(Fotos: Lihueel Althabe)
(Fotos: Lihueel Althabe)

Estudió Derecho porque su madre le insistía con la importancia de que tuviera una profesión pero no para ejercerla desde el vamos ni para crecer como persona sino por las dudas, es decir, por si el día de mañana su marido, o quien fuera ese marido necesariamente proveedor- según indicaba la radiografía social de entonces- la dejaba o se moría. Lo cierto es que Gabriela Vázquez (Lanús, 1963) estudió, se recibió e ingresó a la Justicia como meritoria en febrero de 1982, cuando aún no existían baños para mujeres en los edificios del Poder Judicial. Hoy, después de varias décadas de transitar los tribunales, sigue su tarea como jueza de la Cámara nacional del Trabajo, Sala I, además de ejercer la docencia como adjunta en la cátedra de Derecho civil de la UBA. Hace muy poco -en noviembre- terminó su labor de cuatro años en el Consejo de la Magistratura, que llegó a presidir en 2015. Tal vez haya sido por aquel consejo materno que Vázquez incorporó temprano los temas de género y la teoría feminista a su carrera.

Convencida de que las mujeres todavía no ocupan el lugar que les corresponde en el mundo del trabajo, Vázquez insiste con la importancia de aplicar la perspectiva de género en los fallos y en la mirada sobre la realidad y redactó un proyecto de reforma del reglamento de los concursos, para facilitar el acceso de las mujeres a los cargos en la Justicia en el Consejo de la Magistratura. El escenario cambió, pero falta mucho. Cuenta que aún recuerda la tarde de 2007 en la que, durante una audiencia en el Senado, un grupo de senadores se rió cuando ante la pregunta de por qué creía que debía ser incorporada entonces a una Sala, ella respondió que porque había dos hombres y era bueno que el tercer miembro de ese tribunal fuera una mujer. También siguen vivas en su memoria las burlas cuando se creó la Oficina de la Mujer en la Corte (2009) y varios colegas bromeaban y preguntaban cuándo iban a poner en marcha cursos de cocina. Fue hace pocos años, pero en estos días, en plena revolución de las mujeres en todos los ámbitos y con flamante Ley Micaela que obliga a todos los poderes del Estado a capacitar a sus integrantes en temas de género, parece que todo aquello hubiera ocurrido varios siglos atrás.

De todo esto, del modo en que el machismo estuvo y aún sigue enquistado en el sistema judicial y de cuánto le cuesta a las mujeres conseguir ingresar a espacios tradicionalmente reservados a los hombres, habló la jueza Vázquez con Infobae.

-¿Cómo era el ambiente judicial en relación con las mujeres cuándo usted comenzó a trabajar?

— Yo ingresé a la Justicia nacional en lo Civil como meritoria en febrero de 1982, es decir hace más de 36 años, casi 37. En ese momento, el sistema patriarcal, con su división sexual del trabajo y con los roles estereotipados de mujeres y varones, estaba muy marcado. Todos estamos atravesados por la cultura: las mujeres sosteníamos el patriarcado y teníamos naturalizada incluso la violencia de género, que se daba por ejemplo en que un juez quería nombrar una secretaria privada y quería que fuera varón. A mí me pasó personalmente eso. Entonces tuve que pedir por favor y sobrecalificarme, es decir, trabajar más horas, estudiar más. Las mujeres siempre tuvimos que compensar con una mayor calificación y una mayor producción. Por supuesto que también he visto y escuché cuando había sorteos de martilleros, que no querían "ni mujeres ni judíos", es decir, había otros grupos desaventajados que eran discriminados.
Esa división sexual del trabajo estaba naturalizada y muy marcada en la Justicia, donde, de hecho, no había baños para mujeres en los edificios del Poder Judicial. No había posibilidad de ascender, para las mujeres separadas o divorciadas, por ejemplo, mucho menos. Había discriminación en general de acuerdo a un patrón patriarcal por el cual las personas -varón y mujer- tenían que estar casadas legalmente. Y por supuesto también se discriminaba a las sexualidades no hegemónicas.

 — ¿Cómo era el modelo de acoso a las mujeres en la Justicia?

— Cuando me refiero a que también estaba naturalizada la violencia de género digo que estaba naturalizado el acoso sexual, por ejemplo. El acoso sexual en el trabajo puede ser "acoso sexual chantaje" o "acoso sexual ambiental". El "acoso sexual chantaje" es aquel en el que, por ejemplo, un superior dice "te nombro si accedés a una cita o a tener relaciones sexuales y si no, no te nombro o no te efectivizo". Y el "acoso sexual ambiental" tiene que ver con los piropos, con el ponerse cerca, o constantemente decirte "que linda que estás" o hablar sobre tu vestido, sobre tu vestimenta en general o hacerte comentarios no deseados en relación con cosas sexuales. Y nos ha sucedido a todas y desde los altos cargos del Poder Judicial y, es muy conocido eso, desde jueces de la Corte hasta jueces de primera instancia, secretarios, etcétera. Una problemática que todavía subsiste pero en menor medida.

-¿Cómo fue que decidió estudiar Derecho?

— Mi mamá me decía que yo tenía que estudiar una carrera universitaria porque total el título lo enrollaba y lo ponía en el cajón de las bombachas: no le tenía que dar de comer, no lo tenía que llevar de vacaciones, y si mi marido se moría o me dejaba, entonces yo tenía cómo sostenerme. Ahí sí, lo sacaba si me sucedía alguna cosa de esas y podía ejercer una profesión. Es decir, yo también fui criada en el sistema patriarcal desde niña. Y eso, en el caso de la educación, desde mi hogar la instrucción fue que yo tenía que estudiar algo por si mi marido dejaba de ser proveedor por cualquiera de esas circunstancias.

Las mujeres somos el 56% de los trabajadores y trabajadoras judiciales. Sin embargo, a medida que se observan los cargos de mayor jerarquía, podés observar que hay menos mujeres que varones

-¿Y cuál es ahora la situación de la mujer en el Poder judicial?

— Uno podría decir que hay más mujeres juezas ahora, pero si te fijás en el mapa de género que tiene la Oficina de la Mujer y que tiene colgado en la página del total del sistema de Justicia, incluidos magistrados, magistradas, personal administrativo, de maestranza, las mujeres somos el 56% de los trabajadores y trabajadoras judiciales. El 56 %, es decir, somos más mujeres que varones en el Poder Judicial nacional y provincial. Sin embargo, a medida que se observan los cargos de mayor jerarquía, podés observar que hay menos mujeres que varones. En la Corte hay una sola mujer y si tenés en cuenta la Procuración General de la Nación, la Defensoría General de la Nación y la Corte hay un 28% nada más, porque está Elena Highton y Estela Maris Martínez, en la Procuración hay un varón y en la Corte de cinco jueces hay cuatro varones. Y eso también se observa en las Cámaras Federales del país. Si bien hay un 44% de magistradas, hay una segregación ocupacional vertical, hay un techo de cristal para las mujeres para acceder a los cargos de mayor jerarquía. En la base hay más mujeres que varones. Y en la Justicia también el patriarcado hoy está instalado en el tema de los cuidados, el cuidado de niños, niñas, personas que necesitan cuidados como las personas con discapacidad, los adultos mayores, todas esas actividades en la familia todavía no están democratizadas y están fundamentalmente a cargo de las mujeres que utilizamos más horas de nuestro día para el cuidado de las personas de nuestras familias. Y eso es uno de los motivos por los cuales se nos dificulta el acceso a los cargos superiores porque especialmente en la edad reproductiva las mujeres tenemos menos tiempo para hacer posgrados, doctorados, ir a la facultad, escribir artículos, y esos son puntos que se te asignan para ser magistrado en los concursos. Eso fue lo que motivó que yo presentara un proyecto de modificación del reglamento de concursos para que pudiesen acceder más mujeres a la judicatura y que hoy está en tratamiento en el Consejo de la Magistratura.

Carmen Argibay fue una persona muy importante para que la perspectiva de género fuese incorporada al Poder Judicial

-¿Cuándo comenzó el cambio en la mentalidad de la Justicia en relación a este tema?

-Lo que yo veo como un hito fundamental para la incorporación de la perspectiva de género en el Poder Judicial fue la creación en el año 2009 de la Oficina de la Mujer. Que fue un proyecto impulsado desde la Corte como una política pública de la mano de Carmen Argibay, que fue una persona muy importante para que la perspectiva de género fuese incorporada al Poder Judicial.  Pero el sistema patriarcal que está hoy vivito y coleando en el tema de los cuidados familiares también se proyecta en la estructura funcional del Poder Judicial, porque hay fueros que son como territorios "rosa", como feminizados, que tienen que ver con los cuidados. Por ejemplo, tenés muchas juezas de Familia, también hay bastantes juezas laborales, porque tienen que ver con el cuidado, el fuero del trabajo, el fuero protectorio. Sin embargo, hay menos mujeres en aquellos lugares donde hay más poder, porque el patriarcado tiene en su ideario una Justicia penal masculina. Por ejemplo, en la Cámara Federal Penal no hay ninguna mujer. En la Cámara Nacional de Casación Penal, de diez jueces había una sola mujer, Garrigós de Rébori, María Laura, que se jubiló y ahora no hay ninguna mujer. Hay una que está subrogando, fue por sorteo. Por la Justicia federal pasan los temas más álgidos desde el punto de vista de lo que pueden significar los temas más sensibles en el plano penal. La Cámara Federal de Salta tiene, de seis jueces, una sola mujer. La Cámara Federal de Bahía Blanca, de cinco hay una sola mujer. Hay Cámaras Federales que no tienen mujeres, la Cámara Federal de Mar del Plata no tiene ninguna mujer. La Cámara Federal de San Martín no tiene ninguna mujer de seis cargos. La Cámara Federal de General Roca no tiene mujeres. En Mendoza, de seis hay una sola mujer. Y de hecho, los juzgados federales penales, en los doce juzgados de CABA hay una sola mujer hoy que es Servini de Cubría. Ahora han pedido creo que el acuerdo de otra mujer. Pero vos fijate cómo esos sectores son territorios masculinos a los que a las mujeres nos cuesta muchísimo acceder.
En la Cámara Electoral por ejemplo no hay mujeres, nunca. En la Cámara en lo Contencioso Administrativo, de quince hay solo tres mujeres. La Cámara Civil y Comercial Federal, de nueve son dos mujeres. Y en la Cámara Penal Económica, de seis hay una mujer. Y juzgados federales penales de todo el país hay muy pocas mujeres. En la Justicia no solamente hay un problema de techo de cristal para acceder a las altas magistraturas sino que, además, hay una segregación ocupacional horizontal en determinados territorios como es el terreno de lo federal penal, donde están los temas más sensibles, más álgidos para el poder político.

Las mujeres somos formadas en determinados estereotipos, con determinadas cualidades que son la de ser cuidadoras, y luego en el mercado laboral esos cuidados están infravalorados salarialmente

-Usted trabaja en el fuero laboral. ¿Cómo ve lo que está ocurriendo con las mujeres en el mundo del trabajo, en general?

-En definitiva el sistema patriarcal todavía está presente en el tema de los cuidados y eso es lo que general la segregación de la mujer en el mundo del trabajo, el acceso a determinados trabajos, por eso los fallos que están saliendo, como el fallo Freddo, que condenó a la heladería a contratar mujeres hasta el 50%; el fallo "Cisneros", de las colectiveras de Salta, que obligó a las empresas de transporte de pasajeros a contratar mujeres. Y lo mismo el caso "Borda", de la Cámara Nacional del Trabajo, que ordenó a determinadas empresas de transporte de colectivos a contratar un 30% de mujeres. Eso te habla de los territorios masculinos y también se proyecta en el Poder Judicial, en determinados fueros. Y también tenés territorios de mujeres como el trabajo doméstico, donde casi el 99% son mujeres. El área de la salud, las enfermeras, que generalmente son mujeres, la docencia, la mayor parte son mujeres. Y fijate que todos esos trabajos tienen que ver con los cuidados y tienen menos remuneración, porque está infravalorado el cuidado. Es decir, las mujeres somos formadas en determinados estereotipos, con determinadas cualidades que son la de ser cuidadoras, y luego en el mercado laboral esos cuidados están infravalorados salarialmente. Esos territorios también se ven en el Poder Judicial: a las mujeres se nos dificulta acceder a las altas magistraturas, el mayor número de magistradas está en las bases, en los cargos de menor jerarquía, en primera instancia, menos en Cámara y en las Cortes menos.

Algo que es importante es que en los concursos en esos fueros que son como territorios de varones, hay menos mujeres que se presentan. Hay como una autolimitación de las mujeres. Y en eso también hay que ayudar con la reforma del reglamento de concursos para alentar a las mujeres a presentarse.

-¿En qué consiste su proyecto de reforma del reglamento de concursos para mayor acceso de mujeres a los cargos de juezas?

— Lo presenté cuando fui consejera de la Magistratura, porque hay barreras ocultas. Es decir, el reglamento de concursos para acceder a la judicatura aparentemente es neutral al género pero en los hechos no lo es. Porque si el mundo que tiene un 50% de mujeres y un 50% de varones, la Justicia tiene que estar integrada en paridad por mujeres y por varones. Entonces estoy convencida de la necesidad de tomar medidas de discriminación positiva para, promover el ingreso de mujeres a las ternas. Y eso tiene legitimación constitucional porque la Convención para la Eliminación de Todas las Forma de Discriminación Contra la Mujer, que se llama CEDAW, que tiene rango constitucional, es uno de los tratados de derechos humanos que están dentro de la Constitución y que menciona la necesidad de establecer para evitar la discriminación de las mujeres medidas de discriminaciones positivas a favor de este grupo desaventajado hasta que la discriminación cese. En ese proyecto básicamente lo que planteaba era que hubiese una incorporación adecuada, con adecuada representación de las mujeres en la conformación de las ternas. También la modificación de los jurados, previendo una integración equilibrada entre los géneros. La inclusión de la variable del cuidado en la asignación de puntajes, es decir que a las mujeres que lo soliciten se les asignen puntos por cuidados. Y esto no es un invento mío sino que lo extraje de un reglamento de acceso al funcionariado en España, en la Justicia. Después, la inclusión de las cuestiones de género como uno de los puntos a evaluar en las personas que se postulan para la magistratura.

-¿Y qué pasó con ese proyecto?

— No logré que el Consejo de la Magistratura en su anterior composición tratase mi proyecto a lo largo de todo el año 2018. Entonces hice un proyecto alternativo donde bajaba las aspiraciones, pero tampoco logré los consensos. No te olvides de que el Consejo estaba integrado, está integrado por trece miembros, en su momento éramos solamente dos mujeres, la representante por los abogados y abogadas y de los tres jueces yo solamente era mujer en esa integración. (Luego de la entrevista, el Consejo de la Magistratura -en donde ahora hay 4 mujeres legisladoras- comenzó a tratar el proyecto).

-Acaba de aprobarse la llamada Ley Micaela, por la cual a partir de ahora  todos los miembros de los poderes del Estado deberán capacitarse en género y en el tema de la violencia contra las mujeres. ¿Cómo ve esto? 

—Va a ser fundamental, es una gran conquista transversal de las legisladoras mujeres. Esta clase de capacitación arrancó, como te decía, en el 2009 en algunos fueros pero no en todos y ahora a va a ser obligatorio, por lo que va a generar una sociedad y un Estado en condiciones de atender el tema. En la Justicia Nacional del Trabajo desde el 2011 tuve a mi cargo los talleres de incorporación de la perspectiva de género para todo el personal. Es un fuero muy grande porque hay ochenta juzgados, diez salas de tres miembros cada una, y en ese momento eran como 1.700 empleados, ahora deben ser más. Los talleres los tuvimos que hacer obligatorios y les dimos puntos para el ingreso y el ascenso dentro de la Cámara del Trabajo y del fuero del trabajo. No han tenido en otros fueros la misma actitud y te confieso que eso ha repercutido muy positivamente en las sentencias. Y aunque en ese momento todo esto era materia de chiste para muchos -nos preguntaban cuándo íbamos a hacer los cursos de cocina en la Oficina de la mujer, por ejemplo- hoy se nota cómo todos están más familiarizados con los instrumentos de derechos humanos de las mujeres, tanto la CEDAW como la Convención Interamericana de Belém do Pará, los fallos, las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la ley 26.485 para prevenir la violencia contra las mujeres y se ve un impacto muy positivo en el trabajo jurisdiccional.
También desde la Cámara Nacional del Trabajo creamos una oficina para prevenir la violencia en el trabajo que ahora cambió el nombre, se llama Comisión para la resolución de controversias, y la finalidad justamente es que las trabajadoras y los trabajadores tengan un canal que respete la privacidad y respete la identidad de la persona para que puedan canalizarse las problemáticas de violencia laboral que incluye también las cuestiones de violencia de género para que la Cámara intervenga de una manera inicial antes de que el conflicto se convierta en una bola de nieve imparable. Y eso está dando resultados hacia adentro del fuero.

-¿En qué cambia que alguien que imparte justicia lo haga bajo la perspectiva de género?

-Cuando eso ocurra, se van a evitar fallos como por ejemplo el de Mar del Plata de Lucía Pérez porque, más allá del acierto o error de la sentencia, he leído el expediente y observo frases que tienen que ver con la investigación de la conducta de la mujer como esa que dice "no era Lucía una mujer fácilmente accesible a acceder sexualmente sin su consentimiento": eso demuestra la ausencia absoluta de perspectiva de género en quien está juzgando, porque eso es absolutamente impertinente. Y si esos jueces hubiesen estado formados en perspectiva de género jamás se les habría ocurrido algo así.

-Hablamos de cuánto se avanzó, pero falta mucho todavía.

— Por supuesto. Aún veo mucho patriarcado en la Comisión para la reforma del Código Penal. Uno de los temas más importantes de la agenda de género es el tema de la despenalización y legalización de la interrupción voluntaria del embarazo y pienso que no hay una verdadera representatividad ni de las mujeres ni de los sectores más comprometidos con las cuestiones de género en esa comisión. Lo mismo pasa con una Comisión que se armó de reforma del Código Civil, a tres años de su puesta en funcionamiento, donde no hay mujeres, hay una sola que es la secretaria de la Comisión. Entonces pienso que el patriarcado sigue fuerte.
Y también sigue en la Universidad, por eso armamos la red de profesoras de Derecho de la Universidad de Buenos Aires donde planteamos distintas acciones como oponernos a que haya en los paneles o en las exposiciones solamente varones, o mujeres solo como coordinadoras. Y lanzamos el proyecto No sin Ellas, en el que nos acompañaron muchos varones.

Carmen Argibay fue una pionera de la pespectiva de género en la Justicia
Carmen Argibay fue una pionera de la pespectiva de género en la Justicia

-¿Y qué les responde a los que cuestionan a la Justicia por considerar que está integrada por jueces que fallan en función de sus simpatías políticas?

-Me parece importante que los jueces y las juezas en nuestra tarea tengamos conciencia de las políticas públicas de Estado que ha asumido la Corte Suprema de Justicia tanto en materia de derechos humanos (civiles, políticos, económicos, sociales y culturales), como de género. Y me parece fundamental tener presente lo que la Corte Suprema acaba de señalar en el precedente Blanco sobre los jubilados y jubiladas en el considerado 26: "Cabe destacar que es, precisamente, en tiempos de crisis económica cuando la actualidad de los derechos sociales cobra su máximo significado".

-¿Se considera feminista?

-Sí.

-¿Qué significa ser feminista para una jueza?

-Creo que el feminismo es un acto de militancia que tenemos que llevar las mujeres y también los varones que han entendido y han comprendido lo que es la perspectiva de género y la injusticia, la desigualdad que provoca y la violencia que provoca respecto de las mujeres. Lo tenemos que llevar en todos los ámbitos en que desenvolvemos nuestras actividades profesionales. Como presidenta del Consejo de la Magistratura en 2015 yo también sentí en pequeñas dosis esos menosprecios por el hecho de ser mujer. Es como que las mujeres que ingresamos a territorios que son masculinos somos agredidas, aun inconscientemente, por los varones que sienten que estamos invadiendo territorios que no nos pertenecen. Y de pronto piensan que tenemos que tener actitudes o cualidades en las que no hemos sido desarrolladas o formadas. Por eso me molesta cuando le dicen "yegua" a Cristina Fernández, o "Heidi" a María Eugenia Vidal, ¿entendés? Es decir, desde los distintos lugares de pensamiento, creo que cuando hay mujeres que ingresan a territorios "de varones", reciben agresiones que los varones no recibirían.

 

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