En uno de los momentos más conmovedores del encuentro, Thelma Fardin se abrazó a Griselda Siciliani (Julieta Ferrario)
En uno de los momentos más conmovedores del encuentro, Thelma Fardin se abrazó a Griselda Siciliani (Julieta Ferrario)

Son días en que todo tiembla. Días en que el feminismo lo sacude todo. No es fácil. Deconstruirse en el sistema patriarcal es mover placas tectónicas tatuadas en nuestro ADN. Porque digámoslo bien clarito, es un sistema. El alardeado maniqueísmo hombres versus mujeres es otra falacia del propio patriarcado para debilitarnos, no dejarnos pensar y crecer juntes.

Hoy las actrices nos juntamos por un caso puntual, que nos conmueve, nos interpela hasta la médula; pero las mujeres y diversidades todas venimos pensando hace rato como cambiar este mundo que nos subestima, nos desprecia, nos viola y nos mata. Es la acción colectiva la que construye un movimiento, es un proceso. No vamos a lograr nada explicando con buena conciencia burguesa en casa lo que está bien o mal. No es así y estamos convencidas. Nacemos y nos desarrollamos en una sociedad que nos hace culpables del deseo que suscitamos y responsables del acoso que sufrimos.

A pesar de la gravedad se habla si pintamos paredes, mentimos, somos exageradas o poco femeninas. Debemos desarmar cada sostén de estas ideas, como estirar una tela y ver su entramado, como ampliar una foto hasta ver que aporta cada pixel. No hay otro modo. Esto es urgente. Por eso nuestra acción de hoy y todas las que vendrán.

Estamos en medio de una revolución, y ningún cambio en la historia fue consensuado y pacífico. ¿Por qué nos piden eso? ¿Por qué a nosotras? Porque tienen miedo. Miedo a reconocer actos cotidianos machistas, a no saber como acercarse a una mujer ahora, a equivocarse, a ser señalados. Miedo. Y frente a eso les decimos: ¡Bienvenidos a la vulnerabilidad! Nosotras sí sabemos de miedo, de paranoia, de inseguridad. Cada día vivimos atentas y con cuidados a todo eso.

El apoyo colectivo, las denuncias públicas, el escrache social están supliendo un lugar que ni el Estado ni la Justicia ocupan. Es amparo y advertencia para todas las mujeres y diversidades sexuales que somos el blanco, es un grito a la reflexión y el cambio. Quienes acosan, abusan o matan no son monstruos, dementes. Son nacidos, criados y estimulados en esta sociedad. En la base de cada femicidio, violación o abuso hay una pormenorizada construcción, infinitos actos naturalizados cotidianos que lo habilitaron y construyeron. Nos educan en el miedo y no en el placer.

La Justicia demostró en nuestro país ser patriarcal y machista. La ley logra que la víctima se muera de miedo y el abusador accione libremente. Sin embargo, todo esto, tan claro y duro parece no interpelar a muches. Es más importante siempre que un hombre no caiga en la injusticia, que no quede sin trabajo, que no se arruine su familia. Es más injusto, más doloroso. Eso también se llama patriarcado.

Y nosotras aquí estamos, a plena conciencia que las cosas no van a cambiar solas, están demasiado enquistadas. Por eso hacemos lo que hacemos, hacemos fuerza juntas, toda la fuerza que tenemos y la que no, porque no se va a caer solo, lo vamos a tirar.