Miedo en "el pasillo" de Palermo: una víctima contó cómo atacan a las mujeres

(Adrián Escandar)
(Adrián Escandar)

La semana pasada la periodista Manuela Fernández Mendy se animó a narrar en primera persona un intento de violación que sufrió en el ingreso al asentamiento ilegal ubicado junto a las vías del Ferrocarril San Martín, en pleno corazón de Palermo. Ahora, Josefina Marcuzzi, también reportera, le contó a Infobae los detalles del ataque que le tocó vivir en el mismo lugar.

Cuando Josefina leyó la historia de Manuela, a la indignación, al rechazo, a la bronca, les ganó un pensamiento: la protagonista de esa historia podría haber sido ella.

Josefina llegó hasta esa misma entrada ubicada sobre la calle Soler, a metros de avenida Juan B. Justo -una de las más transitadas de la Capital Federal- para hacer una nota sobre los asaltos en la zona. Y terminó siendo víctima de los delincuentes.

Josefina Marcuzzi
Josefina Marcuzzi

Vio a tres policías en la esquina y ellos también la vieron. A metros de los oficiales, un hombre le preguntó qué buscaba y ella le contó que era periodista. Él le dijo que se llamaba Pablo, que era de la cooperativa de cartoneros que viven en el asentamiento y que podía contactarla con un referente. Comenzó a caminar por el pasillo mientras hablaba, y ella lo siguió.

Fue a mitad de camino -muy cerca de la vista de los efectivos policiales- que tres chicos bajaron corriendo desde las vías del tren y empezaron a manosearla, a sacarle todo lo que tenía en los bolsillos y en la mochila. Su interlocutor no hizo nada.ASENTAMIENTO PALERMO GALPONES SOLER JUAN B JUSTO (16)

(Nicolás Stulberg)
(Nicolás Stulberg)

"Ahora te vas caminando por donde entraste, sin darte vuelta, o te bajamos", le dijeron para despedirse. Este asalto ocurrió durante 2015. 

El mecanismo es simple: lograr que las víctimas ingresen aunque sea unos metros al corredor. Cualquier excusa les sirve. Sólo necesitan alejarlas para que la policía no interfiera en sus planes. La trampa se adapta a cada víctima o, como en el caso de Rodríguez Mendy, las obligan a entrar por la fuerza.

"Es bastante impresionante porque dije 'me podría haber pasado lo que le pasó a ella'", dijo Josefina a Infobae sobre la sensación al leer la carta de su colega. "Es lo peor que puede pasarle a una mujer", agregó la periodista, que no pudo evitar sentirse identificada con la historia.

(Adrián Escandar)
(Adrián Escandar)

"Lo mío fue un robo y fue violento, pero no hubo ningún intento de abuso", remarcó, al tiempo que compartió que le dio "mucha impresión" pensar en lo que vivió Fernández Mendy, en lo que podría haberle pasado a ella.

"En ese lugar no se ve nada, no se ve nada desde ningún lado", detalló.

"Pasó hace un año y medio, y esto pasó hace una semana, en el medio puede haber habido muchos robos más", repasó Josefina, dejando claro que el acceso continúa siendo un riesgo, a pesar de los reiterados hechos de inseguridad, de la vigilancia y del tránsito en la zona.

En esa misma línea recordó que tras el ataque de 2015, una vez fuera del corredor, no pudo contener el llanto y la angustia, y que sólo recibió reproches de parte de los efectivos que custodiaban el lugar.

"Nena, nosotros no entramos ahí", le dijeron, y la instaron a hacer la denuncia.

"Ustedes tienen que hacer algo", les respondió ella, y regresó a la redacción periodística donde trabajaba.

El inmenso terreno que alberga galpones ferroviarios abandonados en calle Soler, entre la avenida Juan B. Justo y calle Godoy Cruz, se transformó en escondite de delincuentes de poca monta que operan en la zona: violadores, ladrones de smartphones y traficantes que venden droga de mala calidad a precios irrisorios. 

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