Dark Souls no es un juego para cualquiera, eso es algo que se tiene que aclarar desde el principio. Su dificultad está muy por encima de la media: enemigos que hacen un daño enorme, una curva de aprendizaje casi nula y la fragilidad del personaje principal. Y eso es una fuente de frustraciones constantes. Esa dificultad y un sistema de combate que más influenció a juegos que hoy son grandes éxitos (Assasins Creed: Origins y God Of War) lo pusieron dentro de un lugar destacado.

A casi 7 años de su lanzamiento, llega la versión remasterizada para las consolas de la actual generación que significa una puesta a punto estética, un sistema de combate online para hasta 6 jugadores e incluye el DLC que se lanzó luego.

Lo primero que se nota es la mejora visual de este lanzamiento. Lordran, la tierra donde transcurre la historia de Dark Souls, nunca fue un lugar bello. Pero la remasterización trajo escenarios mejor iluminados junto con texturas mejor acabadas. Junto a un frame rate que corre mejor, sin problemas a 60 fps, la experiencia se hace más amigable para alguien que lo juega por primera vez.

El sistema de combate era  muy bueno, así que no recibió modificaciones. La mejor iluminación permite ver a enemigos que antes podían pasar desapercibidos hasta ser atacados.

Dark Souls es un RPG -se puede personalizar el personaje principal junto con sus estadísticas así como obtener mejores armas- donde hay que llegar de un punto A hacia un punto B y en el medio encontrar criaturas monstruosas salidas de pesadillas que pueden tomar decenas de intentos para ser asesinadas.

La remasterización es una ocasión ideal para experimentar un juego que no perdona los errores, e incluso habiendo hecho una partida perfecta siempre está la posibilidad de que aparezca el mensaje de "You Died". 

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