Mariana, junto con su hija Victoria. En las redes sociales publicó una carta sobre su caso, el de una paciente que necesita recibir un trasplante de médula ósea de un donante extranjero
Mariana, junto con su hija Victoria. En las redes sociales publicó una carta sobre su caso, el de una paciente que necesita recibir un trasplante de médula ósea de un donante extranjero

“Hay un grupo del que nadie habla”, citó Mariana Plater en su carta. No tiene el tono de un reclamo, es un mensaje soltado al éter de las redes sociales. No tiene título, el escrito lo resume sus letras en negrita, sus partes destacadas. No tiene destinatario pero sí datos personales del remitente. Está en castellano y también lo tradujo al alemán. Visualiza la situación de un grupo del que nadie habla: “los que esperábamos ilusionados un trasplante de médula ósea proveniente de un donante extranjero”. El coronavirus y el enclaustramiento de los países hizo que su intervención se cancelara.

Mariana tiene 54, es médica pediatra y vive en Vicente López con sus dos hijos de 24 y 21 años y su marido, técnico radiólogo. Hoy vive la cuarentena obligatoria y padece el distanciamiento social con su familia, dada su condición de paciente con leucemia. Su diagnóstico: mieloide aguda FLT3 de alto riesgo. Su pronóstico: un trasplante de médula ósea urgente. El donante que cumplía con todos los requisitos para su sanación está en Alemania, pero con el cierre de las fronteras no pudo ni siquiera proceder a sacarse sangre para enviarla al país.

Mariana se enteró el lunes 16 de marzo. “Me sentí morir”, expresó. La historia comienza el 27 de septiembre de 2019. El último capítulo -por el momento- es su carta publicada el 22 de marzo de 2020. “No cuestiono decisiones ni las planteo, solo digo que los gobiernos no nos tuvieron en cuenta cuando decidieron cerrar sus fronteras”, expuso. Lamenta que su caso, como el de cientos de personas, se esconda en la vorágine diaria y permanezca en silencio.

La carta y los datos de Mariana Plater
La carta y los datos de Mariana Plater

Pero el preludio del cuento está en julio del año pasado. Mariana atribuía su cansancio al estrés laboral. Un sábado por la mañana se hizo un chequeo de rutina. Por la tarde la llamaron para que se internara. "El laboratorio salió todo mal. Estaba muy anémica, tenía las plaquetas bajas. Me empezaron a estudiar y apareció un cáncer de pulmón pequeño. Me sacaron el lóbulo a principios de agosto y el 27 de septiembre detectaron que la anomalía de la sangre era una leucemia", relató.

Lo recuerda como un golpe tremendo. “El 30 de septiembre empiezo con la quimioterapia. Por suerte la primera parte de la quimio, la leucemia remitió, eso significa que el tratamiento está haciendo efecto. Mi médula está sana entre paréntesis”. Su enfermedad tiene un gen de alta malignidad: si no se hace quimioterapia, la leucemia vuelve a aparecer. Por eso, todos los meses hace una semana de quimioterapia ambulatoria en el Hospital Alemán, donde se realiza el servicio de hematología y donde debió cursar el proceso de trasplante.

Mariana tiene ensayado el discurso. Y lo narra con naturalidad: “La única forma de curación para este tipo de leucemia es el trasplante, que destruyan toda mi médula y que me pongan la médula de otra persona sana”. La sangre de sus hijos, genéticamente compatibles con ella en un 50 por ciento, sería rechazada por su organismo. Su caso se remitió al Incucai, el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante. No había en el país candidatos posibles. Buscaron donantes afuera. Había tres: uno de Alemania, hombre joven con su mismo grupo sanguíneo, había dado positivo en los diez test de compatibilidad. Era el donante ideal.

"Del Incucai me dijeron que si fuese un problema solo de Argentina, habría un modo de resolverlo. Pero este es un cierre de fronteras global", explicó Mariana

“El 14 de febrero me confirmaron que se habían contactado con él y que había aceptado ser mi donante. Se me vino una alegría inmensa. Me hacen todos los estudios clínicos para prepararme para el trasplante y me dicen que había una fecha probable en mediados de marzo”, contó. El 3 de marzo se confirmaba el primer caso de coronavirus positivo en Argentina: era un hombre de 42 años que había regresado hace dos días de Italia. Desde entonces el avance del virus fue escalando salvajemente. Cuatro días después el primer muerto, luego la suspensión de clases, la cancelación de recitales y espectáculos deportivos, la epidemia convertida en pandemia y la disposición del gobierno nacional de anular las solicitudes de admisión como “residente temporario” a los extranjeros de zonas de alta circulación del virus. Alemania, por ejemplo.

“Cuando surge todo esto de la pandemia y empiezan a cerrar las fronteras, yo me contacto con mi médica de trasplante. Su respuesta era políticamente correcta. ‘Estamos averiguando’, me decía”. Finalmente, el lunes pasado le ratificaron sus sospechas. El gobierno alemán, que había dictado la misma resolución, le prohibía al donante realizar su extracción de sangre. El Incucai le dijo que si el problema fuese solo de Argentina, habría modo de resolverlo. Porque ni siquiera el donante debe viajar al país donde se realiza la intervención. Los vuelos de repatriación que estudia el gobierno nacional podrían ser de utilidad con un debido seguimiento médico de la extracción. La cuestión ya es de naturaleza diplomática.

“No sé qué va a pasar con ésto”, lamentó Mariana. Para una enfermedad como la suya no hay plazos ni estimaciones. Lo ideal es realizar el trasplante cuando el paciente se encuentre en el mejor estado de salud posible. Y ella ya empezó a mostrar complicaciones en su tratamiento. “El plazo es hasta que yo resista”, comprendió. Las respuestas que recibe son más contemplativas que informativas. Desde el servicio de trasplante del centro médico y desde el Incucai enviaron cartas a sus pares alemanes. Ella hizo lo mismo: tradujo su mensaje al alemán y lo reenvió a la cancillería.

La canciller alemana, Angela Merkel, reforzó las medidas de restricciones frente a las 55 muertes (Reuters)
La canciller alemana, Angela Merkel, reforzó las medidas de restricciones frente a las 55 muertes (Reuters)

Creo que en la urgencia por tomar medidas se olvidaron de nosotros. El cierre de fronteras no es solo ir de vacaciones afuera, es mucho más que eso”, expresó en diálogo telefónico con Infobae. Allí, en Vicente López, se encuentra recluida con sus dos hijos y su marido. “Si todos están preocupados por infectarse, imaginate yo en esta situación”, exclamó. Durante su relato, una sola vez evidenció congoja y angustia. No fue con su enfermedad ni con su trasplante. Su voz se entrecortó cuando recordó a los pacientes que, hoy adultos, le envían mensajes de aliento. “Desde que me diagnosticaron la enfermedad, no puedo trabajar como pediatra. Imaginate que de la noche a la mañana te digan que no vas a poder ejercer más tu carrera…”.

Mariana Plater dice en su carta que a muchos el Covid-19 les trajo encierro, pérdida de dinero, acortamiento de vacaciones o más trabajo. A ella, dice, le privó la posibilidad de curación. Ya recibió mensajes de dos personas que no podrán recibir trasplantes de médula ósea por el cierre de las fronteras. El problema, confía, se puede resolver con un diálogo telefónico entre Argentina y los países donde se encuentren los donantes.

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