El comisario Hernan David Martín, muerto de siete tiros en Avellaneda.
El comisario Hernan David Martín, muerto de siete tiros en Avellaneda.

La carrera extorsiva del comisario de la Policía Bonerense Hernán David Martín -muerto en un enfrentamiento con policías federales cuando intentaba cobrar, con otros uniformados, una coima en Avellaneda el 29 de marzo pasado– no habría comenzado con su pase al gabinete de drogas de la DDI de Lanús – Avellaneda sino que, según un testimonio exclusivo al que accedió Infobae, vendría de larga data.

"Lo reconocí cuando mostraron su foto por televisión y después lo confirmé cuando leí el nombre. Era Martín, el mismo que nos extorsionaba en la feria del Parque Pereyra cuando era subcomisario", dice Marcela Gutiérrez en su casa de Florencio Varela.

Marcela tiene 50 años y está con prisión preventiva domiciliaria. Una tobillera le permite moverse con libertad dentro de la casa y hasta salir dos metros más allá de la puerta, la distancia justa para llevar la bolsa de residuos hasta el canasto de recolección. Está procesada junto a otras dos feriantes, Norma Marín y Vilma Díaz, en una causa por asociación ilícita y extorsión iniciada en 2017 luego de sufrir varias detenciones porque, según afirma, "no quise pagar coimas a la policía". La causa fue iniciada por la Fiscalía N°1 de Lomas de Zamora a cargo de Daniel Ernesto Ichazo, y está radicada en el Juzgado de Garantías N° 7, cuyo titular es Gustavo Mora.

Marcela Gutiérrez, hoy bajo prisión domiciliaria: asegura que el comisario muerto la extorsionó años atrás.
Marcela Gutiérrez, hoy bajo prisión domiciliaria: asegura que el comisario muerto la extorsionó años atrás.

Marcela Gutiérrez fue detenida en febrero de 2018 junto a las otras dos mujeres. Pasó más de un año presa: primero en una comisaría y luego en la Alcaidía N°3 de la localidad platense de Melchor Romero. Recién en marzo pasado le dieron la prisión domiciliaria con restricciones y tobillera. "En aquella época Martín tenía el pelo cortado a cero, no como en la foto, pero es el mismo, con pelo o sin pelo", dice mientras vuelve a ponerle azúcar a un mate que toma extremadamente dulce.

Tiroteo y muerte

La noche del 29 de marzo pasado, el comisario Martín recibió siete impactos de bala que le provocaron la muerte cuando se resistió al arresto en momentos que intentaba cobrar el producto de una extorsión en la estación de servicio Shell de Acceso Sudeste y Madariaga, a metros del shopping Parque Avellaneda. Martín estaba con otros efectivos de la Bonaerense, había citado a una mujer para que les entregara la cuota final de una coima de 200 mil pesos a cambio de "no armarle una causa por drogas" a ella y a su pareja, un peluquero dominicano.

La mujer hizo la denuncia ante la titular de la UFI N°4 de Lanús, María Soledad Garibaldi, quien ordenó a la División Antidrogas Urbanas de la Policía Federal que montara un operativo en el lugar de la cita. Al ser descubiertos, los hombres de la Bonaerense, lejos de acatar la orden de entregarse, se resistieron de acuerdo al sumario posterior y se produjo un nutrido intercambio de disparos.

Como consecuencia, Martín cayó muerto y dos policías federales terminaron con heridas de consideración.

La autopsia al cuerpo de Martín estableció que los siete disparos ingresaron todos de atrás hacia adelante. Las pericias balísticas del hecho, ya que hay dos agencias policiales involucradas, quedaron a cargo de Gendarmería. Recién cuando concluyan esos informes se sabrá cómo fue el enfrentamiento y si Martín efectivamente disparó su arma, trató de huir o no se resistió.

El operativo montado por la Policía Federal terminó con la detención –en el lugar y en posteriores allanamientos- del capitán Eduardo Francinevich, acusado de liderar junto a Martín la banda de policías extorsionadores, de la cual también formarían parte el subcomisario Luis Edgardo Otero, el subcomisario Eduardo Ángel, el oficial subayudante Silvio Vergara, el oficial ayudante Emiliano Schemberger, el teniente primero Ricardo Fernández, el comisario Esteban Arana, el teniente primero Claudio Saldivia y el sargento Damián Pereyra.

Marcela Gutiérrez asegura que no conoce a ninguno de los detenidos luego del tiroteo de Avellaneda, pero que a Martín nunca pudo olvidarlo.

"Era prepotente, apretador, violento", dice.

Una feria de pobres

La feria del Parque Pereyra Iraola nació a la vera del Camino Parque Centenario, cerca de la llamada "rotonda de Alpargatas", que está sobre la ruta 2 en el Partido de Berazategui y surgió al calor desesperante de la crisis de diciembre de 2001. Allí comenzaron a proliferar los puestos de trabajadores despedidos que buscaban encontrar un nuevo medio de subsistencia.

Marcela Gutiérrez fue de las primeras en montar un puesto precario donde empezó vendiendo los barriletes que hacía su marido, quien hasta unos meses antes era obrero de la fábrica Sevel y fue despedido. Ellos, más sus tres hijos, por entonces tenían un terreno en Florencio Varela donde apenas levantar los cimientos se quedaron sin ningún ingreso y debieron paralizar la obra.

Con el puesto empezaron a rebuscárselas, agregaron algunas artesanías y plantines para la venta. Mientras tanto, la feria crecía de manera exponencial. La policía no les hacía las cosas fáciles y tampoco tenían autorización para vender en el Parque Pereyra Iraola, administrado por el Ministerio de Asuntos Agrarios de la Provincia.

El dinero en el sobre preparado que intentaba cobrar Martín antes de morir.
El dinero en el sobre preparado que intentaba cobrar Martín antes de morir.

Después de reclamos y trámites consiguieron que el gobierno provincial les permitiera poner los puestos de forma legal. También armaron una asociación civil para la Feria, pero los uniformados -cuenta Marcela Gutiérrez mientras sigue cebando mates dulces – seguían siendo un problema.

"La policía no actuaba abiertamente al principio. El que venía era un ex policía de apellido Pizarro, que siempre estaba en la Comisaría 3° de Berazategui. Pretendía meter su gente y correr nuestros puestos. La coima era una condición para trabajar, pero muchos de nosotros nos negamos y nos empezaron a hostigar", dice Marcela.

Los aprietes del subcomisario

La inauguración de la Subcomisaría del Parque Pereyra -con jurisdicción sobre el parque pero dependiente de la Comisaría 3° de Berazategui- empeoró las cosas, asegura Marcela. En esas circunstancias conoció a Hernán Martín.

"A Martín nosotros lo padecimos apenas se abrió la Subcomisaría del Parque Pereyra. Era un hombre alto, grandote, que en esa época tenía el pelo cortado a cero. Yo estaba trabajando, pero él fue a encarar a otros compañeros de la feria y les dijo que yo tenía que presentarme antes de las dos de la tarde en la comisaría", relata.

Marcela cuenta que otros feriantes se acercaron a ella a avisarle que un hombre quería hablar con ella. No entendía de qué se trataba y les pidió que le señalaran al hombre, porque no lo conocía. "Mejor andá, porque dijo que es policía y que te anda buscando", le dijo uno de los feriantes.

Marcela relata que fue hasta donde estaban el hombre y se presentó. También cuenta el diálogo:

-¡Qué tal! Yo soy Marcela Gutiérrez y me dijeron que quería hablar conmigo, pero yo no sé quién es usted.
-Yo soy el subcomisario Martín, de la delegación del parque. Usted tiene que estar antes de las dos de la tarde en la Subcomisaría porque va a tener problemas. Si no viene, va a tener problemas con la Justicia.
-No entiendo por qué voy a tener problemas. Además yo no pedí ninguna reunión con la policía ni con nadie.

"Una colaboración"

Sus compañeros de la Asociación Civil de la Feria del Parque Pereyra le dijeron a Marcela que no fuera sola a ver al subcomisario, que armaran una delegación. Así, fueron el martes siguiente.

"Yo iba a ir sola, miré que ingenua", dice a Infobae: "Al final fuimos un grupo de cinco feriantes, pero eso a Martín no le gustó nada, me parece que quería agarrarme a mí sola para ser más directo".

Marcela hace una pausa para sorber el mate y sigue con su relato:

"Cuando llegamos ahí vimos que la subcomisaría ni siquiera tenía el logo de la policía. Recién tenía el escritorio. Cuando él vio que estaba con otros compañeros, empezó a decir que ellos necesitaban la colaboración para recuperar el parque, que querían poner un patrullero, y otras indirectas por el estilo… Era evidente que quería plata, pero no se animaba a decírmelo delante de cinco personas. Entonces le contestamos que íbamos a ver cómo podíamos colaborar, que teníamos que consultarlo en la feria".

Poco después, los feriantes le ofrecieron a la Subcomisaría aportar latas de pintura y algunos otros materiales para mejorar el edificio. La respuesta de Martín -dice Marcela- fue una escalada de hechos.

Cámaras de seguridad de la Municipalidad de Avellaneda que muestran la escena tras el enfrentamiento.
Cámaras de seguridad de la Municipalidad de Avellaneda que muestran la escena tras el enfrentamiento.

"Nos empezó a hostigar. Venía los domingos y empezaba a controlar los puestos. Veía lo que vendía cada uno y después, a la tarde, cuando ya estábamos terminando la jornada, pedía mercadería. A algunos les pedía plata de frente… A mí directamente me hizo la vida imposible", asegura.

Cuenta que le paraba el patrullero justo frente al puesto y le espantaba a los clientes, con actitudes amenazantes: "Eso lo hacía todos los domingos, sin saltarse ni uno. Y me miraba como diciendo: '¿Ves? Esto te pasa por enfrentarme'".

Finalmente, Marcela y otros compañeros decidieron ir más arriba en la jerarquía policial para pedir que pararan el acoso. "Fuimos a la distrital, a ver a un comisario Cardozo, pero no pasó nada. O sí, porque todo fue cada vez peor. Nunca se nos ocurrió buscar un abogado, fuimos ingenuos, y eso nos costó muy caro".

"Asociación ilícita y extorsión"

La escalada no vino de la Subcomisaría del Parque sino de la Comisaría 3° y se centró en las mujeres que eran la cabeza visible de la organización de la feria: Marcela, Vilma Díaz y Norma Marín.

Sufrieron varias detenciones, que Marcela califica de arbitrarias, porque ni siquiera les explicaban las razones. Las tenían unas horas, a veces un día en la comisaría y luego las liberaban. Hasta que, finalmente, "aprovechando una pelea mínima por un espacio en la feria, en la que ni siquiera habíamos participado nos iniciaron una causa a las tres", según afirma.

Cristian Paroni, el abogado defensor de Gutiérrez, Díaz y Marín, explica: "La causa es armada. Hubo una pequeña disputa en la feria que derivó en la rotura de un gazebo. Sin embargo, Marcela ni siquiera había participado. Pero fue la excusa para la intervención de agentes de inteligencia de la AFI, las intervenciones de los teléfonos de Marcela Gutiérrez y otros feriantes, seguimientos. Esto terminó con las detenciones, a todas luces ilegales, porque no había ninguna acusación fundada. Las supuestas causas penales originarias estaban paralizadas. Lo único que podían demostrar era un feriante de origen senegalés había peleado con otro muchacho por un lugar en la feria, por el gazebo".

“Martín me hizo la vida imposible”, dice
“Martín me hizo la vida imposible”, dice

El abogado Paroni denuncia: "Desde un principio en sede de la Fiscalía las amenazaron, diciendo que iban a quedar detenidas. 'Con o sin pruebas ustedes van a quedar detenidas', les dijeron. Y eso se cumplió porque un año después terminaron todas presas, ahora están con prisión domiciliaria. Lo que confirma que es una causa armada es que casi no hay denunciantes, porque los denunciantes se desdijeron en sus declaraciones en la Fiscalía. Los dos denunciantes que quedan son los que responden a la línea policial, los mismos que pedían coimas".

El mate dulce de Marcela Gutiérrez ya está lavado y frío. En la puerta de su casa, hasta donde le permite moverse su tobillera de presidiaria, se despide:

"No me alegro de la muerte de Martín, porque no me alegro de la muerte de nadie. Pero no puedo olvidarme que nos hizo la vida imposible, imposible…"

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