Rocío Eiriz empezó a estudiar en Harvard en agosto del año pasado
Rocío Eiriz empezó a estudiar en Harvard en agosto del año pasado

El 8 de octubre es una fecha especial para Rocío Eiriz. Por algún motivo u otro, parece atravesar su vida. Se obstina en perseguirla, en el festejo y el dolor, como si se tratara de un mensaje encriptado. Tan especial es esa fecha, el 8 de octubre, que es el título que eligió para el ensayo que le permitió ingresar y recibir una beca total para estudiar en Harvard.

En agosto del año pasado, cuando arrancó a cursar el primer semestre, Rocío dejó José C. Paz con 18 años para mudarse a su habitación en el campus. En Estados Unidos tienen un primer año de orientación, en el que eligen materias más bien generalistas. Todavía le queda desandar su segundo semestre para recién entonces elegir la carrera. Aunque ella ya lo tiene decidido: seguirá economía.

El camino hasta Harvard no fue sencillo. Recibió una primera beca de la red EducationUSA, que le cubrió los costos de los exámenes que debía rendir, la traducción de los documentos que tuvo que presentar y el asesoramiento para las entrevistas. Durante un año, el último de la secundaria, estuvo abocada a su proceso de admisión.

“Yo desde muy chica quería estudiar afuera. Tener una experiencia universitaria muy distinta a lo que conocemos: una vida dentro del campus, con compañeros de todos lados. Sabía que era difícil, pero creía que lo iba a lograr. Hice todo el esfuerzo para tener la posibilidad”, le contó a Infobae desde Boston.

Rocío sabía con qué se iba a encontrar en Harvard: una vida en continuado, sin doble faz. “Siempre estoy metida en la vida universitaria”. Su rutina y sus relaciones personales se entremezclan en el campus. Estudia con los mismos compañeros con los que convive los siete días de la semana, con lo que almuerza o pasa su tiempo libre.

Después de un riguroso proceso de admisión, Rocío consiguió una beca del 100%
Después de un riguroso proceso de admisión, Rocío consiguió una beca del 100%

En Harvard hay solo tres argentinos que, después de terminar la secundaria en el país, emigraron para hacer la carrera de grado. El proceso de admisión es riguroso y el filtro muy grande. Una de las cartas fuertes se juega en la presentación de los ensayos. Se les pide a los postulantes que presenten textos de 600 palabras que los describa a través de vivencias personales; una suerte de autorretrato a partir de una o varias experiencias.

“Cuando me senté a escribir, puse lo que me fue saliendo en ese momento. Sabía que ‘ese’ era el tema del que debía escribir. No había nada que me describiera más”, comentó la estudiante.

“Ese” es un hecho trágico que marcó su vida para siempre.

El 8 de octubre, el día del cumple de su madre, del cumple de un compañero y de la profesora, del nombre de una avenida con la que siempre se topa en Montevideo, ese día mataron a su padre.

Fue en 2013. Gabriel Eiriz llegó de noche a su casa en La Lonja, partido bonaerense de Pilar. Dos personas lo esperaban escondidas y cuando se acercó para cerrar el portón recibió un tiro en la cabeza que lo mató en el acto. En los días previos, había denunciado la existencia de fiestas clandestinas en quintas aledañas e incluso había revelado amenazas de muerte de parte de una agente de la Policía Federal.

Una de las últimas fotos de Rocío con su padre, Gabriel, y sus dos hermanos, Tadiel y Yago
Una de las últimas fotos de Rocío con su padre, Gabriel, y sus dos hermanos, Tadiel y Yago

Cuando su padre fue asesinado, Rocío tenía 12 años. Sus dos hermanos menores, Tadiel y Yago, apenas 7 y 8. “Fue algo completamente inesperado, diría que inentendible. Todavía sigue siendo incomprensible hasta el día de hoy. Pasaron más de seis años y aun no hay justicia. Estoy muy orgullosa de contar el esfuerzo que hace mi familia para que se siga investigando, porque cada esfuerzo implica revivir la situación y eso duele muchísimo”.

Con ese dolor, escribió su ensayo sobre el crimen de su papá.

El 28 de marzo de 2019 ingresó al sistema y se encontró con que había sido admitida en Harvard, con que recibiría una beca total. Ya en la universidad, tuvo acceso a parte de su “admission file”, el archivo donde discutieron su solicitud. Descubrió que, además de su promedio de 9,10 en la secundaria, de su rendimiento en los exámenes de inglés y la buena imagen que dejó en las entrevistas, una de las llaves de su ingreso había sido ese texto a corazón abierto.

Esto es lo que escribió:

8 de octubre

Hay una fecha que siempre parece seguirme. Técnicamente, el 8 de octubre solo viene una vez al año, como el 21 de marzo o incluso el 10 de enero. Tampoco está escondido en algún lugar inesperado del calendario, está justo ahí entre el 7 y el 9 de octubre. Aún así, a veces siento que está en todas partes.

La “Avenida 8 de Octubre” es lo primero que veo al entrar a Montevideo después de un largo viaje de siete horas en auto. He hecho este viaje tantas veces que me siento como en casa. Estar expuesto desde muy joven y durante toda mi vida a los matices entre dos países diferentes despertó mi interés por la comunicación internacional. Sin embargo, extrañamente, ser medio uruguaya me hace sentir más argentina. Después de girar a la izquierda, estoy en el hospital donde, un 8 de octubre de hace cuarenta y cinco años, nació mi madre. El 8 de octubre es un día de comienzos.

Durante mi infancia, tuve que perderme muchas de las fiestas de cumpleaños de mi compañero de clase Thomas, ya que estaba festejando los cumpleaños de mi madre. Casualmente, Thomas también compartió su cumpleaños, el 8 de octubre, con otro de nuestros amigos. El 8 de octubre de 2012, mi profesora de inglés trajo una torta de cumpleaños para compartir con Thomas y el resto de la clase. Empecé a observar que era una fecha memorable: resultó ser el cumpleaños de ella también. El 8 de octubre es un día de festejo.

Desde entonces, Thomas se ha mudado. Sin embargo, casi una década entera después, la mayoría de esos 23 chicos siguen conmigo 9 horas al día, 5 días a la semana. A lo largo de los años, no sólo me han llamado amiga, sino también en broma "mamá", "profesor" o incluso "Messi", como hacemos acá en Argentina en honor a quien llamamos el mejor jugador de fútbol del mundo. Este último suele venir después de recibir mis apuntes de clase para estudiar para los exámenes. A medida que la escuela primaria se convirtió en secundaria, nuestra clase creció hasta convertirse en nuestra familia. Como "la mamá", un papel que me gané por ser la más responsable y la que vela por el éxito de todos, soy a quien pueden acudir en busca de ayuda; desde descifrar la filosofía trascendental de Kant hasta elaborar una reacción redox aparentemente imposible a la 1 de la madrugada, o simplemente algún consejo personal.

Recuerdo el 8 de octubre de 2012 a menudo. Eso es porque exactamente un año después de esa fecha fue el día de la muerte de mi padre. Inesperado. Incomprensible. Aplastante. Estaba llena de más preguntas que respuestas, con más dolor que lecciones, con más injusticia que legalidad. El 8 de octubre es un día de finales.

Pero también ese día comenzó una pelea sostenida por mí, mi abuela, mi tío, incluso por mis hermanos menores, que quedaron sin su padre a los 7 y 8 años. Es duro, largo, desgarrador, agotador, pero sin embargo vale la pena luchar. Una lucha por la justicia por una vida que nos fue arrebatada deliberadamente y sin piedad. El 8 de octubre es un día para la resistencia.

La familia Eiriz sigue pidiendo justicia por el crimen
La familia Eiriz sigue pidiendo justicia por el crimen

Cuando el 8 de octubre finalmente llega cada año -sorprendentemente, no más de una vez- intento tratarlo como un día ordinario. Recuerdo vívidamente el año pasado como lo pasé alentando a mi amiga para que ganara su torneo de tenis. Simultáneamente, sin embargo, estaba recordando, cuestionando, reflexionando. Recuerdo otros cuando me quedé sin dormir tratando de darle sentido a la situación sólo para darme cuenta de que el sentido es precisamente lo que le falta. Esta fecha, entonces, es para mí tanto un día de pérdida como de crecimiento. El 8 de octubre es un día de reflexión.

Muchos 8 de octubre me han moldeado. Otros parecen estar a mi alrededor todo el tiempo: cuando abro un libro de historia, cuando recibo una notificación de Facebook, cuando busco en la página de Wikipedia un jugador del rival de mi equipo de fútbol. Muchos más están por venir. No puedo evitar preguntarme dónde estaré en el próximo.

Más de seis años pidiendo justicia

Desde el 8 de octubre de 2013, pasaron ya más de seis años. Todavía la investigación no pudo dar con los autores materiales del crimen. En la causa hay tres imputados, todos ellos en libertad. Uno de ellos es la policía Mariela Pérez Argüello, acusada de amenazar de muerte a Eiriz veinticinco días antes del asesinato.

“Enfermo de mierda. Dejá de romperle las pelotas a mi prima porque vamos a ir a tu casa”. “No te olvides que trabajo en un juzgado. Que sé dónde vivís. Vas a terminar mal”. Esos fueron algunos de los mensajes que salieron desde el celular de la policía el 13 de septiembre de 2013, según el expediente.

Gabriel Eiriz, la víctima del homicidio
Gabriel Eiriz, la víctima del homicidio

Pérez Argüello se presentó como la prima de otra de las imputadas: Amelia Storani Domínguez, dueña de una quinta en Los Tilos, el barrio donde vivía la familia Eiriz, aunque después se demostró que no había un parentesco. En esa quinta y otras cuatro de la zona es donde aparentemente se hacían las fiestas clandestinas, que según la denuncia incluían ventas de drogas y prostitución. El tercer imputado es Ezequiel Salsamendi, que alquilaba la vivienda, el presunto organizador de las fiestas. De hecho, una noche Gabriel se habría acercado a la casa para pedir que dejaran de hacer ruido y Salsamendi le habría respondido con prepotencia.

Después de años sin avances, al filo de la prescripción de la causa, el miércoles pasado se inició el juicio contra la agente policial. En los tribunales correccionales de San Isidro, estuvo también Storani Domínguez, su supuesta prima, que se presentó como testigo a favor de la acusada. La fiscalía y la familia esperan que el próximo miércoles 26 de febrero se dicte la pena máxima por amenazas que es de 4 años de prisión efectiva. Los fiscales también acusaron al marido de Pérez Argüello, que se desempeña como bombero, por falso testimonio. El matrimonio alegó que Gabriel llamó a Pérez Argüello en tono vehemente antes de las amenazas y que ella, ofuscada, le envío después los mensajes. Ese argumento se demostró que no era cierto.

En tanto, el juicio por homicidio, en el que Storani Domínguez, Salsamendi y Pérez Argüello figuran como acusados, todavía está pendiente, sin fecha fijada.

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