Llevaron talleres de fútbol a barrios marginales y algunos de sus jugadores ya se prueban en clubes de primera

Lo que empezó hace ocho años como una iniciativa de un grupo de amigos se convirtió en Fundación El Potrero, una organización que busca acercar a los chicos al deporte y alejarlos de las esquinas: “Lo que queremos es que tengan una oportunidad”

asantander@infobae.com
Fundación "El Potrero": Barrio Obrero

Una escena que se repite. Un grupo de personas llega a un barrio a las afueras de la Capital Federal y propone organizar actividades. Piden permiso para ayudar, preguntan dónde está el comedor, dejan algunos alimentos. Traen volantes con propaganda, y a espaldas de ellos siempre hay rodando una pelota de fútbol blanca, recién inflada, detrás de la que un grupo de chicos hace bulla.

Van a volver a la semana siguiente, a saludar por el nombre y a dedicar buena parte de la tarde a anotar en un papel o una libreta apenas algunas de las urgencias de ese barrio urgente. No tardará mucho el mismo rostro de los volantes en aparecer un día de sol, sacarse fotos, charlar, aceptar un mate. Después todos van a desaparecer para siempre.

Fundación El Potrero comenzó a trabajar hace ocho años en barrios vulnerables en Troncos de El Talar, en el partido de Tigre
Fundación El Potrero comenzó a trabajar hace ocho años en barrios vulnerables en Troncos de El Talar, en el partido de Tigre

“El que viene lo hace un mes, dos meses, lo que le sirve y se borra. Y quedan los chicos, la gente, la tristeza, las ganas de hacer un montón de cosas”, le cuenta Eli (33) a Infobae, una de las vecinas que desde hace tres años colabora con el comedor El Mundo del Revés, un tres ambientes en el que la cocina hierve bajo el techo de zinc y le da de comer todos los días a casi 300 chicos, de los barrios Mugica, Inta, Bermejo y Auxiliadora, en Villa Lugano.

Y es por eso que Eli recuerda con detalle cuando llegaron los chicos de Fundación El Potrero. Porque ellos se quedaron. “Estábamos como un día cualquiera y cuando vinieron con la propuesta y para nosotros fue increíble, no podíamos creerlo, era la oportunidad que estábamos esperando. Tenemos muchísimos chicos y necesitábamos en quién apoyarnos”, recuerda a seis meses de ese día en el que les tocaron la puerta del comedor.

Con una camiseta de la Selección y el 6 en la espalda, Jonatan "El Chino" Vera, de 11 años, asegura: "No me voy a olvidar de donde vengo"
Con una camiseta de la Selección y el 6 en la espalda, Jonatan "El Chino" Vera, de 11 años, asegura: "No me voy a olvidar de donde vengo"

“Pensamos que también se iban a ir”, le confía en cambio Jonatan, “El Chino”, de 11 años, a Infobae, según sus compañeras el que mejor juega de los cerca de 60 que van al taller en el Barrio Obrero de Lugano.

“Con los profes hablamos de los jugadores grandes, los que empezaron desde abajo”, dice él y a la distancia, mirando el sueño en algún lugar de ese futuro en el que todo es posible, asegura: “Cuando llegue no me voy a olvidar de donde vengo”.

Fundación el Potrero nació hace ocho años en el barrio Los Troncos, en Tigre, y de a poco se fue abriendo paso por más calles de tierra dentro de la Capital Federal. La sede Padre Mugica, en la villa 31, la sede Bajo Flores y la del Barrio Obrero, en Villa Lugano. Algunos de los chicos llegaron incluso a probarse en clubes de primera, y por eso también sueñan los profes con el día en que tengan que pagar una entrada para verlos jugar.

Son entre 50 y 60 chicos los que forman parte de los talleres de fútbol de Fundación El Potrero
Son entre 50 y 60 chicos los que forman parte de los talleres de fútbol de Fundación El Potrero

“Es un pequeño emprendimiento de ayuda social que al ser con amigos lógicamente fluye mucho más”, le dice a Infobae uno de los fundadores del proyecto, Alfredo Romano. Entre otros de los logros a lo largo de estos años estuvo la alianza con Racing Solidario a través de “Fútbol para el Cambio Social”, una iniciativa que los ayudó a entrar el radar del fútbol grande, a partir del contacto con el club de Avellaneda.

“Lo que nos ha ido pasando con el tiempo es que uno se frustra porque hay chicos que evolucionan y toman un sendero lindo, cerca de la escuela, la familia, la educación y lamentablemente otros chicos se alejan más con el tema de las drogas, la calle, la violencia y finalmente lo que puede ser el crimen”, admite.

Los talleres son mixtos y los dan profesores del barrio, coordinados por los integrantes de El Potrero
Los talleres son mixtos y los dan profesores del barrio, coordinados por los integrantes de El Potrero

“Si un padre tiene que llevarlo a un club de barrio o a una escuelita muchas veces lo que pasa es que no tiene los recursos, o no tiene el tiempo, entonces para nosotros desde el principio fue una alegría enorme poder estar, porque los chicos te esperaban con los brazos abiertos para poder entrenar”, recuerda sobre las primeras experiencias, cuando la Fundación eran solamente un grupo de amigos con ganas de ayudar.

Y sigue: “Sólo con el boca en boca de que se está dando un taller de fútbol, donde hay un profe que todas las semanas va y entrena, que no falta, que hay pecheras, que hay normas para poder jugar, se llena. Hoy tenemos 50 o 60 chicos por taller y si pudiéramos tendríamos más, pero por un tema de limitaciones no podemos”.

Fundación El Potrero tiene cuatro sedes, una en Tigre, otra en Retiro, Bajo Flores y Villa Lugano
Fundación El Potrero tiene cuatro sedes, una en Tigre, otra en Retiro, Bajo Flores y Villa Lugano

Los profesores son del barrio y en el taller reciben chicos hasta los 14 años. La edad es siempre un tope difícil de establecer, más cuando muchos crecieron junto a la fundación, pero dicen los organizadores, se vuelve un límite necesario. Es en parte por eso que buscan no agotar el trabajo en el juego.

“Queremos lograr poder potenciar con distintas entidades que nuestros chicos también tengan la posibilidad de un oficio, de un trabajo digno o de poder formarse. Intentamos darles una beca alta, pero donde ellos también tienen que pagarse algo, para que sientan que todo requiere un esfuerzo, que las cosas cuestan y que no se regalan”, explica Alfredo, mientras detrás de él Belinda, de 10 años, intenta hacer un caño y Evelyn, de 11, se sonríe con la osadía de su amiga.

Fanática de River, Belinda López, de 10 años, dice: "Al principio se quejaban porque no sabíamos jugar, pero les respondíamos que ellos tampoco"
Fanática de River, Belinda López, de 10 años, dice: "Al principio se quejaban porque no sabíamos jugar, pero les respondíamos que ellos tampoco"

Las chicas en Barrio Obrero juegan a la par de los varones. No hay diferencias y sus compañeros admiten que “ahora juegan bien”. Ellas recuerdan los primeros días en los que se quejaban de la falta de timing, de las imprecisiones, pero medio año más tarde no hay rastros de nada que se le parezca. Son los grandes que circunstancialmente pasan y dedican unos segundos a mirar el partido, los que comentan “que bien las chicas”, sorprendidos por un pase filtrado o una gambeta corta.

El alambre está roto, ausente en varias partes del perímetro y el suelo no tiene líneas en los laterales, ni en las áreas. Es un playón de cemento al que únicamente los arcos convierten en una cancha de fútbol. Los profes, los chicos, los padres, tienen claro que en el barrio todo cuesta, todo tarda, que la necesidad siempre en algún momento termina desbordando los esfuerzos, que son muchos, pero que nunca son suficientes.

“El evento más importante en este lugar es el Día del Niño, que lo tenemos que hacer a toda costa, y nos ha pasado de no poder sustentar a todos los chicos y tener que terminar cerrando el comedor. Todos los años nos pasa de no llegar con los juguetes y es muy difícil decirle a un chico que no”, dice Eli con la voz temblándole en la última sílaba, aunque esa esté muy lejos esa de ser la mayor dificultad a la que le toca hacerle frente.

Desde hace tres años el comedor "El Mundo del Revés" le da de comer a casi 300 chicos de cuatro barrios vulnerables de Villa Lugano
Desde hace tres años el comedor "El Mundo del Revés" le da de comer a casi 300 chicos de cuatro barrios vulnerables de Villa Lugano

“Te da tristeza ver chicos de 11, 12, 13, años que están perdidos. Ya saben la realidad de la vida, de lo que hay en su ambiente, del alcohol, de la droga, crecen así, son los mismos padres a veces. Yo no le puedo decir a un chico que no hay droga, cuando en la esquina ve que la están vendiendo. Es difícil tapar esa realidad y la aprenden demasiado temprano. Por eso es muy importante hablar”, agrega, y comenta que junto a El Potrero intentan por estos días sumar ayuda psicológica.

En palabras Lucas, de 14 años, uno de los más grandes de los que corren atrás de la pelota en la cancha de Barrio Obrero, y que sabe desde el año que viene no podrá seguir siendo parte del taller: “Estaría bueno que se siga esto, que no se termine acá, que haya muchos más proyectos. Son sentimientos que se sienten. En tu casa te pueden retar, pero salís y te encontrás con esto y es como que decís: ‘Acá estoy’”.

En su página web Fundación El Potrero se define como “mucho más que fútbol” y habla de una “transformación social a través del deporte”. Los que la integran, un grupo de amigos que hace ocho años se propusieron ayudar, saben que no todos, con suerte unos pocos, llegarán a probarse en un club profesional, jugar en primera, ser futbolistas. Pero también que mientras persiguen ese sueño, sumando voluntades, es posible darles las herramientas que les permitan torcer el rumbo de las cosas.

Fotos y video: Lihue Althabe

Producción y edición: Bruno Rattazzi

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