Entrevista a Gustavo Cherniak, el dentista de la Villa 1-11-14. También tuvo de paciente al Papa Francisco

A Gustavo Cherniak se lo identifica fácilmente desde la calle. Con 1,97 mts de altura y guardapolvo blanco, camina con tranquilidad por una de las zonas más castigadas en seguridad de la Ciudad de Buenos Aires. Es de día, y el odontólogo se hizo una pausa para encontrarse con el equipo de Infobae en una de las plazoletas cercanas para ingresar juntos al barrio Presidente Illia, más conocido como la villa 1-11-14.

Con sus 53 años, Cherniak atiende en el centro de salud N°31 que pertenece al área programática del Hospital de Agudos Piñero. Es odontólogo cirujano desde 1991, pero trabaja en la 1-1-14 desde que se inauguró la sala en el tumultuoso año 2001. Ganó un concurso y quedó allí. Su consultorio es como cualquier otro de los hospitales públicos de la Ciudad, pero está lejos de la frialdad de los sanatorios. “Gracias por dejarnos venir a la salita”, reza uno de los varios mensajes de agradecimiento pegados en la pared. Hay varias dedicatorias de niños. Los cuatro muros de la pequeña habitación son un auténtico collage, que incluye desde fotos de la familia al afecto de los usuarios del sistema de salud.

“Hay gente que viene acá por primera vez recién a los 30 años. Eso quiere decir que nunca se les ocurrió pensar en prevención y cuidados odontólogicos. Y cuando llegan, la verdad, las bocas están en muy malas condiciones”, remarca el dentista formado en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

— ¿Qué consecuencias en la salud puede tener a futuro una boca descuidada de esa manera?

— Todos los padecimientos de bocas en abandono pasan hacia el resto del cuerpo. Si un paciente tiene caries y no las trata, todo está mezclado en su saliva. La boca es una puerta de entrada a los aparatos digestivos y respiratorios. Todo lo que no esté limpio, curado o sano, genera problemas y complicaciones en esos dos aparatos. En odontología nada se cura solo.

El dentista, con Jorge Bergoglio.
El dentista, con Jorge Bergoglio.

Habrá visto llegar a pacientes con consumo problemático de drogas. ¿Cómo llegan esas bocas?

— Desgraciadamente, el flagelo de la droga, el alcoholismo y la violencia también llegan a los centros de salud. Tenemos muchas consultas sobre consumo o de personas que padecen violencia familiar o de género. Estos episodios pueden terminar con roturas de dientes. Las bocas que consumen drogas vienen destruidas. Se les destruye el esmalte, se le destruye la dentina, y tienen problemas en las encías. Todos sabemos que un consumidor de droga u alcohol no se resuelve en cinco minutos, y por eso todo se trabaja en equipo. Por suerte acá se los contiene mucho a todos.

— ¿Salas como las del 1-11-14 tienen los recursos para reconstruir las piezas dentarias destruidas?

— Hay de todo. Si el problema es exclusivamente odontológico, tal vez se resuelva con la extracción dental y luego se puede poner una prótesis fija o móvil, o bien derivarlo a otro nivel de atención. El problema es que los pacientes tienen que hacer un seguimiento. A veces se resuelve la primera instancia de la consulta, como una una infección odontológica, y luego caen en el abandono. Pero esto también pasa en los consultorios particulares.

— ¿Un paciente con pocos recursos puede tener una calidad de atención similar a la de la medicina privada?

— El nivel de profesionales y la calidad de atención es la misma en la salud pública. La diferencia está en la cantidad de pacientes, hay una demanda muy alta de pacientes y eso hace que tengamos los consultorios llenos. Es un tema de organización, ahora por suerte ya no es necesario venir a las 5 de la mañana para atenderse.

Una amistad particular

Entre los coloridos mensajes de la pared de su consultorio, los afiches educativos sobre salud e higiene bucal, el instrumental odontológico y los escudos de Racing, se destaca una foto en la pared sobre el resto.

“Tuve muchos pacientes. He atendido a jugadores de fútbol, del ambiente artístico, pero mi paciente favorito es... Jorge Bergoglio, el Papa", comenta Cherniak, mientras intenta añadir suspenso a la cámara de Infobae y apunta a la fotografía donde posa junto al obispo de Roma.

En la época de la foto, recuerda el odontólogo, Bergoglio ya era arzobispo de Buenos Aires. Desde hacía años transitaba frecuentemente las calles del Bajo Flores y apoyaba las tareas sociales de los curas villeros de la zona, quienes se encargaban de asistir en alimentación e higiene a las personas en estado de abandono. Ese rol pastoral los unió con un vínculo intermitente y sutil, pero no menos auténtico como otro.

(Thomas Khazki)
(Thomas Khazki)

“Una vez vino, me golpeó la puerta y me pidió que atienda un paciente consumidor de paco que estaba en muy malas condiciones. Ya no había turnos y me pidió si le podía hacer una excepción. Entonces lo atendí. A partir de ahí quedó un vínculo donde volvió con más pacientes. Me trajo muchos chicos que pudo rescatar de la droga", señaló.

Aunque le gusta decir, con sorna, que Bergoglio es su “paciente” (en rigor, lo vio varias veces pero se sentó sólo una en su sillón de dentista), se considera a sí mismo como su “odontólogo de amistad”. Como es habitual en las anécdotas sobre el arzobispo, las charlas sobre fútbol, religión y el devenir de San Lorenzo y Racing eran un tema recurrente entre ambos.

"Cuando es nombrado Papa, él hace tres llamadas telefónicas. Llama a su diariero para anularle el diario; llama a su podólogo, y llama a su odontólogo, para suspenderme el turno. Me sonó el teléfono, con número oculto, y me dijo dijo: ‘Hola Doctor Gustavo, soy Jorge Bergoglio, el Papa’. Pensé que me estaba haciendo un chiste. Luego vino el ‘recen por mí’, y me dijo que siga disfrutando de lo que hago con tanta pasión y que ojalá algún día nos podamos volver a ver. Pero sí, me canceló el turno desde el Vaticano”, sonríe.

-¿Tenía la boca bien?

-Muy bien (se ríe). Se nota que es una persona responsable con su salud, meticulosa e higiénica.

Las drogas, la inseguridad y los vecinos

Cherniak saluda a los pacientes y los vecinos por su nombre como si fuera uno más. Conoce sus nombres. Su rutina está totalmente integrada a la vida barrial. Y esa relación se produce con total naturalidad, aunque su casa esté ubicada en la zona de Caballito, una realidad de clase media muy distinta a la de los márgenes del Bajo Flores. Los destinos están cruzados, más allá de las diferencias en las biografías.

"Tengo pacientes que los vi nacer, otros que han tenido un tiempo dentro de una prisión y que se atendieron con tobillera electrónica. A algunos las vi adolescentes y hoy son madres. Otros lo conocí en primer grado del colegio y ahora están en la universidad. La 1-11-14 es muy grande, yo no sé cuanta gente vive adentro pero cada vez vive más. Ponemos nuestro granito de arena desde un centro de salud”.

-Si tuviera que comparar los hábitos de higiene bucal de este barrio con otras zonas, ¿afirmaría que existen diferencias?

-La mala higiene y la mala alimentación no tiene que ver con el barrio. El consumo de drogas, de alcohol y de comidas berretas son en este barrio y fuera de este barrio. No tiene que ver con donde duermen y donde viven. Lo que importan son los hábitos.

Pero la realidad es cruda en el barrio. El odontólogo fue testigo directo de unde los tantos hechos de violencia que ocurren cotidianamente con los vecinos. Una vez, observó cómo un adolescente irrumpió con violencia en el consultorio de su salita y exigió, arma en mano, que lo atendieran y le entregaran un turno. El dentista estaba atendiendo en ese momento a un paciente. El hecho ocurrió en 2011 y tomó estado público en la prensa.

(Thomas Khazki)
(Thomas Khazki)

"Donde estamos nosotros es una zona difícil, tuvimos varias situaciones de violencia y momentos feos. Ha venido gente apuñalada, hubo robos y amenazas, hemos tenido que tirarnos cuerpo a tierra porque vimos pasar las balas. En las paradas de colectivo han robado a los profesionales del centro de salud. A mí me amenazaron acá con un revolver, porque un chico me exigió que lo tenía que atender ya porque no aguantaba más del dolor. Te puedo asegurar que ahí se te cae el alma al piso. Por suerte lo pudo ayudar su propio tío y lo sacó. Los conocemos a todos, porque son los hermanos, los amigos o los padres de la gente que se atiende en el centro. Por suerte todas las situaciones las sacamos adelante.

-¿Ahora se sienten protegidos?

-Ha mejorado bastante, cambió la política de cuidar a los empleados de acá. Tenemos seguridad privada y afuera (a pocos metros está ubicada la entrada de la 1-11-14) hay personal de Gendarmería. Estamos mucho mejor, más contenidos y las situaciones de violencia han bajado muchísimo. Pero necesitamos que la seguridad esté permanente.

-Me contó que también atiende en consultorios privados. ¿Es más fácil trabajar ahí, en esos espacios y con ese tipo de pacientes?

-Los pacientes son lo mismo. Te digo una infidencia: los de la 1-11-14 a veces son más agradecidos. Te agradecen con un abrazo, con un chocolate. Si una mamá hizo un guiso de lentejas en pleno invierno, te puede traer una porción. O que una mamá te cuente la anécdota de que su hijo pasó de grado, de lo feliz que está, y que ahora se cepilla los dientes, es un valor muy importante. A mi me pasó que, cuando mi esposa estaba embarazada, una paciente se enteró que iba a ser papá por primera vez y a la semana me entregó un vestidito hecho a mano para mi nena. Yo me puse a llorar en ese momento, porque el agradecimiento fue de corazón. En los consultorios privados también te lo agradecen, pero en definitiva es un vínculo más económico. Terminan el tratamiento, lo pagan o firman un papel, y se terminó todo ahí.

Cuando la entrevista llega a su fin, Cherniak se acerca a un mapa que muestra el funcionamiento del área programática del Hospital Piñero. Insiste que su trabajo se trata de un esfuerzo colectivo. Locuaz, explica que es fundamental la cooperación entre las autoridades sanitarias y los 50 trabajadores de la salud que atienden en la sala de la 1-11-14.

-Hace veinte años que está en este centro de salud. ¿Te ves diez años más acá?

-A mí me encanta lo que hago. Me levanto todas las mañanas con alegría porque disfruto venir. Estudié en la universidad pública y siento que esto es mi manera de devolverle la gratitud que tengo a la universidad. A mí me encanta venir a trabajar acá. Para mí cada paciente es una historia de vida y una alegría personal. Yo soy feliz. Ojalá sean diez años, veinte o lo que me de el tiempo y el físico.

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