Son las 8 de la mañana del viernes y en la terminal de micros "El Talar", en Pacheco, una joven venezolana camina de un lado a otro. Tiene un vestido blanco ceñido, siete meses de embarazo y una sonrisa indisimulable. Está ansiosa Fabiola: cada vez que un micro entra a la plataforma, respira hondo y se seca la transpiración de las manos. Anoche no durmió y su bebé tampoco: "Yo creo que sentía mis nervios, mis ansias. Por fin, después de tanto tiempo, había llegado el día".

Reinaldo y Fabiola ayer, apenas se reencontraron tras una odisea de 50 días (
Reinaldo y Fabiola ayer, apenas se reencontraron tras una odisea de 50 días (

Nadie en esta terminal entiende a quién esperan las dos cámaras de Infobae. "¿Viene un jugador de fútbol?", pregunta alguien. No, no hay famosos: esta es una historia de amor flotando, viva, en medio de un drama humanitario.

Fabiola -24 años, la chica que ahora llora cuando habla de la odisea que tuvo que atravesar su novio- huyó de Venezuela en junio. "Era salir o morir de hambre", contó a Infobae hace pocos días. Su plan era llegar a Argentina y trabajar "de lo que fuera" para ayudar a salir a Reinaldo Perger, su novio. No supo, durante los 10 días que duró el viaje en micro hasta Buenos Aires, que estaba embarazada.

Reinaldo acababa de quedarse sin trabajo cuando se enteró. No fue difícil entender que no iba a poder juntar los 400 dólares que costaba un pasaje en micro para llegar a tiempo al nacimiento de su hijo. En ese contexto tomó la decisión: "Me voy caminando", le dijo a Fabiola.

No tenía noción de lo que estaba por hacer: una odisea de 8.000 kilómetros desde Caracas hasta Buenos Aires con obstáculos que pocos logran superar. La "montaña de la muerte" era uno de ellos.

Fue la primera vez que tocó a su hijo en la panza
Fue la primera vez que tocó a su hijo en la panza

Son las 8.30 y el micro ya debería haber llegado, pero no tiene GPS y nadie en la ventanilla de Flechabus sabe por dónde va. La que habla, durante la espera eterna, es Yrayis, la mamá de Fabiola.

"Fue muy duro no poder ayudarlo a avanzar, sentí mucha impotencia durante estos meses", confiesa ella, que es maestra jardinera pero trabaja en Argentina desde hace un año como empleada de limpieza. El dinero que ella y su marido, ingeniero en sistemas, pudieron mandarle alcanzó sólo para un pasaje desde Caracas hasta la frontera con Colombia.

Reinaldo dejó su casa el 8 de noviembre y estuvo una semana en Cúcuta preparándose para seguir a pie. No tenía margen de error: no llevaba dinero, comida ni teléfono celular. Además, tenía un esguince en un tobillo, pero se cortó el yeso y arrancó.

En esas condiciones atravesó el "Páramo de Berlín", entre Cúcuta y Bucaramanga, un paso obligado conocido por los migrantes como "la montaña de la muerte": 195 kilómetros de ruta, con tramos que llegan a los 4.300 metros sobre el nivel del mar y donde la temperatura se desploma hasta los 15 grados bajo cero. Es una ruta sin banquina y niebla densa: el riesgo no es sólo morir de frío sino atropellado. Entre una y otra causa ya murieron allí al menos 17 venezolanos.

También fue la primera vez que lo besó
También fue la primera vez que lo besó

"Llegó un momento que me daba tembladera en el cuerpo -dirá en un rato Reinaldo a Infobae, en esta misma terminal, desconcertado y emocionado en partes iguales-. Me ponía bolsas de residuos aquí en el pecho para mantener la temperatura. Varias personas se han quedado dormidas en ese páramo y amanecieron muertas. Yo decidí nunca quedarme dormido".

Durante estos 50 días, Fabiola apenas tuvo contacto con él: sólo sabía que seguía vivo cuando él le enviaba un mensaje a través de un teléfono prestado. Reinaldo llegó a Perú y en la costa conoció a tres pescadores que le propusieron embarcarse a cambio de comida y algo de dinero. "Pasamos 13 días sin saber nada de él", recuerda la mamá de Fabiola. "La panza de mi hija crecía, ella lloraba mucho. Yo ya esperaba cualquier noticia". Reinaldo durmió todos esos días en un bote. 

El abrazo que habían esperado. “Para pruebas de amor se creó la distancia”, había escrito ella en Instagram
El abrazo que habían esperado. “Para pruebas de amor se creó la distancia”, había escrito ella en Instagram

Cuando Reinaldo volvió a comunicarse tenía los labios partidos por los cambios de temperatura y los dedos de los pies en carne viva. Le dijo a Fabiola que las cosas "se estaban complicando" y que no sabía si iba a llegar a tiempo al nacimiento de Mathías. Pero Reinaldo siguió a pie, logró entrar a Bolivia y quedó cerca de Jujuy. Ahí, una nueva cadena humana de desconocidos le dio el empujón que le faltaba.

Enterado de la historia, el jefe de los padres de Fabiola se la contó a su mujer. Ella había vivido un tiempo en Salta, y la idea que se les ocurrió fue esperar que Reinaldo llegara a esa ciudad y pedirle a una amiga que tratara de encontrarlo y le sacara un pasaje a Buenos Aires. Quien habla ahora con Infobae, emocionada y desde Salta, es Laura Buscazzo, la amiga en cuestión.

"Pensé que iba llegar para Navidad y con mi marido no dudamos: dijimos 'acá tiene un plato de comida, que la pase con nosotros'". Pero pasó la Navidad y de Reinaldo no hubo noticias. Laura esperó el llamado durante días y el jueves por la mañana, cuando se levantó, tenía dos mensajes. En uno, su amiga le mandaba una nota de Infobae que contaba la odisea de Reinaldo para llegar a tiempo al parto.

Laura, de 46 años, se conmovió: "Yo hice muchos tratamientos de fertilidad y no pude tener hijos, lo único que quería es que ese bebé que estaba por nacer pudiera estar con su familia completa". Laura sabía que Reinaldo, además, había tenido que dejar a otro hijo de 3 años en Venezuela y que su plan era trabajar y mandarle dinero para que pudiera comer.

En el otro mensaje le decían que Reinaldo, a través de un teléfono prestado, había avisado que estaba en la terminal de Salta. Laura miró las fotos y fue a buscarlo a tientas y lo encontró. Lo llevó a su casa, le hizo tostadas con dulce de leche, lo invitó a bañarse, compró pan lactal, fiambre y frutas, le armó una vianda y le sacó un pasaje para el mediodía. Lo pagó ella y se adelantó a otros 27 lectores de Infobae que quisieron hacer lo mismo.

"Lo que más me impactó, y me tuve que aguantar las lágrimas, fue cuando me contó lo de la pesca en Perú. Trabajó 10 días de 6 de la mañana hasta las 2 de la madrugada y le pagaron 50 dólares. ¿Sabés qué hizo con la plata? La mandó a Venezuela para que su mamá le comprara un regalito de Navidad para el hijo de 3 años que tuvo que dejar".

(Fotos Ricardo Levy)
(Fotos Ricardo Levy)

Cerca del mediodía, Laura quiso subirlo a su auto y llevarlo a la terminal de Salta. Pero se encontró con la rueda pinchada. Iba a perder el micro así que le dio plata y lo subió a un taxi. Fueron más de 20 horas de micro hasta esta terminal gris y calurosa. Reinaldo bajó del micro una hora y media más tarde de lo previsto y de casualidad: quiso bajar al baño y por la ventana vio a su novia, con el vestido blanco ceñido y la panza de siete meses.

El resto es esta mañana de emoción. Fue el quien contó, hambriento y más calmado, los detalles de la odisea a Infobae. Fue él quien contó que durante estos 50 días pidió comida en restaurantes, durmió en plazas y en los costados de la calle. Que algunos camioneros lo levantaron, que mientras caminaba algunas personas le tiraron dinero por la ventana, que perdió toda su ropa por bajarse rápido de un camión. Que muchas veces caminó llorando y que, en un momento, pensó que no iba a poder.

—¿Y qué te hizo seguir?— es la pregunta.

— Esa barriguita que está acá—, dice y la acaricia. ¿Sabes? Cuando uno quiere algo no hay nada que lo detenga.