Por Dolores Fonzi, Muriel Santa Ana y Griselda Siciliani

Las cosas son como son, pero podrían ser de otra manera. En la construcción de esa otra manera, nuestra voz como actrices se rebeló poderosa. Porque nos unimos y porque hay voces que pueden llegar a millones de personas es que las vamos a usar.

Desde que nos manifestamos a favor del aborto legal recibimos muchas críticas y nuestro trabajo profesional podría verse en riesgo. Pero sabemos que la amplitud de nuestra voz porta una responsabilidad. Podemos hacernos cargo o no. Nosotras elegimos, al igual que en nuestro trabajo, asumir a fondo la responsabilidad, no solo disfrutar de los beneficios.

Somos y habitamos el privilegio de vivir de nuestra profesión. Entonces ante el dolor de los demás usamos nuestra libertad de expresión, nuestra voz, que hoy es escuchada por mucha gente en tiempo real y sin mediaciones, producto de la era digital en la que vivimos, para terminar con el silencio.

Nuestro trabajo como figuras públicas se construye en soledad pero el trabajo de una actriz requiere de escuchar al otro, esperar el tiempo justo y hablar. El silencio en el que las mujeres vivíamos el trabajo, las relaciones sexuales, la interrupción de un embarazo, los deseos y necesidades ya no existe. Estamos viviendo en la era en la que la voz y el trabajo de las mujeres toma la escena y toma el lugar que históricamente le fue negado.

Al inicio de este año inolvidable, la lucha por la legalización del aborto fue el primer paso que dimos juntas y que nos unió para siempre. Terminando el año volvemos a poner el cuerpo, sin metáfora alguna, para romper pactos de silencio y de violencia.

Esto recién empieza.