager, pero me ayuda y me asesora con muchas cosas.

—¿Siempre fuiste un romántico?

—Creo que en la música y en mis canciones, bastante.

—¿Y en la vida real?

—Supongo que también, pero muchas veces me lo preguntan y les digo: "Soy un tío normal, aunque mejor pregunten a mi mujer". No sé. A veces tenemos ese concepto del romanticismo como si fuera que vas a salir con una rosa en la boca, cantar debajo del balcón, recitar las cosas en versos. Se puede ser romántico de muchas maneras. El romanticismo reside en el detalle, en la atención, en una serie de cosas que no tienen que ser como el romanticismo de esa manera que imaginamos. Igual, soy menos romántico de lo que cualquier persona piensa. Creo que lo dejo ver con mi música.

—¿Qué fue lo más loco que hizo una fan por vos?

—Hacen cosas que me parecen increíbles. Por ejemplo, se hacen tatuajes con mi firma o con títulos de mis canciones y cosas así. También hay anécdotas muy graciosas. Un día se nos subió un tipo encima de la camioneta, se agarró del techo hasta que agarramos velocidad y empezó a golpear y ahí recién nos dimos cuenta de que se había subido cuando salíamos de un concierto por la escalerita que tenía la furgoneta. Cuando nos dimos cuenta, paramos, lo bajamos, y me pidió un autógrafo para su novia. Se la jugó.