Estuvo en las tragedias más duras de la Ciudad y su pericia ayudó a salvar más de 3 mil vidas: la historia del piloto más antiguo del SAME

Eduardo Forgan tiene 64 años y comanda desde 2010 el helicóptero del servicio aéreo del sistema de emergencias porteño. Lleva realizados hasta la fecha 3.330 traslados y participó en los accidentes más graves que hubo en la Ciudad de Buenos Aires

Eduardo Forgan, el piloto de 64 años que maneja el helicóptero sanitario del SAME aéreo

El 22 de febrero de 2012, en la base del SAME recibieron una comunicación que pedía los servicios del helicóptero sanitario. La información alertaba sobre el choque de un tren en la Estación Once de Plaza Miserere, en Balvanera. Hasta allí voló el equipo de auxilio aéreo comandado por Eduardo Forgan (64), que trabaja en el sistema de emergencias porteño que dirige el doctor Alberto Crescenti. El experimentado piloto pensó que, por esa primera información, el impacto sería menor. “Nos dijeron que una formación del tren Sarmiento que había tenido una falla del freno al llegar a la estación y que había golpeado los amortiguadores al fin del recorrido. Entonces fuimos con la idea de que iba a ser un accidente menor, con alguna persona magullada, con algunos golpes o escoriaciones. Pero nuestro médico fue al lugar del choque y cuando volvió estaba desencajado, impresionado por lo que había visto. Nos dijo que era muchísimo más grave de lo que pensábamos... Ahí empezamos con todo el protocolo de traslado del helicóptero. Estuvimos casi 5 horas haciendo los traslados. Cuando terminó el día recién tomé conciencia de todo lo que pasó porque fue muy, muy fuerte...”

Los recuerdos de aquella tragedia, que le costó la vida a 52 personas, aún conmueven a “Buggy”, como le dicen. Se quiebra al regresar porque, dice, fue una de las vivencias que jamás podrá olvidar. No volvió a encender el televisor durante varios días para no toparse con las imágenes de esa triste jornada. Pero una anécdota le provoca una renovada emoción.

“Entre las víctimas de Once nos tocó trasladar a una chica que había quedado atrapada y para sacarla debieron amputarle una pierna. La subieron al helicóptero con el miembro amputado y, según nos dijeron los médicos y ella misma, un tiempo después, gracias a que la llevamos al hospital en tan pocos minutos se la pudieron reimplantar y hoy camina. Quedó un poquito renga, pero camina. ¡No la perdió! Esas son las historias que conmueven”, le asegura Eduardo a Infobae.

El piloto que ayuda a salvar vidas

Según el calendario, a Eduardo le queda un año para jubilarse como piloto del helicóptero del SAME. Hasta el momento lleva más 3.300 vuelos en ese servicio y más de 12.500 horas de vuelo en su vida, pero no piensa en eso. “Por una cuestión reglamentaria, los pilotos podemos volar hasta los 65 años, pero física y espiritualmente me siento en condiciones de seguir mucho más tiempo”.

Lo que tiene en el horizonte cuando llegue el día de bajarse en forma definitiva de la aeronave es comenzar a capacitar a quienes tengan la tarea de llenar los zapatos que ocupa desde hace diez años.

No recuerda cuándo lo decidió, pero sí que toda su vida quiso ser piloto. Se inició esa actividad en el Ejército en 1982. La actividad lo llevó por distintos empleos hasta que en 2007 llegó a la empresa que más tarde prestó el servicio de vuelos al SAME. “Ahí surgió la posibilidad de empezar a operar con helicópteros sanitarios. En principio iniciamos con vuelos a requerimiento. Si había que trasladar un paciente de un hospital de menor complejidad a uno de mayor se programaba, por ejemplo. Pero a principios de 2010 empezamos a estudiar la posibilidad de implementar una guardia permanente, para tener un helicóptero disponible para rescate primario”, cuenta Eduardo y explica que desde entonces, si ocurre un accidente en una autopista, ellos van directamente al lugar del siniestro para realizar el traslado.

Semejante organización requirió de mucho trabajo logístico, ya que debieron estudiar dónde podían aterrizar y en qué hospitales, ya que la mayoría no tiene helipuerto. “En ese contexto, lo que hicimos fue desarrollar protocolos para que cuando había que llevar un paciente a un hospital sin posibilidad de aterrizar en él, lo hiciéramos en la esquina y que ese lugar fuera acondicionado para que aterricemos. Así empezamos”, recuerda.

—¿Qué más fue necesario hacer en esos primeros vuelos del SAME?

—Otra de las cosas que hicimos en ese tiempo fue educar a la gente que estaba abajo, porque cuando llegábamos a un accidente, a veces los policías o quienes estaban en el lugar no sabían cómo actuar. Eso llevó un proceso de capacitación.

Eduardo, junto a Juan Noir (médico) y Javer Revilla (copiloto)
Eduardo, junto a Juan Noir (médico) y Javer Revilla (copiloto)

—¿A quiénes capacitaron?

—A los Bomberos de la Ciudad Buenos Aires, Bomberos de la Policía Federal y luego a la Policía de la Ciudad. Más tarde seguimos con la gente de las autopistas y pasamos a hacerlo en los municipios alrededor de la ciudad. Fue una campaña muy importante, que se sigue haciendo.

En la actualidad, Eduardo vuela un helicóptero de la empresa Módena Air junto a Juan Noir (médico) y Javer Revilla (copiloto). Juntos integran lo que ellos llaman “la primera guardia” y trabajan a la par desde el primer día del servicio. En cuanto al equipamiento, la aeronave posee capacidades de Unidad de Terapia Intensiva Móvil y asistencia primaria para el paciente politraumatizado. El helicóptero puede descender en la base operativa del SAME (Parque Patricios), en los hospitales Santojanni, Pirovano, Tornú, Fernández, Rivadavia, Argerich, Penna, Vélez Sarfield y Durand. “El criterio con el que se disponen los helicópteros son casos particulares -explica-, generalmente los que corresponden al código rojo; esto significa accidentes en autopista, con víctimas múltiples o gente atrapada”.

—¿Cómo es el mecanismo desde que lo convocan hasta que llegan al lugar del accidente?

—Hay una coordinación que se inicia con el llamado de los operadores del SAME que reciben el requerimiento, lo evalúan, clasifican y ahí nos activan a nosotros.

La Tragedia de Once, el peor accidente ferroviario de Argentina. 22 de febrero de 2012. (EFE/Quintana/Archivo)
La Tragedia de Once, el peor accidente ferroviario de Argentina. 22 de febrero de 2012. (EFE/Quintana/Archivo)

—¿Cómo vive cada uno de esos traslados?

—Durante la operación en sí, por una cuestión de seguridad operacional, hay que abstraerse de la situación. Estamos muy poquito tiempo con ellos, solo minutos. Cuando llegamos al lugar, el médico y el técnico operativo los preparan, los aseguran en la camilla y los suben al helicóptero. En total son tres o cinco minutos en que se realiza todo y muchas veces pasa que, después de un tiempo, esas personas se pone en contacto con nosotros porque nos quieren agradecer por el traslado.

—Mientras dura el operativo no, ¿pero al final de la jornada?

—¡Uf! —suspira— ¡Después es muy fuerte! Es muy intenso, sobre todo porque muchas veces tenemos que hacer traslados pediátricos y eso es lo que más nos pega, los chiquitos. Es muchas veces una tarea dura e intensa. En el accidente de Once hicimos 12 traslados en una mañana. Otro caso muy triste fue la explosión de la perfumería Pigmento, en Villa Crespo. Esos dos eventos fueron de los que más me marcaron, pero es importante tener en cuenta que el equipo con que trabajo tira todo para el mismo lado. Y, lo quiero remarcar, todos tenemos el seguimiento cercano de especialistas del SAME que controlan nuestra salud mental o psicológica para mantenernos centrados. En definitiva, esta es una actividad intensa que muchas veces puede dejar huellas.

—¿Cuál de esos llamados recuerda ahora?

—El que te conté de Once. Y también el de una persona que trasladamos después que lo sacaron de adentro del auto en un accidente en la autopista. Eso emociona, porque no es común que suceda, no es fácil que nos reconozcan. Pensá que ellos están en medio de una situación muy traumática, en un accidente, heridos, conmocionados y que el traslado se realiza en pocos minutos, tres o cinco, por eso no es fácil que puedan vernos y recordarnos, pero a veces sucede y es totalmente conmovedor.

Eduardo Forgan, piloto del SAME
Eduardo Forgan, piloto del SAME

—Mencionó a la explosión de la perfumería. ¿Por qué lo golpeó tanto?

En el helicóptero van tres personas y entre ellos un bombero, porque tienen muy buen conocimiento de lo que es manejo de accidentes, sobre todo con de personas atrapadas. Son muy útiles para ayudar a los médicos y a distintas cuestiones del vuelo. Cuando llegamos a esa perfumería lo hicimos con un bombero. Nos quedamos esperándolo. Dos murieron y uno era el tripulante nuestro. Fue un mazazo para todos... (Por un momento se le quiebra la voz al recordar la muerte del comandante director Ariel Gastón Vázquez, de la Compañía de Planeamiento Desarrollo y RRHH de Bomberos de la Ciudad y del subcomisario Maximiliano Firma Paz, de la Estación VI de Villa Crespo).

—¿Y del equipo con el que realizás esas enormes tareas qué destaca?

—Todo el equipo. Como te decía, todo sucede rápido y es una situación sumamente traumática, donde las personas se sienten vulnerables, solas, desprotegidas. Mirá, en el helicóptero tenemos cámaras y después veo que durante el vuelo, el médico -que no puede hacer mucho ahí por una cuestión de espacio-, muchas veces le va a sosteniendo la mano a la persona. Se nota lo intensa que es la situación cuando en que el paciente necesita aferrarse a otra persona, que con solo darle la mano la hace sentir segura, contenida y cuidada. Eso realmente es fuerte. En el SAME hay un sentido de pertenencia que no existe en otros lugares, la gente se siente útil porque sabe que forma parte de un equipo extraordinario. En estos meses hicimos centenares de traslados de COVID positivo y allí estaban todos. La gente que conocí en este trabajo es muy valiosa.

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