Antes de Pablo Escobar, el Rey de la Cocaína, hubo una reina, y se llamó Griselda Blanco. Esta mujer fundó en Colombia un imperio del crimen en la década del 70 creando rutas para trasladar la droga hasta los Estados Unidos.

Esta historia, no tan conocida como la del Patrón del Mal, llega a la pantalla chica protagonizada por Catherine Zeta-Jones, quien además oficia de productora.

Detrás de cámaras se hizo cargo de narrar la historia el mexicano Guillermo Navarro, un director de fotografía que ha trabajado con cineastas como Guillermo del Toro y Quentin Tarantino.

En una charla telefónica con Teleshow, Navarro nos habló de Griselda: La Reina de la Cocaína.

Durante muchos años se conocieron grandes narcotraficantes hombres, como Pablo Escobar y El Chapo. Pero esta serie muestra otra perspectiva. ¿Qué no conocemos de Griselda que a las personas les va a atrapar conocer?

—Es una historia sobre mujeres en un mundo de hombres. Donde ella fue capaz de convertirse en uno de los grandes jugadores. Era una mujer increíblemente inteligente. Así que, la película está muy enfocada en su personaje en ese sentido y es una historia sobre una mujer que se vuelve un círculo central en un mundo de hombres.

La película aborda muchos interrogantes complejos; además de las drogas, habla de la prostitución infantil. ¿Tuviste algún tipo de atención necesaria a la hora de abordar un tema así?

—Sí, claro. Cuando tratás temas tan delicados tienen que ser tratados cuidadosamente así el mensaje se transmite de manera correcta. Fue importante entender que en el personaje de Griselda una parte importante de ella fue su crianza. Era una mujer que fue producto de sus circunstancias. Y por eso decidimos hacer una escena, que está al principio de la película, en donde mostramos a ella de niña rodeada del abuso, no sólo el abuso sexual pero también verbal desde sus padres y en su alrededor. Nosotros entendimos la psicología de los niños soldados, donde para los niños que crecen rodeados de abuso, abuso sexual y un ambiente lleno de violencia, su habilidad para tener empatía es muy baja. Son capaces de cometer estas atrocidades. Por eso abordamos las características psicológicas de Griselda.

¿Cómo hiciste para reconstruir la imagen de Griselda?

—Leí mucho sobre ella antes. Estuve involucrado dirigiendo algunos episodios de Narcos así que investigué un poco y después el proyecto vino a mí por Catherine Zeta-Jones. Ella siempre quiso interpretar ese papel. Una vez que tuve una composición y una historia que contar con la que Catherine estaba contenta, nos pusimos de acuerdo en realizar la película y tuvimos una experiencia y colaboración fantástica.

Tu estilo visual ha sido muy característico y muy elogiado. ¿Cómo desarrollaste y qué papel juega ese estilo en esta película? ¿Cómo influyó Latinoamérica en tu cosmovisión?

—Esta película también la fotografié, además de dirigirla. Y la aproximación visual fue enteramente distinta al trabajo de ficción que he hecho en mi carrera. Ésta es una película a la que le di un tratamiento completamente realista, porque son cosas que efectivamente suceden en lugares reales y no fue una historia de una realidad. Esta fue una película que fue presentada y representada en tiempo real. Entonces le di un tratamiento muy objetivo, en ese sentido; de poder ver y estar dentro de la película como si fuera una situación que se está viviendo. Es una película que está presentada en los años '70, que ahora para mucha gente eso es el pasado lejano –para mí no tanto porque yo los viví–. Pero tiene una aproximación de una realidad dura y así la tomo.

¿Sentís que los realizadores mexicanos están pasando por un buen momento en Hollywood?

—Yo creo que llevamos muchos años de estar pasando por un buen momento en Hollywood y en el mundo. Ha habido de todo. No solamente está representado por los premios sino por el trabajo que hacemos, no solamente en temas latinoamericanos, sino en general en la industria cinematográfica. Hemos pasado de ser no solamente presentadores del tema o del fenómeno latinoamericano, a poder contar historias más universales, de cualquier tema. Pero siempre son enfocados en la condición humana, yo creo.

Se debate mucho sobre la apología del delito de los narcotraficantes en este tipo de historias. ¿Qué opinás al respecto? ¿Pensás que se puede tomar tu película en ese sentido?

—Yo creo que hay un poco de todo. Creo que no todas las películas y las series que hablan del tema profundizan lo suficiente y son con las que suelo estar de acuerdo. Yo creo que es un problema mucho más amplio que el del crimen. Por supuesto el crimen es un complemento de la historia, pero el problema es muchísimo más amplio. ¿Por qué las sociedades mundiales tienen la necesidad de consumir drogas? Y en la medida en que ese mercado esté alerta, necesitado y hambriento de ellas, quien las produce se encargará de distribuirlas. Entonces es un problema. Se criminaliza porque el consumo está criminalizado y entonces para que el producto llegue se pasa por ese tamiz. Pero es un problema global, mundial, mucho más complicado que el del crimen. El crimen es un Estado o es un poco el pegamento para que el proceso suceda, con la ilegalidad que representa. Yo creo que es un problema de salud mundial, es un problema de insatisfacción de los seres humanos con sus vidas: ¿pór qué la gente necesita de una droga para sentir que está viviendo su vida con más plenitud? Entonces el problema es un desfase muy grande de satisfacción social y de cómo la gente vive sus vidas. Y desafortunadamente esto implica que cada vez que alguien consuma drogas, en Europa o en Estados Unidos, gente muere en América Latina. El drama es ese. La violencia es una consecuencia natural de lo que tiene que pasar para que esas drogas lleguen a su destino, que es para satisfacer necesidades que no están satisfechas de otra manera por sus condiciones sociales o por las expectativas que tienen de sus vidas.

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