Pese a que el proyecto de ley fue rechazado, muchos manifestantes mantuvieron los pañuelos verdes en alto (Nicolas Stulberg)
Pese a que el proyecto de ley fue rechazado, muchos manifestantes mantuvieron los pañuelos verdes en alto (Nicolas Stulberg)

Ni la lluvia, ni el frío, ni el viaje de lejos, ni el hambre, ni el celeste, ni la Iglesia, ni las corridas de la Policía ni, mucho menos, el voto negativo del Senado para legalizar la interrupción voluntaria del embarazo. Nada, ni siquiera la noticia que no querían escuchar, calmará la militancia -es decir, la voluntad- de las cientos de miles o quizá el millón de personas que, envueltas en los pañuelos verdes, aguantaron casi 18 horas en los alrededores del Congreso.

"Los pañuelos verdes no se guardan, carajo", era la consigna que se repetía de boca en boca, ya en la madrugada del jueves sobre el asfalto mojado de Callao, Rivadavia y las calles al norte de la cúpula, bajo la cual 38 senadores habían bloqueado el aborto legal minutos antes.

Hasta último momento, muchas chicas y muchos chicos confiaban en que la tendencia se diera vuelta para festejar lo que desde hace tanto esperaban. "¡Que sala la ley! ¡Que salga la ley!", gritó la multitud con los pañuelos verde en alto frente al Congreso. No ocurrió, pero a pesar de la tristeza y la impotencia, de llantos y abrazos, todas y todos coincidieron en que la pelea continúa.

Lágrimas frente al “no” del Senado (Nicolás Stulberg)
Lágrimas frente al “no” del Senado (Nicolás Stulberg)

"Vamos a seguir luchando. Esto recién empieza y que seamos tantos hasta el final, con este clima, nos motiva. Hay mucha conciencia", comentó Julieta Díaz, de 19 años, refugiada de la lluvia bajo el techo de un garage en la calle Bartolomé Mitre. Su amiga Nahir Darvas (26), agregó: "Los senadores y senadoras no escucharon al pueblo y tomaron partido desde su opinión personal, con pocos fundamentos. Si ellos no pueden comprender que se trata de los derechos de las mujeres, esperaremos a los nuevos senadores".

Acurrucadas contra el vidrio de un local comercial cerrado, tres amigas que llegaron a la tarde desde La Plata se refugiaban del frío y la lluvia con unas mantas. "Nos vinimos preparadas, con vianda y abrigo", dijo una de ellas. "Nos quedamos porque también se trata de demostrar que tenemos aguante, y que esto sigue. No vamos a guardar los pañuelos", comentó Florencia Segura, 25 años, estudiante.

Evelyn y María Emilia llegaron por la mañana desde la ciudad cordobesa de Río Cuarto. Escucharon el resultado de la votación bajo el famoso molino de la confitería, incrédulas hasta que vía Twitter comprobaron lo que estaba pasando a 100 metros de allí, en el recinto. "Este momento de mierda también va a pasar. No se puede ignorar lo que generó el feminismo, el impacto tan masivo en tan poco tiempo y las vertientes que abrió. Hay una unificación", consideró Evelyn Redel, de 24 años.

Pese al “no”, muchos manifestantes mantuvieron los pañuelos verdes en alto (Nicolas Stulberg)
Pese al “no”, muchos manifestantes mantuvieron los pañuelos verdes en alto (Nicolas Stulberg)

"No vinimos a pasar el rato y a mojarnos. Vinimos a aguantar", agregó su amiga María Emilia, ya de camino al micro que las llevará de vuelta a Río Cuarto.

La mayoría de la masa verde abandonó la calle apenas enterada de la derrota en el recinto. "Vámonos ahora que está tranquilo", le dijo Paulina a sus amigas, que insultaban al aire a los senadores y senadoras que votaron contra la legalización.

Más allá del final con incidentes, en el que unos muy pocos hombres visiblemente pasados de copas lanzaron botellas y piedras hacia los policías que aguardaban detrás de las vallas; y más allá de la respuesta de la Policía Federal, que incluyó gases lacrimógenos sobre los agresores pero también sobre la gente que se iba pacíficamente, y el ya clásico enjambre de motorizados en busca de personas para detener, la desconcentración del "lado verde" arrastró decepción y esperanzas en partes iguales.

El sector que marchó por el aborto legal, seguro y gratuito se mantuvo firme hasta el momento de la votación (Nicolás Stulberg)
El sector que marchó por el aborto legal, seguro y gratuito se mantuvo firme hasta el momento de la votación (Nicolás Stulberg)

Algunas chicas salían llorando y otras cantando. María Eugencia Cilley, de 28, tapada con una frazada roja, estaba enojada con los 38 representantes que votaron en contra "No entienden lo que se lucha, ni a la mujer. No asumieron la responsabilidad del lugar que ocupan. Más allá de estar a favor o en contra se vio mucha irresponsabilidad. Lo de la senadora que no leyó fue el colmo",comentó con bronca (se refería a Cristina López Valverde, PJ de San Juan), antes de cambiar el gesto y decir con una sonrisa: "Igual los pañuelos no los guardamos ni en pedo, que lo sepan".

De fondo, la multitud se iba cantando un clásico de las manifestaciones populares post dictadura: "Como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar".