En Playa Grande una chica de remera amarilla que carga una cámara reflex, se acerca a una familia en la orilla y pide permiso para sacar una foto “sin compromiso”. La toma, hace otra, da algunas indicaciones, vuelve a gatillar. Después las muestra en el visor tapando con la mano el reflejo del sol, hace un chiste a la pasada, deja una tarjeta y desaparece entre sombrillas de colores.

Desde hace ya varios años que es común tener una cámara en el bolsillo, la mochila o la cartera. Lo que empezó como un lujo de los primeros smartphones, hoy es parte estable del entorno. Y entonces, en tiempos de filtros de Instagram y palitos para selfies: ¿Quién pagaría para que le saquen una foto?

“A mi hijo de 5 años le saco fotos con el celular”, admite Diego Fernández Heugas (52), que hizo de la foto en la playa en Mar del Plata una empresa y un clásico de todos los veranos. Empezó en 1991 y en 29 años de trabajo cuenta 40 temporadas trabajadas entre La Feliz, Pinamar, Bariloche y España, con 4 millones de fotos sacadas.

Diego con toda su experiencia a cuestas, ante la pregunta de Infobae, no duda en afirmar: “Si la foto de playa no murió hasta ahora no va a morir jamás, porque nosotros seguimos vendiendo miles de imágenes”.

Su oficio sería para cualquiera en la teoría y desde el saber común “una mala inversión”. Y es que en cada cliente hay un competidor: un albañil, abogado, arquitecto o periodista, que sin titubear desenfunda su celular y deja que en su mano el dispositivo adapte las luces, el foco, la profundidad y hasta haga un retoque automático.

“No estoy ajeno a la realidad de todo el mundo pero tratamos de diferenciarnos de el 95% de la gente que saca fotos con un celular de buena calidad, y que son imágenes que nunca van a ver la luz, que nunca van a estar colgadas en una pared o llegar a un portarretratos”, introduce un foco que hasta el momento no era tenido en cuenta: el romanticismo de la foto papel.

Esa es una de las diferencias con las que intenta competirle a la tecnología. El encanto de la imagen recién impresa, el olor de las tintas, el verse sin una pantalla de por medio, la posibilidad de colgar la instantánea en algún rincón de la realidad, sin intermediarios.

“Antes era a rollo, la gente veía con lupa las imágenes y le fuimos dando batalla a los celulares a partir de reinventarnos, de la posibilidad de mandar la foto por mail, de sumar más fotógrafos para cubrir más playas y más balnearios”, explica el dueño de Fotoshow Estudio Fotográfico, que este verano tiene a 25 personas -él incluido- gatillando por Mar del Plata.

“De los 25 fotógrafos soy el que mas éxito tiene y es porque yo no le doy opciones a la gente. Veo a un nenito y le digo al padre ‘dejame que capte este momento único y después la venís a ver al local sin compromiso’”, comparte con Infobae, algunos de los gajes del oficio que intenta inculcarle a los que cada temporada trabajan con él.

Diego junto al equipo de fotógrafos playeros 2020
Diego junto al equipo de fotógrafos playeros 2020

Y agrega: “La foto se vende en la playa, no la transacción económica, pero lo que la gente también compra es tu desenvolvimiento, tu manejo, eso es lo que hace que el que viene ver sus fotos al local lo haga ya con otra predisposición”.

“A veces el más pintado, el que tiene la mejor malla, la mejor reposera, es el que no te va a comprar. Y el más humilde, el más alejado de la posibilidad de estar fotografiado, sí. Nosotros les sacamos a todos por igual, la misma rutina para todos”, comparte.

Milagros (35) es de Capital Federal y después de quedarse sin trabajo, sin vacaciones, encontró en las fotos de playa una forma de pasar la temporada. “Por lo general la gente no tiene el celular en la mano todo el tiempo, entonces tratamos de encontrar esa situación divertida, ese momento en que necesitan la foto de afuera”, explica sobre el trabajo.

Junto a ella están sus compañeros, Ezequiel (20), Manuel (18) y Sol (23). Los cuatro fotógrafos quedaron de un filtro de 500 postulantes para esta temporada 2020. “Es muy importante la entrevista personal, es donde te das cuenta quién va a funcionar y quién no, los que tienen actitud, los que tienen hambre”, dice Diego.

Sol, Milagros, Manuel y Ezequiel en Playa Grande
Sol, Milagros, Manuel y Ezequiel en Playa Grande

El año pasado Infobae Cultura entrevistó al fotógrafo argentino Aldo Sessa, que a los 80 años presentó Mi Tercer Ojo, su primera muestra realizada íntegramente con el celular. El hombre que ilustró el libro de poemas de Borges, Cosmigonías, en 1976 y que tuvo un vínculo cercano con Ray Bradbury, hablaba también de esta dialéctica en la que en estos tiempos parece jugarse la fotografía.

"El teléfono lo que tiene además es que te hace jugar. Yo he vuelta a mi infancia, estoy mucho más experimental que nunca en mi vida. Siempre hice muchas cosa experimentales, pero mucho más elaboradas, con más elementos”, decía Sessa durante la entrevista, en la que además rescataba cómo la cámara en el teléfono le había dado a la media de la gente “formación visual”.

"Me parece que la gente ahora tiene más acceso a todo tipo de fotografía y sabe más lo que quiere, pero eso también hace que como son dos resultados totalmente distintos puedan, apreciarlo. Cuando comparan la foto con una cámara real y con un lente real, se dan cuenta que hay mucha diferencia”, dice Sol.

Vanina, Azul y a sus espaldas una clásica postal marplatense: el lobo marino de Fioravanti
Vanina, Azul y a sus espaldas una clásica postal marplatense: el lobo marino de Fioravanti

“Nosotros ofrecemos la fotografía típica en el lobo, también puede ser con el fondo del Casino o en la playa”, le explica Vanina (22) a Infobae, fotógrafa de Foto YA! otra de las empresas, parada frente a la obra más conocida del escultor José Fioravanti en Mar del Plata, a apenas 100 metros del Gran Hotel Provincial y sobre la tradicional Rambla marplatense.

Según Vanina y su compañera, Azul (24), que está junto a ella con una cámara al hombro, los que más acceden o se acercan a la foto son parejas y familias numerosas. También están los que año a año coleccionan la misma foto, una secuencia que continúan todos los años y que ellas ofrecen en forma de álbumes y calendarios, entre otras alternativas.

Los fotógrafos de playa dan pelea y se resisten a rendirse ante la masividad de los celulares, como ocurrió con los que trabajaban en la peatonal San Martín o aguardaban en las puertas de los teatros para sacar fotos a los turistas con los actores que salían a saludar.

Diego dice que por temporada él logra vender, a pesar de una leve baja tras la aparición de los celulares, unas 15 mil imágenes. Después,sobre la razón por la cual, con una cámara en el bolsillo del traje de baño, alguien elige que le saquen una foto y pagar por eso, reflexiona: “La gente no compra tanto la calidad, compra emociones”.

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