El cocinero y periodista gastronómico Pablo Barrio tenía 5 años cuando el 2 de abril de 1982 estalló la guerra. De fondo en la casa familiar de la ciudad bonaerense de San Cayetano, la radio narraba una versión de la historia que 36 años después él iba a desandar desde el lugar menos pensado: la cocina.

Más de 4 años tardó en que del otro lado del teléfono alguien le dijera que "sí". "Decía que era 'periodista gastronómico' e inmediatamente que pronunciaba la palabra 'periodista' se cerraban todas las puertas", le contó Pablo a Infobae, a días de haberse convertido en el primer cocinero del mundo en filmar en las Islas Malvinas.

El sancayetanense de nacimiento y marplatense por adopción, desde 2006 hace Guía Gastronómica TV, un ciclo que nació en la ciudad balnearia y que a fuerza de tiempo y cocina se ganó a lo largo de estos 12 años al aire un lugar en la programación de muchas otras ciudades del país.

Después de más de cuatro años de insistir y de las recurrentes excusas que llegaban desde el archipiélago, fue un detalle inesperado el que hace sólo un mes lo empujó a un último intento: "Una mañana mi portero, que es ex combatiente y que yo no sabía que miraba mi programa, me dice 'vos tendrías que ir a cocinar a las islas' y para mí eso fue una señal".

Pablo contactó entonces a personas que dos años atrás él sabía habían viajado a las islas y les contó de su intención de "descubrir la cultura gastronómica de Malvinas". "Les dije que yo no iba por una cuestión política, les pregunté cómo tenía que hacer para llegar y me dieron el contacto de unos guías argentinos que se comprometieron a ayudarme", cuenta, todavía con el entusiasmo colándose en la voz, sobre ese momento en el que el sueño empezó a volverse real, que por primera vez desde las islas alguien le dijo que era posible.

"A lo largo de todos los años que lo había intentado me fui asesorando y a medida de que iba pasando el tiempo me daba cuenta de que ningún programa en el mundo había cocinado en las islas y me propuse eso, ser los primeros en hacerlo, que fuera un argentino el que lo hiciera, que sea un homenaje para todos los combatientes y para todo el pueblo argentino", comparte, sobre un sentimiento que siente va más allá de la cocina, del programa, de su carrera e inclusive de él mismo.

Pero como suele pasar con las buenas historias, las cosas nunca empiezan de acuerdo a lo planeado. Cuando le tocaba salir, el 14 de abril pasado, en el aeropuerto de Río Gallegos, desde donde parte el único vuelo que una vez por semana va a las islas, un paro aeroportuario retenía a todas las aeronaves.

El contratiempo, que duró dos días, terminaría siendo sin embargo  lo que lo haría encontrarse con dos protagonistas inesperados que también habían quedado demorados en Río Gallegos y que cambiarían por completo el viaje de Pablo: Fabián Vásquez y Ricardo Zarza, dos ex combatientes que lo terminarían acompañando en sus días en la isla y oficiarían sin proponérselo de sus guías a través de la historia.

"Cuando llega el momento de tomar nuestro avión nos habíamos hecho tan compinches que nunca nos separamos. Fabián y Ricardo nos dejaron recorrer esos lugares junto a ellos, un privilegio, un placer y un honor, poder hacerlo al lado dos ex combatientes que después de 36 años, pisaban por primera vez las islas después de la guerra", deja saber Pablo.

Fabián Vásquez y Ricardo Zarza, los dos ex combatientes que acompañaron a Pablo
Fabián Vásquez y Ricardo Zarza, los dos ex combatientes que acompañaron a Pablo

"Nos contaban qué era cada cosa, experiencias, las historias de sus compañeros, gente que perdió la vida. Lo más fuerte que nos pasó fue que uno de esos ex combatientes encontró su trinchera, el lugar en el que había estado y empezó a escavar en la tierra, había cables que eran los que él usaba para comunicarse con Puerto Argentino", repasa y se le corta el aire reconstruyendo la escena en la que ese soldado se reencontraba con su pasado 36 años después. "Pudimos ir a Darwin, pudimos ir a visitar a los soldados que cuidan la isla", sumó y en su boca la frase sonó a deber cumplido.

Pablo, que sin ser marplatense fue nombrado embajador gastronómico de la ciudad de Mar del Plata vivió la experiencia alojarse en casa de una mujer británica, de cocinar en la Bahía de Stanley, de entrevistar a cocineros ingleses, filipinos, chilenos, que lo sorprendieron con sus platos de autor. Con ellos logró entablar una relación que si bien se dispone compleja e intrincada desde la geografía, la cocina que no sabe de mapas, hizo posible.

Pablo en el cementerio de Darwin
Pablo en el cementerio de Darwin

Cuando terminaron de grabar el último programa hubo una imagen, cuenta Pablo, que le quedó grabada. "Tres aviones Mirage pasaron volando por arriba de nuestras cabezas", dijo y sumó un detalle del día que visitó el cementerio de Darwin, en el que vio a soldados ingleses "haciendo prácticas,  había gente en las trincheras, tiraban a dos personas vestidas de negro". "Eran ensayos, pero fue extraño", admite. La guerra estaba ahí.

"Para nosotros son nuestras y para ellos son de ellos, es una bipolaridad de sentirme en mi tierra y al mismo tiempo en una tierra lejana", analiza el cocinero, productor y periodista gastronómico de 41 años, antes de agregar: "Sabíamos que estábamos en un lugar al que no habíamos ido confrontar, sino a cumplir nuestro sueño, a ser el primer programa de cocina del mundo en estar en las Islas Malvinmas".

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