Secuestraron y desvalijaron a un matrimonio argentino en Brasil

Son salteños. Los siguieron durante días y les llevaron desde el auto hasta las alianzas

Una pareja de Apolinario Saravia pasó unas vacaciones para el olvido en Meia Praia, Itapema, en Brasil, donde habían alquilado un departamento. Al parecer los delincuentes los siguieron durante varios días y les tomaron el tiempo antes de dar el golpe. Debió interceder el Consulado argentino para que pudieran volver al país.

Fue un grupo comando de seis personas el que secuestró y desvalijó a Cándido Iradis, dueño de una radio en Apolinario Saravia, a su esposa Silvia Aguilera, y a su suegra Mariana Herrera.  El matrimonio además tiene dos hijos, uno de 7 años y otro de 11, pero que afortunadamente no estaban con ellos en el momento del ataque.

Casi dos horas y media duró el calvario, donde según trascendió los asaltantes amenazaron continuamente con matarlos, apuntándoles en la cabeza con las armas que empuñaban.

La odisea comenzó a las 2:47 de la mañana, cuando luego de cenar con dos matrimonios amigos, la pareja decidió volver al departamento que habían alquilado en Meia Praia.

"Habíamos hecho unas tres cuadras cuando miro por el espejo retrovisor y observo que atrás mío venía un auto blanco, no llegué a divisar si trataba de un Volskwagen Fox o un Fiat Idea, que me seguía. Ese mismo automóvil ya lo había observado días anteriores cerca del departamento que alquilaba. Pensé entonces que se trataba de vecinos que vivían en la misma cuadra. Cuando llegamos al edificio abrimos con el control remoto la puerta del garaje, ingresé y estacioné en mi lugar. Ellos ingresaron atrás mío y estacionaron. Hasta ahí no había nada raro. Cuando estaba por bajarme del auto, veo tres tipos que me apuntan con un arma. Primero me encañonaron en el estómago, después en la cabeza", le relató Cándido al medio salterño El Tribuno.

Fue en ese momento que tres de los delincuentes y sus víctimas, Iradis, su mujer y su suegra, se subieron al auto de los argentinos. "Me pidieron que les enseñe a manejar mi auto (Toyota Corolla automático)", precisó Cándido.

"Me pidieron las tarjetas", detalló, y agregó que tres de los atacantes desaparecieron con los plásticos, mientras que los tres restantes se quedaron con ellos y los llevaron hasta Camboriú (a 30 kilómetros). "En todo el recorrido nos apuntaron con las armas directamente a la cabeza. Yo lo único que les suplicaba era que no nos maten", continuó el salteño.

Además durante el trayecto, según la víctima los tres delincuentes se drogaban y tomaban alcohol. "Estaban en muy mal estado. Temía que en un ataque de ira nos maten a los tres", comentó la víctima.

Como querían más, los secuestradores se apoderaron de los celulares, de las alianzas, y de todo lo que había de valor dentro del auto, precisó Iradis.

"En todo momento nos amenazaban que nos iban a matar a los tres, en un momento tomé mi billetera, y les enseñé las fotos de mis dos hijos, uno de 7 y otra de 11 años. Le marqué que debía criarlos. Que yo era el sostén de ellos. Que no nos hagan daño. Que se lleven todo, que nos dejen vivir. Ahí creo que se calmaron, porque nos llevaron hasta un río muy cerca de Camboriú, ingresaron a una calle de tierra y nos bajaron", finalizó la historia el comerciante.

Finalmente con ayuda de los matrimonios amigos con los que habían viajado, la familia pudo regresar a la Argentina.

Más tarde se supo que los delincuentes sacaron todo el dinero que pudieron del cajero automático y que también utilizaron las tarjetas para comprar cosas. "Hoy me llegó el resumen del plástico y tengo gastos de 300 dólares y otros más, pero doy gracias que todos estamos con vida", concluyó Cándido.

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