Dos hombres y una mujer impidieron que sigan pintando de verde un mural religioso
Dos hombres y una mujer impidieron que sigan pintando de verde un mural religioso

Ocurrió cerca de las 21:30 de este miércoles, cuando los miles de antiabortistas que se movilizaron a la Plaza del Congreso cerraron el acto con cantitos, fuegos artificiales y pañuelos celestes combinados con globos rosados. En la desconcentración, tres manifestantes provida impidieron que un grupo de jóvenes continuara pintando un mural que homenajeaba a María Antonia de San José.

"No tienen respeto por nada ni nadie", gritó la mujer, mientras hacía flamear una pequeña bandera argentina. "A la Iglesia no le tenemos ningún tipo de respeto, conocemos su postura y no la compartimos para nada", le contestó una joven, quien quiso dialogar con la mujer, aunque la concentración de otos manifestantes lo impidieron.

"Soy un ciudadano común, que vine a apoyar una postura y me encuentro con que un grupo de personas está pintando una pared, de verde, entonces decidimos apoyarnos contra la pared y pararlos", explicó a Infobae. El hombre, quien tampoco quiso dar su nombre, aseguró que "solo con la presencia de un policía que garantice que no van a seguir vandalizando la pared nos vamos a ir".

Las tres personas permanecieron durante 30 minutos y luego se retiraron
Las tres personas permanecieron durante 30 minutos y luego se retiraron

Con el correr de los minutos, la discusión subió de tono, aunque no se escucharon insultos y sí debatieron sobre la legalización o no del aborto. "Si son violadas, pueden darlos en adopción. Hay muchas organizaciones que reciben a víctimas de violación, no hace falta abortar", manifestó la mujer.

Su mirada sobre la despenalización del aborto generó que muchas mujeres le respondieran, aunque con el correr de los minutos el grupo se dispersó y las tres personas se retiraron.

El mural que defendieron corresponde al recuerdo de la beata María Antonia de Paz y Figueroa (1730-1799), más conocida como Mama Antula, nacida en Santiago del Estero. Durante veinte años María Antonia estuvo al servicio de los padres jesuitas, asistiéndolos especialmente en las tareas auxiliares de los ejercicios espirituales.

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