"No hay plan(eta) B", dice la pancarta. La sostiene una joven de menos de 20 años frente al Congreso de la Nación. "Ninguna especie inteligente destruiría su propio hogar", dice otro cartel. "La indiferencia no es una política sino una condena". "No queremos un medio ambiente, lo queremos completo"… Las consignas se acumulan una detrás de otra, las movilizaciones suelen suceder los viernes y los protagonistas siempre son jóvenes.

La referente mundial es, claro, Greta Thunberg, una activista sueca de 16 años famosa por participar cada viernes de una marcha pidiendo un cambio de conciencia y por su charla Ted al respecto. Gracias a su influencia, en diciembre del 2018 más de 20 mil estudiantes se manifestaron en 270 ciudades del mundo. Nuestro país no fue la excepción.

No solo son miles los chicos que acompañan la causa en las manifestaciones al Congreso, sino que muchos de ellos se expresan todos los días en las redes. Entre ellos están Connie Isla, Maximo Mazzocco, Dafna Nudelman y Nico Andreoli. Con cada uno de ellos hablamos para esta nota, y aquí los presentamos.

Connie Isla – @coisla

Connie Isla (Thomas Khazki)
Connie Isla (Thomas Khazki)

En nuestro país, es la referente absoluta dentro del mundo redes sociales de la conciencia ambiental y animal. Tiene 25 años y 450 mil seguidores y se define a sí misma como actriz, cantante, activista social ambiental y animal, y vegana. Comenzó su carrera como cantante de chica, actuó en tiras juveniles (participó por ejemplo en Aliados), pero su verdadera profesión surgió de la comunión de un oficio con el otro. El otro es justamente el de una activista.

Quien visite su Instagram va a ver fotos de ella tocando canciones, de ella recomendando productos veganos, de ella con su novio (Nico Lorenzón, modelo y también activista socioambiental -@nlorenzon-), y de ella abrazando animales. Su discurso no se agota en las imágenes: se lava los dientes con pasta hecha por ella misma con aceite de coco ("es el antibacterial natural más poderoso", dice), cepillo de dientes de bambú, shampoo y acondicionador sólidos, usa toallitas íntimas de tela o la copa menstrual, tiene su set de tappers de metal para llevar su vianda, un sorbete también de metal, una colección de bolsas de tela para cuando hace las compras de legumbres o frutas, cubiertos de madera.

Se la pasa leyendo sobre el tema y estudiando la situación del planeta para dar un mensaje sólido. A menudo visita santuarios de animales. Hace poco intervino junto con un grupo y detuvieron un camión de ganado que iba al matadero. Hicieron una suerte de oración y Connie les cantó una plegaria, con la voz mezclada con el llanto. El video recorrió sus redes y las de los demás. El video viajó desde aquella plegaria íntima a cientos de miles de pantallas de celular de chicos que al principio quizás no entendían pero hoy con seguridad pueden explicarlo a adultos que seguramente no entiendan pero, con seguridad y con tiempo, puedan explicarlo.

Aquel día fue su primera vigilia, como le llaman a esa especie de despedida que le dan las vacas que esperan en el matadero. Debajo del video (que al cierre de esta nota tiene más de 282 mil reproducciones), escribió un largo texto: "No necesitás carne, necesitás proteína. No necesitás leche, necesitás calcio. No necesitás peces, necesitás omega. No necesitás la vida de un animal o su esclavitud para tener nutrientes. Todo esto y más puede obtenerse con una dieta basada en plantas. Vegana por los animales, por mi salud, por el medio ambiente y por los derechos humanos".

Cuenta que vive de shows musicales. Si bien el mercado laboral para los influencers es próspero, ella elige otro camino. "De redes sociales vivía más en el pasado, pero al hacerme vegana empecé a rechazar las ofertas porque no estaban alineadas con mis valores", explica.

"Mi papá nunca se cuestionó si todas las crisis iban a ocasionar que de repente no haya más nieve, o si iba a tener para tomar agua potable, o si iba a tener qué comer, o si se iban a extinguir más de un millón de especies. Ni mi papá, ni mi mamá ni mucho menos mis abuelos", dice mientras conversamos en la casa de Palermo chico que comparte con su madre.

"Si no hacemos caso a lo que está pasando y no accionamos ahora, todo eso que es una preocupación, va a pasar a ser real", concluye antes de agarrar su ukelele y cantar Equidad, su último hit dedicado justamente al cuidado del planeta y todas sus especies.

Dafna Nudelman, "la loca del taper" – @lalocadeltaper

Dafna Nudelman
Dafna Nudelman

Un día, Dafna fue a la heladería. Pidió un kilo de helado, eligió los gustos y antes de que el heladero empezara a servir, Dafna le dio un tupper y le pidió que le pusiera el helado ahí. El heladero se sorprendió, pero no tanto: ya la conocía como clienta y ella siempre llegaba con la misma cuchara para que no le dieran una de plástico, pero el tupper fue un paso más allá. Contó la experiencia en su Facebook y entonces surgió la idea de asumir esa identidad: la de "la loca del taper", como se llama en redes.

"Abrí el Instagram de la Loca del Taper en mayo del año 2018, en el día del reciclado. Yo había hecho un par de hilos en Twitter sobre el tema y con lo de la heladería me decidí. Ya en ese entonces estaba dejando Facebook y consumiendo mucho más Instagram, porque me di cuenta de que ahí se estaba transmitiendo contenidos que llegan. Como consumidora empecé a seguir cuentas veganas sin ser vegana, iba absorbiendo información, estando más educada sobre eso", cuenta.

"No soy la primera, no inventé nada. No había tantas personas que hablaran del tema en su momento, hoy creo que hay más de 100. Está buenísimo que se expanda. Esto es tendencia hace un montón de años en otros países más desarrollados. Yo siento que mi misión es mejorar un poco el impacto humano en el planeta y en la sociedad. Como propósito, es algo que intenté de diferentes maneras desde que tengo memoria. Trabajé por la concientización de derechos humanos, fui voluntaria en ONGs por la infancia, y terminé con el reciclado. Es muy de miss universo, pero bueno: quiero mejorar el mundo", explica.

Hoy Dafna tiene 32 años y su cuenta en Instagram suma más de 13 mil seguidores. Su último posteo es una guía sobre cómo hacer compost. En sus stories cuenta que estuvo en una "Ecotertulia". Si tiene que hacer un recorrido por sus causas, dice: "Primero fui la loca del reciclado, la loca de la separación de residuos, la de la bolsa. Después la loca del vasito, de la taza térmica para el café. Eso a los baristas los vuelve locos porque no tienen un medidor lavable pero a mi me liquida que usen un vaso descartable cada vez. Que al menos usen siempre el mismo como medidor, ¿no? Eso vino antes del tupper, que es donde estamos ahora".

Nico Andreoli – @nico.andreolii

Nico Andreoli
Nico Andreoli

"Creo que la risa es algo serio, que hasta eso hay que tomarlo en broma", dice Nicolás Andreoli en uno de sus escritos. Es tal vez el más outsider de esta selección, pero el segundo en cantidad de seguidores: en su cuenta @nico.andreolii suma 213 mil seguidores. Su pequeña bio: "Vegan. Real. Libre". Sus pergaminos: varios libros publicados que auto edita y auto gestiona. Su estilo es difícil de definir. ¿Es poeta? "Soy un ser humano buscando quién es apenas", dice. "Mi misión en esta existencia es descubrirme, y descubriéndome ayudar al otro a descubrirse".

Sus textos apuntan no solo a concientizar sobre el cambio climático sino también sobre la autoestima, el amor propio, la búsqueda de la identidad y también la alimentación. No es casual que se defina como vegano en su descripción de Instagram. "Te dirán que el mundo está hecho, que no hay vueltas, que es derecho, pero todo está torcido", dice en unos de sus videos desde la Patagonia argentina.

Tiene 29 años. Nació y vive en Lanús. Se define, entre otras cosas, como actor y escritor. "Utilizo el arte como medio de vida", dice. "Antes de hacer esto en Instagram usaba mucho Facebook y antes de eso decía cosas en lugares", cuenta. Su estilo es el de los viejos conversadores de tertulia que intenta persuadir con rimas y pensamientos.

Su cuenta de Instagram divide el contenido en tres estilos que se organizan en columnas: en una hay textos más largos -mayormente sobre amor-, en otra columna hay fotos de él o videos en los que recita sus textos, y en otra pequeños mensajes escritos en post its.

"Cuidando al mundo nos cuidamos a nosotros, somos parte de él. Es muy obvio esto pero estamos lastimando a ese mundo. Y también estamos lastimando a nuestro mundo interno, llenándonos de cosas que nos hacen mal. No reciclamos la basura, generamos basura al pedo. Y eso pasa en el mundo exterior y también en el interior", dice.

Vive de sus contenidos en redes y dice que eso supone una responsabilidad: "si vos te vestís del mundo, ¿qué vas a devolverle al mundo?, explica. Según su manera de verlo: escribe poemas para llenar de fantasías la realidad. "No nos animamos al cambio", dice también. Su misión no empieza ni termina en la crisis socioambiental pero tiene íntima relación. Dice no recordar nada de su infancia pero sí cada momento del presente. Guste o no su estilo, sus redes son también una invitación a preguntarse qué estamos haciendo.

Máximo Mazzocco – 29 años – @eco.house

Máximo Mazzocco
Máximo Mazzocco

"Me definiría como un boludo que está intentando hacer las cosas bien, y que se va a equivocar en el camino pero va a levantarse y va a volver a intentar y que quiere sumar granitos para ayudar". El que habla es Máximo Mazzocco. Tiene 29 años y es el fundador de Eco House Asociación Civil: "un club de ayuda socioambiental", dirá, pero también "un club donde todo el que quiera ayudar en algo puede venir a ayudar". La sede principal queda en la calle Arévalo, en Palermo Hollywood, pero tienen 15 departamentos internos, 150 voluntarios fijos y más de 500 eventuales. La sede de Palermo es una vieja casa con un patio grande que junto a sus compañeros de causa convirtieron en centro de operaciones de Eco House. Tiene una compostera, baños alimentados luz proveniente de una panel solar, un sistema de reutilización del agua, y todo tipo de aplicaciones para reducir el uso de recursos.

En las paredes, imágenes de animales, algunos textos, un tubo donde tirar la colilla de los cigarrillos, mensajes de conciencia. En el patio, una bañadera reutilizada hace las veces de bacha. Unos troncos forman sillas alrededor de otro tronco que vendría a ser la mesa.

"Yo como Máximo Mazzocco no tengo redes personales. Nunca pensé tener porque no es algo que me parezca necesario para mi vida. Pero hace un tiempo me di cuenta de que el mundo está ahí: los nativos ambientales y digitales viven ahí, es su ecosistema, todo sucede por ahí. Entonces dije: me tengo que adaptar, como todo, ¿no? Eso es la ecología más que nada, adaptarse. Así que hace muy poquito fundamos el departamentos de comunicación de Ecohouse y por suerte aumentamos los seguidores un montón". Su cuenta entonces es @eco.house y cuenta ya con más de 21 mil seguidores.

En muchos de los posteos está Máximo frente a cámara mostrando distintos recursos ecológicos y concientizando sobre el tema. También comparte información, videos de personas que se unen a la causa, entrevistas y todo tipo de imágenes alineadas.

"Antes ni nos preocupábamos por mostrar lo que hacíamos, pero hace poco aceptamos que teníamos que ser influencers del cambio y pusimos primera. Da muy buenos resultados y estoy impresionado", dice. "En el mundo todos venimos con algo para hacer en la vida. Más que a hacer, a aprender diría. Creo que mi misión es ayudar. Poner mi granito de arena. Después si sumó o no, no lo sé. Yo al menos lo intenté. Que la balanza sea positiva, con eso me alcanza", dice.

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