Después de sorprender a los fanáticos del horror con una nueva versión de Evil Dead, y paralizar los corazones de los espectadores con No respires, Fede Álvarez dirige La chica en la telaraña, un filme que trae de regreso a la pantalla a la hacker Lisbeth Salander. En Montevideo, su tierra natal, el director contó detalles sobre esta esperada secuela.

—¿Cómo fue el momento que te convocaron para dirigir la película, habías leído el libro, conocías la saga?

—Sí, había leído los libros. Haber visto las películas fue parte de la razón por lo que quería hacer una propia. Cuando hay algo que te copa y hay un mundo, en este caso el personaje de Lisbeth Salander, era algo que me encantaba y fascinaba la idea de hacer una película sobre ella.

—Contanos brevemente el argumento y sobre este giro que tuvo de centrarse en el personaje femenino

—Eso es lo que hacía particular esta película en comparación con las otras, la primera vez que se trata 100% de una historia de ella. Y ella, como muchos saben, es una hacker y hace trabajos de seguridad. Un personaje misterioso le encarga un trabajo para robar una herramienta de tecnología muy importante en Estados Unidos. Como todas las buenas historias, eso solo es la punta del iceberg de lo que va por debajo. Ella decide tomar ese trabajo metiéndose en un lío bárbaro. Es un buen thriller donde los personajes toman una decisión que no deberían haber tomado y escapan de las consecuencias durante toda la película.

—¿Cómo fue el trabajo con Claire Foy?

—Genial. Es una de las mejores actrices trabajando hoy en día y para mí, el privilegio de trabajar con alguien así es invaluable porque se aprende mucho. Ella, con esta película, hizo algo que nunca había hecho antes del nivel del thriller y la acción, que era algo que yo sí había hecho. Al mismo tiempo estábamos haciendo un drama mucho más profundo a diferencia de las otras películas, algo que ella ya había hecho muchas veces entonces fue una buena colaboración de aprender uno del otro.

—En cuanto a la elección de las locaciones, que fueron en Estocolmo, Berlín ¿se buscó otra mirada de lo que es Europa?

—Sí, claro, no es la Europa antigua y clásica que uno ve en películas como El Código Da Vinci. Es más oscura y fría, más fascinante para mí.

—¿Qué significa en lo personal este crecimiento que estás teniendo a nivel Hollywood?

—Es un desafío, uno tiene una responsabilidad muy grande. Creo que cualquiera de nosotros quiere hacer lo mejor posible con las oportunidades que se presentan. A medida que pasa el tiempo, cada película, es una oportunidad brutal de hacer bien su trabajo. Eso es lo que más significa para mí. Emprender el oficio de filmar, de contar historia. Se aprende muchísimo con solo trabajar ahí, en la meca del cine. Una herencia de 100 años de cine. Para mí, eso es lo mejor que rescato: el aprendizaje de trabajar en esta industria.

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