Juan tuvo que dormir en el piso de la aduana en Puerto Iguazú
Juan tuvo que dormir en el piso de la aduana en Puerto Iguazú

Juan García (35) no puede contener las lágrimas. Varias veces interrumpe su relato. “Dame un segundo, no estoy bien. La situación me supera. Quiero llegar a casa”, dice desde Puerto Iguazú, uno de los puntos de ingreso de cientos de turistas con un destino incierto tras el cierre de las fronteras por el coronavirus.

El pasado 11 de marzo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el coronavirus como pandemia. A la cifra de muertos en el mundo, se le sumó la de los “varados” en el mundo que buscan desesperadamente regresar a casa. Argentinos hay 25 mil, según datos de la Cancillería, (podrían sumarse más).

El año pasado, este analista de sistemas de una empresa de laboratorios, planeó un viaje muy anhelado. “Con otros 15 aficionados del kayak decidimos ir a Bombinhas en el Estado de Santa Catarina. Una estadía de más una semana para recorrer la ciudad por el agua”, le cuenta a Infobae.

Mientras disfrutaban de esos días a pleno sol y deporte en el país vecino, el Gobierno argentino decretó el “aislamiento social, preventivo y obligatorio” y distintos países vecinos cerraron sus fronteras. “Nos enteramos de todo esto por nuestros familiares en Buenos Aires, y nos empezamos a angustiar por la situación incierta”.

Sin perder tiempo Juan -que tenía fecha de regreso el 24 de marzo en las líneas aéreas Gol- se puso en marcha para buscar una solución. “Traté de comunicarme con la empresa para adelantar la vuelta, no tuve respuesta, lo mismo sucedió con el consulado argentino”.

Frente a la falta de respuestas, los “varados” formaron grupos de WhatsApp para poder organizarse y encontrar una salida. “Son tantos que te mareás, hay un gran problema de comunicación con las fuentes oficiales lo cual complica cualquier toma de decisión”.

Juan García y los otros 15 argentinos estaban alojados en una cabañas de un camping en Bombinhas. “El 20 de marzo no dijeron que no nos extendían la estadía si necesitábamos unos días más de alojamiento. Ahí nos desesperamos”, dice.

Mientras, el Gobierno brasileño adoptó más medidas restrictivas para evitar la propagación del coronavirus. “Nos informaron que si dejábamos las ciudad para ir al aeropuerto no podríamos volver a entrar. Nunca pudimos acercaron a una ventanilla de alguna línea aérea para buscar ayuda”.

Con miedo de no poder volver a casa, se olvidó de su pasaje, la línea aérea y el consulado y consiguió un Uber local que aceptó llevarlo hasta la frontera. Viajó junto a una pareja de argentinos residente en Brasil y tardaron doce horas hasta llegar a Puertos de Iguazú. Pagaron el coche con la poca plata que les sobraba: 2.2667 pesos. Al arribar, el escenario fue caótico.

Desde el viernes la ciudad de Puerto Iguazú se convirtió en uno de los puntos de ingreso al país de cientos de turistas que quieren retornar y su regreso se dificultó debido a las medidas preventivas por el coronavirus.

El campamento en la ruta
El campamento en la ruta

Juan cuenta que los empleados de Salud Pública utilizaron pistolas infrarrojas para la tomarles la temperatura y le revisaron las gargantas de los viajeros, un control que lo pasaron sin problemas. En la aduana la policía les informó sobre la obligatoriedad de realizar un aislamiento de 14 días en sus domicilios.

Los que tenían pasajes aéreos o en micro hacia distintos puntos del país fueron trasladados, pero Juan junto a otro grupo de turistas debido pasar la noche -helada- a la intemperie y en condiciones poco higiénicas. No nos dejaban ingresar, recibimos un trato cuestionable. Dormimos en el piso en baja temperaturas. Todos aglomerados. Solo había un par de colchones para descansar, pero estaban mojados y sucios”.

Varados en Puerto Iguazú
Varados en Puerto Iguazú

Tampoco había comida, ni mucho menos agua. “Encontré unos bidones de agua, aunque jamás nos dijeron si era potable o no”.

Doce horas más tarde, desde Buenos Aires un familiar le compró una pasaje de retorno por Aerolíneas Argentinas a 10.890 pesos. No tenía más plata, me lo prestaron”. Los bomberos lo llevaron a la terminal del aeropuerto para emprender el regreso. Pero tuvieron que aguardar el vuelo pleno rayo de sol, porque no los dejaron ingresar al edificio. Una vez adentro, el colapso. Juan se encontró con otros varados que hace días que estaban en lista de espera.

“Hay un dispenser con agua y vasos sueltos. Hay carteles que dicen: lavarse las manos previo a servirse... Pero eso es a buen criterio de cada uno. No hay barbijos y mucho menos alcohol en gel”.

Varado Puerto iguazu

El panorama es desordenado e incierto. Pero Juan no es el único que anhela subirse al avión y terminar con la odisea. “Llego a Vicente López y no salgo de ahí. No quiero entrar en contacto con nadie, voy a evitar la circulación. Solo quiero estar en mi casa una vez por todas”, cierra después de una frustradas vacaciones que algún día- sueña- podrá volver a planificar.

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