"La ocasión hace al ladrón". El dicho popular pone en duda la absoluta honorabilidad de las personas. Indica que no podemos saber si alguien es realmente honesto hasta que no tenga la oportunidad de demostrarlo en una situación lo suficientemente tentadora ¿David Santiago Cueva habrá recordado esa alocución cuando fue detenido y acusado de hurto simple? ¿Rememorará el momento que lo llevó a sacar de los estantes los primeros perfumes, cremas corporales, y medicamentos, como por ejemplo para tratar la infertilidad masculina, y esconderlos en su mochila negra, cuando las empleadas de la farmacia no lo veían?

Es muy probable que el Oficial Subayudante destinado al Comando de Patrulla Quílmes Oeste no lo razone de esta manera, pero para los detectives de la Auditoría General de Asuntos Internos (AGAI), que depende del ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, este policía, con seis años de antigüedad en la fuerza, cayó porque se creía impune.
Lo mismo pueden haber supuesto los 11.520 efectivos apartados de la Policía Bonaerense desde el 10 de diciembre de 2015, al 30 de septiembre de 2018. En ese período se abrieron 27.103 sumarios. También se suspendieron a 2.073 uniformados y fueron detenidos 745.

Solo por presunto enriquecimiento ilícito se iniciaron 891 investigaciones que sumado a sus entornos, implica que más de 2.500 personas están bajo la lupa de la AGAI.

De hecho, de esos sumarios internos, ya 136 tomaron estado judicial. La mayoría de los policías revestían alto rango, y están imputados por haberse enriquecido de manera ilegal gracias a la función que desempeñaban, a alguno de ellos también se los acusó del delito de lavado de dinero.
De los 11.520 efectivos que fueron separados de sus funciones de manera preventiva, hasta ahora 1.500 ya fueron "expulsados" de la mayor fuerza de seguridad del país y que está compuesta por unos 90.000 efectivos.

Es decir que casi el 15% de los integrantes de la Policía bonaerense habrían estado vinculados a algún tipo de delito, aunque si se toma la enorme cantidad de sumarios internos abiertos, esta cifra podría trepar al 30% de la plantilla policial. "Aquél policía que manche el uniforme, se va. No nos van a meter miedo diciendo de que si se van, pueden delinquir", había expresado Cristian Ritondo, ministro de Seguridad de la Provincia, cuando Infobae lo consultó sobre el tema y evitó hablar de "purga".

Robo hormiga.
Con 30 años y soltero, el oficial Cueva, como él mismo había solicitado, redondeaba su salario realizando servicio de policía adicional en la farmacia "Punto Farma" que está ubicada en la calle Rivadavia esquina Alvear, en la misma localidad de Quilmes.

Para el policía, el destino era un golazo, quedaba a pocas cuadras de la comisaría, y cerca de su domicilio, en la calle Lavalle al 4.600 en Ezpeleta.
Ese fue el lugar allanado por los oficiales de Asuntos Internos, bajo la atenta mirada de la fiscal Ximena Santoro.

Los uniformados no hicieron mucha fuerza para vencer la resistencia de la puerta con llave. Fue casi al mismo tiempo que al oficial Cueva le ponían las esposas delante de sus compañeros en la Comisaría 1ª de Quílmes. La extrema confianza que se tenía Cueva para el hurto diario, y el negociado que había comenzado a florecer lo terminó vendiendo.

Fue el mismo personal de "Punto Farma" quien terminó sospechando del vigilante después de realizar una investigación interna y llegar a la conclusión que en el lugar no había empleados infieles.

Cuando tuvieron la certeza que el policía era el ladrón, hicieron la denuncia que termino en Asuntos Internos y en la IFIJ número 7 de Quílmes, a cargo de la fiscal Sotelo.

Los hombres del Auditor General Guillermo Berra no podían creer lo que veían. El botín por el cual habían apresado a Cueva no eran bolsos con dólares o pesos, ni drogas –como ocurrió en otros casos- sino cientos de productos de belleza que a través del robo hormiga que realizaba diariamente el policía que debía custodiar la farmacia.

La lista de lo secuestrado ocupan tres fojas del expediente judicial y es imposible de reproducir en su totalidad. Pero bien valen algunos ejemplos:
-11 jabones tocador marca Protex.
-6 cremas corporales marca St. Ives.
-22 desodorantes marca Axe.
-1 tensiómetro de muñeca marca San Up.
-8 protectores solares marca Vichi.
-3 cajas de Tafirol.
-96 comprimidos Milanta.
-240 sobres de Uvasal.
-1 perfume marca Nina Ricci.
-1 perfume Beso.
-12 cajas de preservativos

Y la lista continúa hasta superar a los más de mil artículos sumando esmaltes de uñas, toallitas humectante, pasta dental, agujas, y hasta medicamentos que se deberían vender solo bajo receta médica.
Al parecer, y siempre según las primeras tareas de inteligencia que realizaron tanto la fiscal del caso como el auditor general Berra, el policía –que ya fue excarcelado- le vendía los productos que robaba a comercios de la zona que los vendía de manera clandestina y a un valor inferior.

Sin embargo, en Asuntos Internos no creen que el "robo hormiga" de Cueva responda solo "a un caso de coyuntura en el cual un policía corrupto vio la ocasión de robar los productos de la farmacia para después venderlos por fuera del circuito legal. Creemos, y así lo estamos investigando, que podría responder a una organización mayor, que podría hurtar por encargo, por ejemplo, determinados tipo de fármacos que solo se podrían vender con receta", le explicó Berra a Infobae.