Actualizaciones, reversiones de app y nuevos productos. La tecnología cambia a la velocidad de la luz y en el medio –y también al costado– quedan los que no llegan a subirse a esa ola de novedades constantes.

También están los nostálgicos que, más allá de que sean o no parte de ese mundo techie, no pueden evitar añorar aquellos viejos tiempos en que en vez de armar una lista de reproducciones en Spotify, solían grabar un cassette con sus canciones favoritas.

¿Quién no recuerda la vieja interfaz de ICQ cuando era el sistema de mensajería por excelencia? Hoy, ya nada queda de eso. Se parece mucho más a WhatsApp, no solo por su estética sino por su funcionalidad.

El tamagotchi fue toda una revolución. La idea de tener una mascota digital que había que cuidar, alimentar y entretener parecía surreal. Hoy no solo se planea sacar una nueva versión de ese juguete electrónico sino que en el medio aparecieron muchas otras versiones digitales de seres que piden atención.

Family Game, Commodore 64, fax o game boy son algunos de los nombres de esa lista que se viene a la cabeza al recordar aquellos dispositivos que alguna vez fueron únicos y hoy están tan lejos de la vida cotidiana.

Este mundo retro no solo crea nostalgia sino que trae aparejadas nuevas tendencias. Un claro ejemplo es la moda de los celulares clásicos y "no inteligentes" que tanto fascina a los celebridades.

También están comenzando a ser furor las cámaras minuteras. En las ciudades turísticas europeas ya es habitual ver a fotógrafos que invitan a los turistas a ser retratados con una onda retro. Es que si bien Instagram como otras app ofrecen filtros que simulan esa estética de comienzo del siglo pasado, para muchos no hay como vivir una experiencia 100% real.

Sin dudas la vida analógica era mucho menos inmediata y automática, pero tenía lo suyo. Las novedades estaban más dosificadas y por eso duraba mucho más la fascinación por cada una de las innovaciones que surgían. El tiempo corría más lento. Y se disfrutaba en cámara lenta.