Una postal de marzo de 1968. La foto la sacó la madre de Roberto Rodríguez, el cuarto de los parados desde la izquierda, quien junto a Luis Araki, el tercero de los sentados desde la derecha, están organizando el encuentro
Una postal de marzo de 1968. La foto la sacó la madre de Roberto Rodríguez, el cuarto de los parados desde la izquierda, quien junto a Luis Araki, el tercero de los sentados desde la derecha, están organizando el encuentro

El 18 de noviembre en la pizzería Las Cuartetas se formará una mesa para quince o veinte personas. Será, sin reserva previa, un domingo al mediodía. Los comensales tendrán, en su mayoría, 71 años. Es probable que haya quienes atraviesen los últimos días de sus 70 años. Pero habrán nacido todos en 1947 en el territorio argentino. Es una condición que los distingue. Se encontrarán lejos del lugar que los convocó en 1968. La reunión tendrá un único propósito: celebrar, conmemorar y recordar los meses en que compartieron el Servicio Militar Obligatorio.

Son colimbas clase '47. Se conocieron hace cincuenta años en la Escuela Naval Militar de Río Santiago, La Plata. Convivieron durante casi dos años. Fueron cerca de 190 conscriptos los que recalaban allí, entre las dos clases de reclusos: los nuevos y los que ya tenían un año de experiencia. Estaban distribuidos en distintos lugares: algunos fueron asignados a la lavandería, otros al astillero, al pañol de cadetes, al pañol de oficiales, a la secretaría.

En esa época regía el Estatuto Militar Orgánico instituido en 1901 bajo la Ley 4.301 dictada por el ministro de guerra Pablo Riccheri durante el segundo mandato del presidente Julio Argentino Roca. El Servicio Militar Obligatorio establecía la conscripción y el adiestramiento de todos los argentinos de veinte años por un plazo de 18 a 24 meses. Hasta que en 1994 Omar Carrasco fue asesinado por otros dos soldados instigados por un subteniente y con la complicidad de un sargento. El hecho adquirió estado público y adoptó el calibre de Caso Carrasco. El crimen decretó el fin de la obligatoriedad: las crecientes denuncias por maltrato y torturas en guarniciones debilitaron la figura legal del servicio. El 31 de agosto de 1994, el presidente Carlos Menem derogó en cadena nacional la ley del Servicio Militar Obligatorio y el año siguiente se modificó el criterio a servicio voluntario.

Una imagen de junio de 1968. Los conscriptos juran a la bandera en la localidad de Berisso
Una imagen de junio de 1968. Los conscriptos juran a la bandera en la localidad de Berisso

"La idea fue de Araki. Un día me llamó y me preguntó: 'Che, ¿por qué no hacemos un encuentro por los cincuenta años?'. 'Bueno, dale', le dije. Vamos a ver si podemos contactar al resto para llegar a juntar al menos a quince de los muchachos, bueno muchachos no, ya estamos todos grandes". Roberto Rodríguez le dice Araki a Luis Araki, el ideólogo del encuentro. Hace cinco décadas habían sido compañeros de colimba, la definición coloquial de conscripto resultado del acrónimo de tres actividades cotidianas: "correr, limpiar, barrer".

De los reclutas clase '47 que sirvieron en la Escuela Naval Militar, Roberto y Luis pudieron encontrar a ocho. La búsqueda consistió en reanudar viejos contactos, recurrir a documentación de departamentos oficiales e invocar la efectividad de antiguos recursos: guías telefónicas y anuncios en los diarios.

Hay quienes ya confirmaron su presencia: provienen del partido de San Martín, de Vedia, en la provincia de Buenos Aires, y de Corrientes. Están en proceso de averiguación el paradero de ex compañeros oriundos de Lincoln, Pergamino, Entre Ríos. Subsiste, en la exploración, el temor de estar buscando colimbas que ya no están.

Roberto Rodríguez, en primer plano. En esa época tenía 21 años. Hoy cincuenta años después quiere reencontrarse con sus ex compañeros de colimba
Roberto Rodríguez, en primer plano. En esa época tenía 21 años. Hoy cincuenta años después quiere reencontrarse con sus ex compañeros de colimba

Luis tiene celular pero no tiene whatsapp porque dice que así está bien. Tampoco tiene retratos de su estadía en Río Santiago porque su familia era tan pobre que no tenía máquina para sacar fotos.

"Sería lindo reunirnos con el grupo que hicimos el servicio militar en el '68. Me puse en contacto con Roberto y con él estamos tratando de encontrar al resto", describió. Lo que sí conserva son las imágenes del recuerdo y la satisfacción de haber sido feliz: "Fue una experiencia linda. Trabajé con el capellán de la escuela: hacíamos la huerta y cosas de jardinería que yo ya sabía. Compartía las guardias, los almuerzos y las cenas con personas de las que me hice amigo. Me quedó un recuerdo lindo: es algo que hacés con gente de distintos lugares, clases sociales y niveles de educación".

La primera vez que Luis vio a Roberto en realidad no lo vio. Lo que observaba era un centenar de jóvenes de su edad. Fue un martes 13 de febrero de 1968 en la Escuela de Mecánica de la Armada: "Ese día incorporaron a un montón de muchachos. Nos dividieron: hasta el 940 (número del sorteo de acuerdo a los tres últimos números de la libreta de enrolamiento) iban para un lado, del 940 para arriba fuimos designados para la Marina. Yo estaba en la parte del servicio general: mantenimiento, guardias, limpieza".

El anuncio en el diario Clarín con los teléfonos de los organizadores del encuentro. Por ahora son diez los ex reclutas que asistirán: esperan hallar al menos a otros cinco
El anuncio en el diario Clarín con los teléfonos de los organizadores del encuentro. Por ahora son diez los ex reclutas que asistirán: esperan hallar al menos a otros cinco

Roberto recupera la excursión de ese primer viaje con destino incierto. "De la Escuela de Mecánica de la Armada nos llevaron a Constitución, nos metieron arriba de un tren y nos dejaron en Río Santiago, cuatro estaciones después de La Plata, donde terminaban las vías. Nos subieron a un ferri a las diez de la noche. Llegamos a la Escuela Naval Militar y a los dos días tuve que pedir permiso para saber si podía hablar por teléfono para avisarles a mis padres dónde estaba".

La instrucción en la base naval duró un mes. Tres horas por días iban al polígono, practicaban tiro, corrían y saltaban. Después se dedicaban a mantener la base, cocinar y hacer guardias. Finalizada la formación, designaron sus puestos. A Roberto le tocó ser asistente del director de la Escuela Naval Militar.

"Los habían asignado a todos y yo quedé último. Éramos como 140. Avisé que me habían dejado solo, sin puesto. Me hicieron dos o tres preguntas, me dijeron que el asistente del director se iba a ir de baja y me pusieron ahí. No hacía guardias, comía en el pañol de los capitanes, tenía ciertos privilegios. A veces les llevaba buena comida a los muchachos. Fueron buenos tiempos", reflexionó Roberto, quien sí tiene fotos de aquellos años. Se las sacó su madre un día que fue a visitarlos. Piensa hacer copias en buena definición para repartir el 18 de noviembre en Las Cuartetas, cuando los colimbas clase '47 armen una mesa para quince o veinte personas.

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