El momento de la tradicional sirena es cuando el público rememora a las 85 víctimas alzando sus fotos y sus historias
El momento de la tradicional sirena es cuando el público rememora a las 85 víctimas alzando sus fotos y sus historias

A Sergio Villafañez lo sorprendió la bomba en la estación de subte de la Facultad de Medicina. A las 9:44 del 18 de julio de 1994 se había ido de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) después de despedirse de su amiga Andrea Guterman. Estaba volviendo al hotel para volar hacia Comodoro Rivadavia, donde aún vive. Había estado en la zona de la biblioteca y realizaba labores por entonces en la bolsa de trabajo. Lo salvó la voluntad arbitraria del tiempo y el azar. Desde entonces, no falta nunca a Pasteur, entre Tucumán y Viamonte.

"Todos los años vengo. El primer acto lo hicimos enfrente de la Facultad de Medicina, cuando todavía acá estaban los escombros. Siempre viajo en el primer vuelo del día o en el último del día anterior", relató, cuando aún faltaba más de una hora y media para que comenzara el homenaje. Estuvo parado en el mismo lugar desde las ocho hasta las once de la mañana. Contemplativo, cabizbajo, estremecido, con el cartel de su amiga en una mano, sostenido por la valla y la multitud, con el grito preparado de "presente" en la voz.

Sergio Villafañez con la imagen de su amiga Andrea Guterman. No faltó a ninguno de los 24 actos en memoria de las víctimas de la AMIA
Sergio Villafañez con la imagen de su amiga Andrea Guterman. No faltó a ninguno de los 24 actos en memoria de las víctimas de la AMIA

Su figura magnetiza. Sin saberlo, los fotógrafos lo retratan siempre. Aparece en cada galería de fotos de cada aniversario. Es como si el tiempo no hubiera transcurrido en su memoria. Validó, en diálogo con Infobae, que todos los aniversarios son iguales: es la misma pena y la misma postal. Los reporteros, visitantes y vecinos suscriben. La dinámica es similar desde hace varios años. A las 9:53 resuena la alarma que respeta el reloj del atentado. Se nombra a las 85 víctimas con suficiente pausa para que la multitud grite "presente". Se intercalan oradores, videos conmemorativos, interrupciones de tinte política y el rezo final. La sucesión de hechos se repite y el paisaje también: hay un escenario, un rincón para visitantes destacados y el público que inunda Pasteur. Por eso las fotos en fuga, aunque distintas, son semejantes.

"En Pasteur al 600 funciona la AMIA", dijo la voz de un niño en el video que daba comienzo al acto. El periodista Fernando Bravo condujo la ceremonia de un aniversario que llevó por nombre "85 vidas arrancadas, 25 años de impunidad". El presidente de la AMIA, Ariel Eichbaum, fue el primero en recitar su discurso. Calificó al hecho como uno de los instantes más traumáticos de la historia argentina y sostuvo que el dolor permanece igual que en 1994. "¿Cómo es posible que 25 años después no haya un solo responsable preso cumpliendo condena por este delito de lesa humanidad?", se preguntó con impotencia.

“Nuestro reclamo no cesará hasta que sean juzgados y condenados los responsables materiales e intelectuales del ataque”, dijo el presidente de AMIA
“Nuestro reclamo no cesará hasta que sean juzgados y condenados los responsables materiales e intelectuales del ataque”, dijo el presidente de AMIA

"Nuestra sociedad, que anhela imperiosamente se haga justicia porque no hay otro camino que evite repetir los errores del pasado, ya lleva un cuarto de siglo envuelta en un dolor de pérdidas irreparables y sin sentido", expresó. Dijo que "la peor frustración que puede tener la democracia es la impunidad" y concluyó con una advertencia: "Hasta que haya justicia no vamos a parar".

Cuando tomó el micrófono Florentino Sanguinetti, ex director del Hospital de Clínicas, aparecieron rayos de sol iluminando franjas de la multitud, nutrida por numerosos médicos y empleados del establecimiento médico que asistió a más de cien heridos graves del atentado. "La dirección dispuso el libre acceso en todas las entradas y la suspensión de todas las actividades programadas en ese día. No hubo ningún acto de violencia y no se recibieron quejas. Pudimos realizar nuestro trabajo con normalidad, lo que significó un consuelo a nuestra tristeza y un atenuante para nuestro estupor", narró el profesional.

Sergio Villafañez, con la cabeza gacha, y el resto de la multitud que colmó el asfalto de Pasteur al 600 (Fotos Adrián Escandar)
Sergio Villafañez, con la cabeza gacha, y el resto de la multitud que colmó el asfalto de Pasteur al 600 (Fotos Adrián Escandar)

Contó que a la semana del atentado, en el hospital que queda a dos cuadras de la mutual judía, recibieron una amenaza de bomba. Por entonces, la terapia intensiva estaba completa y muchos de los heridos permanecían internados. Resolvieron continuar con las actividades sin activar la evacuación, pero permitiendo que aquel que quisiera retirarse, pudiera hacerlo. "Nadie abandonó el hospital", valoró Sanguinetti. Con la voz quebrada, habló del contraste entre la paz y la guerra, la civilización y la barbarie. "Los médicos del hospital sentimos que el atentado a la AMIA partió en dos nuestras vidas. Después de ese día ya no fuimos los mismos".

"A seguir, a no bajar la guardia, siempre a seguir, no esperes, no te enseñaré a vivir", cantó Juan Carlos Baglietto con el piano de fondo de Lito Vitale. El tema de Fito Páez "Las cosas tienen movimiento" sirvió de preludio para escuchar el discurso de Sofía Guterman, madre de Andrea, la amiga de Sergio, quien escuchaba conmovido y receptivo.

“Fue un avasallamiento a la soberanía argentina. Murieron judíos y murieron católicos, no pidieron documentos de identidad para matar. La sociedad tiene que mentalizarse: salir de esa bendita grieta, ser unidos para ser más fuertes”, dijo Guterman (Maximiliano Luna)
“Fue un avasallamiento a la soberanía argentina. Murieron judíos y murieron católicos, no pidieron documentos de identidad para matar. La sociedad tiene que mentalizarse: salir de esa bendita grieta, ser unidos para ser más fuertes”, dijo Guterman (Maximiliano Luna)

Minutos antes, Sofía reconoció que representar a muchos familiares de víctimas la pone nerviosa. "Hoy posiblemente esté más nerviosa que otros años porque ahora estoy más grande, 25 años más grande. Se cumplen 25 años de un atentado que pensábamos iba a ser esclarecido mucho tiempo antes". Su reclamo de justicia se intensificó: "Si todavía no se dieron cuenta que pasaron 25 años, a lo mejor diciéndoles que pasó un cuarto de siglo toman más dimensión del tiempo que transcurrió. ¿Hasta cuándo vamos a estar esperando?".

Infobae le preguntó cómo se imagina el porvenir. No esbozó una dosis de optimismo: "Lamentablemente, pienso que los aniversarios siguientes van a ser iguales. El tiempo nos está jugando en contra a los familiares mayores. No tenemos un contrato de vida. Por suerte ya hay una nueva generación que viene siguiendo nuestros pasos. Sería terrible volver a otro número redondo, a los 30 años, y tener que decir lo mismo que estamos diciendo ahora". Y lo que dijo minutos después era justicia, justicia, justicia.

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