Marie Kondo y el boom de su método para ordenar
Marie Kondo y el boom de su método para ordenar

Voy a empezar esta nota con una anécdota personal. Cuando mi mejor amigo muera tendré una misión. Se lo prometí hace ya algunos años. En una cena de las tantas que tuvimos -y tenemos-, hablamos de nuestras muertes. Tuvimos un breve duelo anticipado. Pasado el trago de decirnos cuánto nos queríamos y cuánto nos extrañaríamos, cuando la charla rumbeaba hacia lo inexorable –moriremos– pero más urgente –el fin el de aquella noche– una pregunta sacudió el divagar de lugares comunes en los que ya habíamos caído: ¿Qué querés que haga?

Desde esa noche sé que debo ir a su casa y tomar un libro que sólo nosotros dos sabemos cuál es. Entre la tapa y la primera página habrá un papel. Allí anotó las claves de todas sus redes sociales. Mi amigo me ha honrado con tamaña confianza: muerto él, seré la encargada de su última intimidad. Debo cerrar todo.

Marie Kondo también va a morir. Con ella, su orden, su ascetismo y su vida de quirófano blanco. Cuando eso suceda, ¿qué decidirán sus niñas de Espadol? ¿Cuál de ellas se atreverá a tirar una de las dos cosas que Marie guardó? No quisiera estar en esos zapatos.

Margareta Magnusson, una abuela sueca que propone desprenderse de las cosas antes de morir par ano dejar esa tarea a hijos o parientes
Margareta Magnusson, una abuela sueca que propone desprenderse de las cosas antes de morir par ano dejar esa tarea a hijos o parientes

Margareta Magnusson es una sueca jubilada que ya enterró a padres, suegros y marido. De esas experiencias, además del duelo, se llevó una moraleja: no quiere que sus hijos carguen con el trabajo de tener que decidir qué tirar y qué no de todo lo que ella dejará. ¿Con qué criterio uno decide qué era importante para quien murió? ¿Qué cosa debería entregarle a quién?

Magnusson cree que no es justo dejarles a otro su limpieza y escribió un libro que se llama El arte sueco de ordenar antes de morir. A priori, podría imaginarse uno que se trata de una señora entregada a una gimnasia de días entre Parcas en pijama y whisky. Nada de eso: lo que propone Magnusson es repasar la propia historia cuando aún se puede decidir sobre los objetos. Y los secretos.

El arte sueco de ordenar antes de morir
El arte sueco de ordenar antes de morir

Su sistema va desde catalogar las cosas hasta en qué orden hacer orden. Primero el sótano y bauleras, donde acumulamos como si la oscuridad y el olvido pudieran revertir la obsolescencia programada. Jamás empezar por las fotos: "Puede resultar muy divertido y al mismo tiempo un poco triste revisarlas, pero una cosa es segura: si comienzas por ahí no cabe duda de que quedarás atrapado en los recuerdos y quizá no consigas pasar nunca a otra cosa".

En su método, la pícara de Margareta contempla una trampa. En una caja que rotuló "Para tirar" guarda lo que quiere que nadie vea. Confía en la nula curiosidad de sus hijos. Sucede que, luego de que muriera su mamá, descubrió algo en la casa. Detrás de la pila de toallas y sábanas perfectamente planchadas, una funda de almohada estaba doblada y guardaba algo dentro. Eran paquetes de cigarrillos. Nadie sabía que doña Magnusson fumaba y es posible que no quisiera que lo descubrieran aún cuando ya no estaba.

Magnusson cree que no es justo dejarles a otro su limpieza y escribió un libro que se llama El arte sueco de ordenar antes de morir

La mamá de Margareta se sabía enferma: "Cuando comencé a ordenar su casa, encontré notas prendidas a la ropa y a muchas otras cosas: pequeñas instrucciones manuscritas que indicaban lo que debía hacerse con cada objeto. Había algunos paquetes para donar a la beneficencia; algunos libros que devolver a sus propietarios". Y continúa: "Aun cuando estas instrucciones no iban dirigidas expresamente a mí, fueron consoladoras. Era como si mi madre estuviese ahí apoyándome. No me había dejado todo el trabajo. Se lo agradecí mucho".

En el libro –que sólo está disponible en español en la versión electrónica- propone comenzar la limpieza a todo aquel que esté cerca de los 65 años. A los más jóvenes les plantea una charla: los hijos deben preguntarle a los padres mayores qué harán con todas sus cosas cuando ya no tengan ni la fuerza ni el interés para ocuparse.

Opciones sutiles para introducir el tema: "¿Te gusta tener todas estas cosas? O "¿No te sería más fácil el día a día si nos deshacemos de tantas cosas que fuiste acumulando?"

“Limpiar no es una tarea triste. Lo más importante es la satisfacción personal y la oportunidad de encontrar el significado y los recuerdos asociados a cada objeto”, dice Margareta
“Limpiar no es una tarea triste. Lo más importante es la satisfacción personal y la oportunidad de encontrar el significado y los recuerdos asociados a cada objeto”, dice Margareta

Una vez que se ha catalogado la ropa (para usar, para regalar, para remendar), que se ha decidido a quién le encantaría tal mueble, llega el momento más difícil: las fotografías y las cartas. Cuando murió su marido, ella encaró esta tarea sola. "Revisar todas las cosas que documentaban nuestra vida juntos (50 años llenos sobre todo de momentos buenos, alguno que otro malo y 5 hijos) me hizo sentir muy sola. Mi marido y yo deberíamos haber hecho aquel trabajo juntos, a los 65 años, puede que incluso antes, cuando teníamos fuerzas y buena salud". Por eso es que aconseja que cuando alguien se decida a hacer su limpieza, se reúna con la familia y vean fotos juntos.

Limpiar no es una tarea triste. Lo más importante es la satisfacción personal y la oportunidad de encontrar el significado y los recuerdos asociados a cada objeto

Es posible, aunque no lo dice, que Margareta se haya sentido un tanto abrumada. En varias oportunidades a lo largo del año que le llevó su limpieza pensó en sus ancestros. Los vikingos enterraban a sus parientes junto con sus pertenencias, dice, "lo hacían para asegurarse de que los muertos no echasen nada de menos en su nuevo entorno".

Pero no es triste. "Limpiar no es una tarea triste. Lo más importante es la satisfacción personal y la oportunidad de encontrar el significado y los recuerdos asociados a cada objeto".

En la baulera de Margareta, que dice tener entre 80 y 100 años, hay una sola cosa: una bicicleta.

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