Víctima y victimario: Analía Scamochero y Leonardo Crespo.
Víctima y victimario: Analía Scamochero y Leonardo Crespo.

¿Puede un hombre asesinar a su esposa, ser condenado y, en menos de 7 años, estar nuevamente en la calle? ¿Puede un femicida estar al cuidado de sus hijos, tan sólo 8 años después de haberles matado a la madre? ¿Puede la Justicia bonaerense juzgar con un machismo extremo un caso de femicidio?¿Puede un asesino, que le quitó la vida a su mujer, recibir una infinidad de beneficios de parte del aparato judicial?

Aunque parezca insólito e increíble la respuesta a todas estas preguntas es la misma: Sí.

El femicida en cuestión es el contador Leonardo Rafael Crespo, que en 2005 ahogó a su esposa, Analía Scamochero, en la pileta de lona de su casa de Gonnet porque estaba convencido de que ella le era infiel.

Desde ese momento hasta ahora, Crespo recibió una escandalosa cantidad de concesiones por parte de una serie de jueces y tribunales, desde salidas del penal por sus propios medios y autorización para donarle un riñón a un amigo hasta una prisión domiciliaria. Su historia es la de un asesinato que salió demasiado barato.

"No hay mucho antecedente de semejante cantidad de beneficios para un hombre que hizo algo así. Lo dejaron volver a estar en sociedad antes que a nadie. Le concedieron cosas que sólo se le da a alguien que está muy cerca de cumplir la totalidad de la pena. Realmente se lo trató con coronita desde el principio. Los jueces se excusan diciendo que tiene un comportamiento ejemplar en la cárcel pero se olvidan que asesinó a una mujer. No hay mucha explicación para todos los beneficios que recibió", reflexiona un importante abogado penalista que conoce como pocos las decisiones de la Justicia bonaerense.

En la tarde del 3 de marzo de 2005, el contador  Crespo llegó a su casa por la tarde. Sus dos hijos de 11 y 6 años no estaban. Se habían quedado en la casa de su mamá. Pensó que no había nadie, pero se equivocaba. En el jardín de la casa estaba su esposa, Analía .

Minutos antes, la mujer de 38 años había puesto la reposera dentro de la pileta de lona que tenía unos 50 centímetros de agua. Estaba disfrutando de una soleada tarde de verano cuando un golpea la sorprendió de atrás y la dejó casi inconsciente. Su esposo la había golpeado. Enardecido y preso de una furia incontenible, Crespo la agarró de la nuca y la ahogo en la pileta de lona. Ella no llegó a gritar. Ningún vecino escuchó nada ni se asomó. Crespo dejó el cadáver en el agua y volvió a entrar a la casa.

El contador luego intentó hacer pasar todo como un robo. Primero desordenó la casa. Empezó a revolver cajones y a dar vuelta todo lo que encontraba. Era parte de su estrategia. Después salió y le tocó el timbre a un vecino para decirle que recién llegaba y no se animaba a entrar porque había encontrado el portón abierto y tenía miedo.

Minutos más tarde la policía llegaría al lugar y encontraría el cuerpo de Analía. Crespo seguía en "shock" y sostenía su coartada. Para eso mostraba, insistentemente, los tickets del estacionamiento de un supermercado en el cual supuestamente había estado minutos antes.

Nueve días tardó la Justicia para darse cuenta de que había inconsistencias en el relato del contador y que la antena de su celular marcaba que había estado cerca de la casa a la hora del crimen. Una vez recolectados esos datos se ordenó la detención. Ya era tarde. Crespo se había fugado. Finalmente fue capturado 2 meses más tarde en una cabaña de la provincia de Córdoba junto a una amante.

¿Por qué mató a su mujer?

En el juicio que comenzaría tres años después quedó demostrado que Crespo tuvo una única motivación: celos. Los testimonios de amigos y familiares fueron la clave.

Leonardo y Analía se habían conocido 15 años atrás. Ella trabajaba en una AFJP y el era contador en un importante banco. Comenzaron una relación que permanentemente tuvo idas y vueltas hasta que ella le dijo que estaba embarazada. Crespo insistió en que se casarán lo antes posible y lo hicieron. Al poco tiempo tuvieron a su segundo hijo. Todo parecía andar bien. Pero cada casa es un mundo y las apariencias engañan, en este caso tal vez más que nunca.

Fabiana, una amiga de Analía, contó en el debate oral en el Tribunal N°4 de La Plata que la mujer le confesaba meses después del nacimiento del segundo hijo que no amaba más a su esposo, que no quería saber más nada. Ni siquiera quería hablar de él, en cambio le gustaba contarle sobre sus amantes. Tuvo varios a lo largo del matrimonio pero se comprobó que al menos dos de ellos, un compañero de trabajo y un policía, se comunicaron a su celular el día en que fue asesinada.

Otra de las testigos que dio su testimonio en el juicio contó que a pesar del desencanto, Analía no se quería divorciar. Temía por sus hijos. Creía que no volvería a verlos si decidía terminar la relación. Ya casi no se hablaba con Crespo. También contó que ella, ante sus amigas, lo trataba a el de "pescado" y que había perdido todo tipo de interés sexual. Estaban separados bajo el mismo techo.

Todo empeoró cuando llegó la violencia física. Aunque Crespo negó en reiteradas oportunidades haber atacado a su esposa, quedó comprobado que hubo al menos dos agresiones. La primera fue un intento de violación en el que el contador llegó a desgarrarle la ropa y la segunda fue una golpiza que le dejó varias marcas en el cuerpo. Las amigas le suplicaban para que se separe pero no llegó a tiempo. Nunca quedó claro, ni en la instrucción ni n el juicio, si el asesinato había sido premeditado, o algo precipitó los hechos.

El juicio y los increíbles beneficios

Crespo llegó al juicio oral con una increíble cantidad de pruebas y testimonios en su contra. Estaba acusado de homicidio agravado por el vínculo y alevosía. Esa acusación, en el Código Penal, está penada con un castigo máximo de prisión perpetua. Sin embargo, los jueces del Tribunal Oral °4 de La Plata no lo creyeron así. Pusieron en práctica el machismo extremo para la sentencia. Aunque parezca mentira encontraron "circunstancias extraordinarias" en favor del acusado que hicieron que la pena se reduzca considerablemente.

"Todo estaba encaminado para que le dieran los 35 años que prevé la ley. Analía no se pudo defender. La atacó por la espalda. Las pruebas eran contundentes pero los jueces prefirieron creerle a él y darle una mano bastante grande", señala uno de los abogados que presenció todo el juicio.

El juez Emir Caputo Tártara comenzó por descartar la alevosía, es decir, no consideró que Analía haya estado indefensa al momento de ser asesinada. Extraño argumento si se tiene en cuenta que la mujer fue atacada por la espalda y quedó con sus facultades disminuidas luego del golpe. Peor fue la decisión de tomar en cuenta los pormenores de la relación en favor del femicida.

La casa del crimen en Gonnet.
La casa del crimen en Gonnet.

"Ella lo trataba de pescado (o boludo), se mostraba reacia y molesta a sus cortesías y frases cariñosas, no le atendía el celular. Cuando lo hacía, de mala manera le demostraba que la molestaba. (Crespo) Denotaba una marcada desconfianza, por cierto que con todo sustento y credibilidad. Las circunstancias y antecedentes que aquejaron a Crespo, y que a la postre lo llevaron a cometer el desgraciado suceso, enmarcan en el contexto de esta normativa", escribió el juez en los fundamentos de su sentencia.

Por todo esto, en lugar de darle prisión perpetua, se optó por una condena mucho menor de 22 años. La desazón de la familia y amigos de Scamochero fue absoluta. Pero en ese momento no sabían lo que vendría después.

Luego de pasar sólo 7 años en la Unidad Penal 9 de La Plata, la Justicia consideró que ya era tiempo de que Crespo vuelva a tener contacto con el resto de la sociedad. En agosto del 2012 el propio TOC 4 hizo lugar a un pedido de la defensa para que le permitan salir de la cárcel para estudiar la Licenciatura en Comunicación Social. ¿Lo trasladaba hasta la universidad un camión penitenciario? ¿Era custodiado por efectivos del Penal? Nada de eso. Por su "ejemplar" conducta en prisión le abrían la puerta para que vaya y vuelva por sus propios medios. Sin controles. Confiaban en él.

Un año después de esto, la Justicia bonaerense evaluó que el tiempo en prisión ya había sido suficiente y podía regresar a su casa. Le otorgaron la prisión domiciliaria para que pueda cuidar a sus hijos, los mismos chicos a los que les había asesinado a la mamá 8 años antes. En primera instancia el juez de ejecución penal N° 2 de La Plata, José Villafañe se negó. Pero la defensa apeló y la decisión cayó en manos de la Sala I de la Cámara de Apelaciones de La Plata quienes decidieron aceptar el pedido. El fundamento fue nuevamente el ejemplar comportamiento en la cárcel y que la madre de Crespo tenía su salud muy deteriorada y ya no podía cuidar de los menores.

En la autorización de la prisión domiciliaria no se contempló el uso de una tobillera electrónica. Los jueces no la creyeron necesaria. Crespo sigue hasta hoy bajo esa modalidad, con el control que le corresponde al Patronato de Liberados. Como medida de control para saber si el contador cumplía con los límites de su casa optaron por visitas esporádicas del Patronato.

Cuando todavía no se habían cumplido 10 años del asesinato, en mayo del 2014, Crespo volvió a solicitar un beneficio. En esta oportunidad quería ausentarse de su casa para ir a trabajar. Según el, necesitaba dinero para mantener a sus hijos y a su mamá. Nuevamente la secuencia judicial fue la misma. El juez Villanueva lo rechazó pero ante una apelación la Sala 1 lo creyó conveniente. Le permitió salidas de 6 horas para desempeñarse en una empresa que vende materiales para la construcción.

Para el año 2015, Crespo ya había reorganizado su vida. Convivía con sus hijos y su madre y tenía un trabajo estable y en blanco. Poco se acordaba ya de Analía. Fue en junio de ese año que se enteró que uno de sus mejores amigos necesitaba un trasplante de riñón. Nuevamente una solicitud llegó a los tribunales. Y, como no podía ser de otra manera en este caso, le permitieron ser el donante.

Lamentablemente para Crespo, su amigo falleció un año después. Por su puesto que la justicia le dio permiso para acudir al velorio y ayudar en su organización: "Se trataba de aquel querido amigo que sobrevivió un año gracias a ese gesto de infinita amistad que es donar un órgano", indicaron los jueces en el fallo según publicó el diario El Día.

Desde que le fue otorgado el permiso para ir a trabajar, el radio de movimiento del femicida se limitaba a ir de la casa al trabajo ida y vuelta hasta el año pasado. Es que el hombre condenado le pidió permiso al juez Villanueva para que extienda sus movimientos hasta otras sucursales de la misma empresa para la que trabaja. Es evidente que la suerte le sonríe en los tribunales porque nuevamente le dieron luz verde.

Pero todos esos beneficios no son suficientes para Crespo. Hace pocos meses volvió a presentarse en el juzgado. Esta vez para solicitar la libertad condicional. El camino, que a esta altura parece protocolar, se repite. Villanueva lo rechazó, los letrados apelaron y ahora será, cuando no, la Sala I de la Cámara de Apelaciones de La Plata la que deba decidir.

En los pasillos de los tribunales platenses descuentan que en breve, Leonardo Javier Crespo, el hombre que ahogó a su mujer en la Pelopincho de su casa en 2005, estará caminando por las calles libremente.