P. y su hijo junto a efectivos de Gendarmería en Orán (Prensa Gendarmeria)
P. y su hijo junto a efectivos de Gendarmería en Orán (Prensa Gendarmeria)

P. está de vuelta con su familia luego de 32 años de cautiverio y esclavitud en Bermejo, Bolivia, junto a su hijo de apenas 9 años. G., su hermana menor, una mujer que se dedica a la cosecha de frutas, la misma que había denunciado su desaparición en julio de 2014, la aloja en su casa en la zona sur de Mar del Plata. 

Volver a verse no sería fácil, no desde el comienzo. La hermana recibió una foto de P. tal como su hermana se ve hoy de parte de las autoridades argentinas antes de su llegada, una forma de aminorar el shock. Su cara actual le era totalmente desconocida: P. desapareció de su casa con apenas 13 años de edad.

Ocurrió en 1987. P. se fue a Bolivia con su hermana mayor, D., en ese entonces de 19 años, madre de una bebé de seis meses. El padre de esa bebé fue quien las llevó, un hombre llamado A.C, en ese entonces de 52 años, ciudadano boliviano, que les prometió a una adolescente y a una mujer pobre de la zona de quintas de Mar del Plata una vida de trabajo y bienestar, posibilidades, los cuentos que les cuentan los tratantes y los esclavistas a sus víctimas.

D. logró irse. Su hija quedó ahí. P. también, entre la incertidumbre, en la oscuridad. Terminaría convertida en una esclava, trabajando sin paga en un puestito de comida del Mercado Central de Bermejo, un complejo de pequeños techos de chapa, tendales de verduras y ropa de marca falsificada, viviendo encerrada por dos candados junto a su hijo en una cochera tras un placard, en condiciones deplorables.

Allí fue donde la liberó el 22 de diciembre la Unidad Antitrata de la Policía de Bolivia luego de una investigación iniciada por la PROTEX, el ala de la Procuración encabezada por el fiscal Marcelo Colombo que investiga los delitos de trata de personas, con una denuncia remitida a la fiscalía federal de Orán de José Luis Bruno, con tareas de campo encargadas a Gendarmería Nacional, un rastreo de pistas que llegó hasta el Mercado Central en Bermejo.

Cuando la rescataron, los médicos legistas vieron que P. misma estaba en condiciones deplorables: pesaba 20 kilos menos de lo que debía pesar según el índice de masa corporal, su hijo también presentaba signos de malnutrición.

La investigación para llegar hasta ella duró más de tres años. En julio de 2014, su hermana menor se presentó en la Justicia argentina para denunciar la captación y esclavitud. Por qué su familia lo denunció formalmente recién 27 años después es algo que los investigadores argentinos todavía no pueden precisar. Infobae accedió a la denuncia original de la hermana de P.: lo cierto es que hubo señales a lo largo del tiempo. Y venían de un lugar mucho más cercano que Bolivia.

Ante la Justicia argentina, G. contó que el ciudadano boliviano que se había llevado a su hermana había vuelto al país, que se había instalado en la zona de Gloria de la Peregrina en Sierra de los Padres con su actual mujer. La nueva pareja del captor le dijo a G. que su hermana estaba "enferma de angustia, llora mucho porque quiere volver con su familia, pero que no la dejan, está esclavizada".

El momento de la liberación: la Policía boliviana encuentra a P. en el garage donde la tenían cautiva junto a su hijo.
El momento de la liberación: la Policía boliviana encuentra a P. en el garage donde la tenían cautiva junto a su hijo.

La nueva pareja le dijo que su hermana ahora "vendía ropa" y que había pasado a manos de "una señora que no la deja volver". También, le reveló que su hermana había sido madre, que el chico tenía "4 o 5 años"  y que llevaba el apellido de su mamá.

Otro hermano también se acercó a ella. Le confió que la última vez que había visto a P. "fue hace ocho años en Bermejo, muy desmejorada, le dijo que no aguantaba más, que no le pagaban nada, estaba vendiendo ropa, se quería volver, pero no tenía documentos, que mi hermana le pidió ayuda, pero él no la pudo ayudar".

Días después, la PROTEX envió una alerta a la división Interpol de la Policía Federal para encontrarla. Apuntó a encontrar a P., a su hijo, que estaría en un jardín de infantes, a la hermana de su captor original, su cuñado, que sería una madama en un cabaret de prostitutas de Bermejo. El oficio también pidió encontrar a la hija que la hermana mayor de P. tuvo con su captor, hoy de casi 30 años de edad. La Justicia argentina tenía su nombre completo, algo con qué empezar.

P. no tuvo documentos en su cautiverio, al menos no en su poder. La mujer que la explotaba por nada fue encontrada e identificada por la Policía boliviana según fuentes de la investigación a nivel nacional: tenía en sus manos los papeles de la mujer argentina, que fue nacionalizada boliviana en algún punto de sus tres décadas de esclavitud.

P. y su hijo llegan a una dependencia de Gendarmería en Orán antes de volver a Mar del Plata (Prensa Gendarmeria)
P. y su hijo llegan a una dependencia de Gendarmería en Orán antes de volver a Mar del Plata (Prensa Gendarmeria)

Sorprendentemente, esa mujer no quedó detenida. Hoy, según información publicada por la agencia EFE, el gobierno boliviano ofrece una versión diferentes de los hechos. Carlos Romero, ministro de Gobierno, aseguró que "la Policía Nacional está manejando la hipótesis de que no se trataría de un caso de trata" y que le llamaba la atención "que tenga documento otorgado en Bolivia".

Por otra parte, existen indicios de que la hermana de P. mantuvo un contacto con su hija que quedó en Bolivia a lo largo de los años y que P. también se habría contactado con su familia a través de redes sociales. En estas horas, los investigadores de la PROTEX esperan los contenidos de la investigación hecha en Salta por la fiscalía federal de Orán y los resultados preliminares del informe psicológico de la víctima.

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